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¿Nos están "friendo" a impuestos?

¿Nos están "friendo" a impuestos?
Artículo Completo 2,914 palabras
Opinión CON MANO IZQUIERDA ¿Nos están "friendo" a impuestos? Publicada 22 febrero 2026 12:45h Actualizada 22 febrero 2026 13:01h

En un estudio reciente del CIS (julio 2025) sobre opinión pública y política fiscal, el 78,9% de los ciudadanos cree que los impuestos no se pagan con justicia, es decir, que no pagan más los que más tienen.

Además, el 90,1% cree que hay “mucho o bastante” fraude fiscal en España, un 62% piensa que las administraciones les dan “menos de lo que paga en impuestos y cotizaciones”, el mayor porcentaje en cinco años, y un 48,4% indica que paga muchos impuestos frente a un 43% que dice que paga regular y solo un 7% afirma que paga poco.

Comparándonos con Europa, el 39,5% dice que se pagan más impuestos en España que fuera y sólo un 28,6% piensa que se pagan menos (el resto cree que igual). Con este sentimiento de la opinión pública, es lógico que los impuestos se hayan convertido en uno de los campos de batalla de la confrontación política, dado que la buena marcha de la economía deja poco margen de maniobra para moverse en otras esferas más “clásicas” (paro, inflación, destrucción de empleo, cierre de empresas…).

El mensaje está calando, sobre todo entre los jóvenes, que defienden la idea de que “nos están ‘friendo’ a impuestos”. Y si lo hace entre los jóvenes es, probablemente, porque desconocen que se trata de un mensaje recurrente, que se ha repetido otras muchas veces en la historia reciente de nuestra democracia, bajo gobiernos de todo signo.

En este artículo trataré de responder a la doble pregunta de si pagamos ahora más impuestos que en el pasado y de si pagamos más que en otros países europeos y por qué.

La presión fiscal

La medida más utilizada para contabilizar los impuestos que se pagan en cada país es la “presión fiscal”, que se define como la recaudación de impuestos dividida por el PIB nominal.

Esta medida ha sido criticada porque en su evolución incide un conjunto de variables que no tienen por qué guardar relación con el esfuerzo fiscal que sufre cada contribuyente. Entre otras, se pueden distinguir tres:

  1. 1.- El “ciclo económico” o, si se prefiere, la marcha de la economía. En las etapas expansivas se recauda más porque hay más empleo y/o la gente gana más renta (IRPF), las empresas tienen más beneficios (Impuesto sobre Sociedades) y aumenta el consumo (IVA e impuestos especiales).
    Aunque hay otros ingresos tributarios “procíclicos”, estos son los más relevantes. Es cierto que la marcha de la economía afecta al numerador y al denominador de la presión fiscal, pero el impacto sobre el numerador es mucho mayor (técnicamente, la elasticidad-renta de la recaudación es muy superior a la unidad). Es decir, que sube la recaudación de impuestos de forma “automática”, no porque el gobierno suba los impuestos y eso explica que suba la “presión fiscal”.
  2. 2.- La inflación. Todas las magnitudes nominales crecen, aunque las reales no cambien. Al aplicarse los tipos impositivos sobre rentas o sobre el valor de bienes y servicios (por ejemplo, el IVA), la recaudación aumenta, aunque los ciudadanos consuman los mismos bienes o aunque el poder adquisitivo de su renta no haya aumentado.
    Si, además, como es el caso del IRPF, los tramos que definen la tarifa dependen progresivamente de la renta nominal, no la real, un ciudadano puede subir de escalón en el tipo impositivo porque haya ganado más euros, pero no porque tenga más poder adquisitivo. Este es también el caso de los mínimos personales (o mínimos “exentos”), el nivel de renta por debajo del cual no se paga IRPF. Al no actualizarse con la inflación, ese mínimo exento en términos reales es cada vez menor. De esta forma, con la inflación también sube de forma “automática” la recaudación, aunque el gobierno no toque los impuestos.
  3. 3.- Cambios en los tipos impositivos, o en las deducciones, o en los mínimos personales o exentos. Esto sí que se relaciona directamente con la acción del gobierno, y debería ser a lo que se refieren los ciudadanos cuando hablan de que las administraciones “les fríen a impuestos”. Es decir, solamente se refiere a una parte de la subida de la presión fiscal, porque el resto se explica por factores “automáticos” que no son consecuencia de subidas de impuestos.

Es verdad que alguien puede argumentar que no tomar medidas fiscales para compensar esos factores automáticos es responsabilidad del gobierno. Es decir, que el gobierno debería bajar los impuestos para compensar esa recaudación extraordinaria.

