Julia Navarro, escritora
«Nos aterra discrepar en la dictadura de la corrección política»«Envejecer te hace más libre, pero es una putada», afirma la autora de 'Una familia moderna', décima novela de la narradora y periodista «sobre los claroscuros del ser humano»
Regala esta noticia Añádenos en Google La escritora Julia Navarro. (Juan Manuel Fernández)Madrid
14/09/2026 a las 17:17h.'Una familia moderna' (Plaza & Janés) es la décima novela de Julia Navarro (Madrid, 1953). La gran dama del 'best seller' hispano cambia de geografía ... y coordenadas —«no de registro», advierte— para retratar a una familia con todas sus contradicciones. «Escribo de los claroscuros del ser humano», dice la narradora y periodista, que se siente «más libre» con setenta años sabiendo que «envejecer es una putada».
—No. Nunca he hecho sagas históricas. Todas mis novelas transcurren en el siglo XX o XXI. Indago siempre en los claroscuros de la condición humana; aquí abordo problemas actuales de forma más directa. Contar la historia es cosa de historiadores.
—¿Qué familia retrata?
—Una con todas las contradicciones de hoy. La sociedad cambia de forma vertiginosa, se dinamitan las certezas y cuesta encajar los cambios.
—¿Cómo cuáles?
—Se ha instaurado la dictadura de lo políticamente correcto. Si no militas en ella, llegará la peor de las censuras: la cancelación. Cada vez más gente teme decir lo que piensa. Hay un retroceso de las libertades en una sociedad en apariencia más libre. Nos aterra discrepar.
—¿Qué hace Julia Navarro para huir de lo políticamente correcto?
—Escribir este libro.
—Tiene la misma edad que su abuela protagonista. ¿Qué tal envejece?
—Con resignación. Que nadie me busque en Martha, mi protagonista: se equivocará, no estoy ahí. Envejecer es una putada, estás más cerca del final. ¿Por qué he de morir?, se pregunta el ser humano desde el principio de los tiempos.
—¿Tiene algo bueno la vejez?
—Ahora me siento mucho más libre para opinar y decir lo que pienso. No me juego nada. Para lo que me queda en el convento, no me voy a callar.
—¿Ha pensado en su epitafio?
—No. Ni quiero. No dejaré ninguno.
«Con la IA estamos creando un monstruo. No podemos dejar que los gigantes digitales, que se están forrando, decidan el futuro de la humanidad»
—Hay en la novela tres mujeres: madre, hija y nieta. ¿Qué les une además de la sangre?
—Valoran su propia libertad. Las tres han decidido qué hacer con sus vidas, de forma distinta, porque pertenecen a generaciones diferentes. El problema es que no hacen el más mínimo esfuerzo por escucharse ni entenderse.
—¿Es uno de los males de nuestro tiempo?
—Sí. Vamos tan deprisa que no escuchamos. La sociedad de las verdades absolutas se ha vuelto muy intolerante. Escuchar al otro no significa estar de acuerdo con él, si no no colgarle el sambenito de fascista por no pensar igual. Eso es un atentado contra la libertad de expresión. Una fábrica de fascistas. Si la gente se siente expulsada, se organizará con otros que también se quedan fuera.
Portada del libro. (Plaza& Janés)—¿De ahí la creciente ola ultraderechista?
—¿Por generación espontánea? ¿Todo el mundo se ha vuelto de extrema derecha de un día para otro? Hay que pensar qué no hemos hecho bien, o no hemos sabido explicar, para que haya quien se sienta empujado a los márgenes de la sociedad.
—Europa, años treinta. Un espejo aterrador. ¿No aprendemos del pasado?
—Somos el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Lo más preocupante es que no nos paremos a reflexionar y se acuse al otro de fascista, sin hacer esa reflexión. ¿Han enloquecido de repente los millones de personas que en Europa militaban en la socialdemocracia, en el liberalismo o la democracia cristiana, todas opciones políticas, democráticas? ¿Solo quedamos una minoría guay del Paraguay? Algo no se ha hecho bien.
—Los jóvenes, ¿están hoy más desnortados que nunca?
—Bastante. Pero tienen derecho a organizar su presente como les dé la gana y a poner las bases de su futuro. Preguntémonos qué hemos hecho mal para que se bandeen buscando su rumbo entre la extrema derecha y la inteligencia artificial.
—El informe PISA es demoledor.
—Es una vergüenza para España. Los estudiantes sin comprensión lectora no tendrán capacidad crítica. Los planes educativos del PSOE y del PP han sido desastrosos; suspendo a todos los políticos. Han ido quitando contenidos para que las criaturas no sufran, no hagan deberes y se apoyen en las nuevas tecnologías.
—¿Puede la inteligencia artificial acabar con la humanidad en una década, como dicen sus creadores?
—Estamos creando un monstruo. Yo estoy en tiempo de descuento. Pero los gobiernos y la sociedad deben controlar la IA; no se puede dejar que los gigantes digitales, que se están forrando, decidan el futuro de la humanidad. Si no hacemos algo, somos rematadamente imbéciles. La IA no escribirá 'El Quijote' ni Ana Karenina, de momento, pero se nutrirá de ambos para hacer otras cosas. La cuestión es cómo se maneja y controla esa realidad.
—La inmigración es otro tema de la novela. ¿Hay soluciones para una crisis global?
—La historia de la humanidad es la de las migraciones. Cuando un hábitat es insoportable y sin oportunidades, se busca otro. No se trata de alzar fronteras ni poner muros, sino de hacer políticas de ayuda al desarrollo, que no consisten en dar dinero a gobernantes corruptos, sino en cooperar para que la gente pueda formarse, desarrollarse, vivir. El inmigrante es un arma política y la Unión Europea lo está haciendo mal.
Julia Navarro. (Juan Manuel Fernández)—¿Es posible que padres e hijos sean amigos?
—No. Los padres son padres y los amigos, amigos. Eso no significa que no haya diálogo con los hijos, con puntos de encuentro y discrepancias. La cuestión es cómo gestionarlas.
—¿La familia tiene futuro?
—Sí. Es la base de la sociedad. Habrá todo tipo de familias, se organizarán de distintas maneras, pero seguirá siendo el núcleo del andar de la humanidad.
—Vivimos malos tiempos para el periodismo, con agresiones a informadoras, listas negras, precariedad, crisis de medios...
—Lo que más me escandaliza es esa terrible lista de periodistas del Ministerio del Interior. No sé cómo no han dimitido todos; es una lista típica de regímenes totalitarios y un atentado contra la libertad de expresión. La podría haber hecho Khruschev, Pinochet o Fidel Castro. Es otra vergüenza que Pedro Sánchez se lo haya quitado de encima como si no tuviera importancia. Atenta contra la libertad de expresión y las libertades individuales.
—¿Está preparada para el fracaso?
—Sí. Nunca he vivido lo que me ha ocurrido —tantos millones de lectores— como un éxito. Cada vez que saco un nuevo libro, me la juego, como si fuera el primero. Estoy preparada para que me digan «este no me gusta». Me cabrearé, me dolerá, claro, pero es parte de la vida. Nadie está siempre en el diez.
—¿Le ha gustado la traslación audiovisual de sus libros?
—Solo se ha hecho con 'Dime quién soy', y fue difícil. Llegué a decir que no quería que se llevara a la pantalla. No escribo pensando en ella, y si me preguntan si quiero hacerlo, la respuesta es no.
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