Esa forma de pensar, que de entrada puede resultar razonable e intuitiva es, de hecho, una barbaridad económica en lo que se refiere a la evolución cíclica.

Los impuestos no se deben bajar en las fases alcistas del ciclo, pues ello recalentaría aún más la economía y se exacerbaría la fluctuación económica, en vez de estabilizarla. Los impuestos hay que bajarlos en las crisis, en las fases bajistas del ciclo, para ayudar a la economía a recuperarse.

Los impuestos no se deben bajar en las fases alcistas del ciclo, pues ello recalentaría aún más la economía y se exacerbaría la fluctuación económica, en vez de estabilizarla

Además de por este motivo de “estabilización del ciclo”, la política fiscal debe perseguir reducir el déficit o incluso tener superávit en los años de bonanza, para dotarse de un colchón a utilizar en los años de recesión, evitando, así, endeudamientos crecientes.

En lo que se refiere a la inflación, ese es otro tema. Yo siempre he defendido que el IRPF debe tener en cuenta el impacto de la inflación. Así, en el programa económico para las elecciones de 2004, que tuve el honor de coordinar, manifestábamos que: "Los contribuyentes no están protegidos contra la inflación, que afecta especialmente a las rentas medias y bajas. En este sentido, se estima que, para las rentas medias, todo el efecto de la supuesta rebaja fiscal del IRPF de 1999 se evaporó en 2002 por el efecto acumulado de la inflación, y que las rentas más bajas incluso pagan más en términos reales.

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Por eso propusimos: “Actualización del mínimo exento con la inflación, a fin de proteger a las rentas medias y bajas garantizando que la progresividad no se deteriore con la inflación, tal y como ocurre en la actualidad”. Claro que, en esos tiempos, era el PP de Aznar el que se negaba a actualizar la tarifa del IRPF con la inflación, aunque nadie acusó ese gobierno de “freírnos a impuestos”. Si acaso, nos vendieron muy hábilmente el mensaje contrario.

Pese a todas estas dificultades y críticas, la presión fiscal sigue siendo la herramienta más sencilla para medir cuántos impuestos se pagan en agregado en una economía. En el Gráfico 1 presento la presión fiscal en España desde 1995 a 2024, último año disponible. Es decir, se abarcan los años de gobierno de Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez.

Gráfico 1. Presión fiscal en España 1995-2024 (% PIB)

Presión fiscal en España

En el Gráfico 1 se recoge de forma clara el impacto del ciclo y de la inflación sobre la presión fiscal. Así, en los años de Aznar hubo un aumento de la presión fiscal de casi 3 puntos del PIB, pero casi todo fue achacable al crecimiento económico y a la inflación, asociados a la burbuja inmobiliaria y de crédito.

En los primeros años de gobierno de Zapatero continuó esta tendencia hasta llegar al 36,4% del PIB en 2007. Pero, a partir de 2008, con la Gran Recesión, se produce un desplome de la presión fiscal, no tanto porque Zapatero bajara impuestos (que los bajó), sino por la profunda crisis económica, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la deflación. Rajoy “heredó” una presión fiscal del 31,1% y la subió en más de 3 puntos, hasta el 34,5% en 2018.

Tampoco recuerdo a nadie afirmar que Rajoy nos “friera a impuestos”, aunque en este caso habría estado más justificado, porque de la mano de Montoro, su ministro de Hacienda, subió más de 50 impuestos. Con la llegada de Pedro Sánchez, la presión fiscal ha subido en otros 2 puntos, hasta el 36,7%, aunque tuvo un pico en 2021, mas bien explicado por el mal comportamiento del denominador (el PIB nominal) en los años de la Covid19.

En los años de Aznar hubo un aumento de la presión fiscal de casi 3 puntos del PIB, pero casi todo fue achacable al crecimiento económico y a la inflación, asociados a la burbuja inmobiliaria y de crédito

Desde esa fecha, la presión fiscal se ha reducido en casi un punto, pese a que no se ha deflactado la tarifa del IRPF y a la buena marcha de la economía: en los últimos 3 años el PIB real ha crecido más que en los 15 años anteriores (un 9% acumulado).

Como resumen, en promedio la presión fiscal de los últimos 30 años en España se ha situado en un 33,7%, con una desviación típica de +/-2%, en función del ciclo económico, de la inflación y de la política fiscal propia de cada gobierno.

En la actualidad, con un 36,7%, aunque es cierto que la presión fiscal está en máximos de las últimas décadas, nos situamos todavía dentro de ese rango histórico “normal”, definido por dos desviaciones típicas. ¿Cómo compara esta presión fiscal española con la de otros países europeos?

Tabla 1

En la Tabla 1 presento la comparación de las presiones fiscales de un conjunto de países europeos de la OCDE en 2018 y 2024, para recoger el inicio del mandato de Pedro Sánchez y la situación actual. De los 25 países considerados, todos europeos y pertenecientes a la OCDE, en 2018 sólo 6 países tenían una presión fiscal más baja que España, que ese año se situaba en 34,4%.

El resto, los 18 países señalados en rojo en la Tabla 1, tenían una presión fiscal más alta que la española. Seis años más tarde, en 2024, son diez los países con una presión fiscal más baja. Nos han adelantado la República Checa, Hungría, Polonia y Portugal, que en 2018 tenían una presión fiscal superior a la nuestra y ahora la tienen inferior.

En la última columna de la Tabla 1 presento el cambio en la presión fiscal desde 2018 a 2024. España es el cuarto país de los 25 considerados en el que ha aumentado más la presión fiscal: +2,3 puntos del PIB. Ocho de ellos la han reducido, y sólo la han aumentado más que España los países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, posiblemente por su mayor inflación.

Pese a esta subida de la presión fiscal que, como se ha comentado antes, en parte se debe a cuestiones cíclicas o a la inflación, no debemos olvidar que, de los 25 países europeos considerados, 14 siguen teniendo una presión fiscal más alta que España, entre ellos los grandes países de la UE: Alemania, Francia e Italia.

La cuña fiscal.

Para salvar la crítica mencionada a la presión fiscal, una medida alternativa para medir el esfuerzo fiscal de las personas es la llamada “cuña fiscal”, que se define como la cantidad de impuestos pagados por un ciudadano de renta media (soltero y sin hijos) en relación a su coste laboral total pagado por su empresa.

Esta medida tiene la ventaja que no ve tan afectada por el componente cíclico ni la inflación, pero sí se ve muy influida por las cotizaciones a la Seguridad Social, que técnicamente no son un impuesto porque tienen como contrapartida prestaciones futuras (pensiones). Los datos, para esos 25 países europeos, se presentan en la Tabla 2.

Cuñas fiscales

El resultado de la comparación de cuñas fiscales no es tan negativo para España como el de las presiones fiscales. De los 25 países considerados 15 tenían una cuña fiscal más alta que España y en 2024 continúan 13 de ellos con un esfuerzo fiscal más alto que el nuestro.

Tan sólo nos “adelantan” (con una cuña fiscal menor), Grecia, Portugal y Lituania, mientras que nosotros adelantamos a Estonia. Por tanto, no hay un cambio relativo significativo en estos 6 años, pese a que nuestra cuña fiscal ha subido significativamente, en 1,21% del coste laboral, probablemente por el aumento de las cotizaciones sociales a cargo del empleador.

Tipos impositivos sobre el trabajo, el consumo y el capital.

Quizás la comparación más pura sobre la acción de los gobiernos en materia fiscal se refiere a los cambios de los tipos impositivos sobre el trabajo, el consumo y el capital de los distintos países, algo que lleva a cabo Eurostat y que recojo en la Tabla 3.

Tipos impositivos.

En España, según Eurostat los tipos implícitos sobre el consumo (IVA, especiales) no sólo son los más bajos de la UE (ocupamos el puesto 25 en el ranking de 27), sino que han bajado desde 2018 a 2023. Difícil calificar eso de “infierno fiscal”.

En la imposición sobre el trabajo estamos algo por encima de la media europea (puesto 11 en el ranking de 27), con un tipo implícito del 18,9%, que ha subido dos puntos en los últimos años, seguramente por la no deflactación del IRPF.

En lo que se refiere a las cotizaciones sociales, estamos muy por encima de la media europea en las que están a cargo de los empresarios (puesto 6 en el ranking de 27) pero muy por debajo en las que recaen sobre los trabajadores (puesto 19 en el ranking).

Finalmente, en la imposición sobre el capital es donde estamos más altos (puesto 8 en el ranking), con un tipo implícito del 8,6%, pero que apenas ha subido desde 2018.

En lo que se refiere a las cotizaciones sociales, estamos muy por encima de la media europea en las que están a cargo de los empresarios

Descomponiendo por perceptores de esas rentas (intereses, dividendos, sociedades, etc.), la tributación de las rentas de las empresas es relativamente baja, con un tipo implícito del 2,9% y ocupando el puesto 19 en el ranking europeo.

Este tipo apenas se ha movido en los últimos años. En cambio, la tributación de las rentas del capital percibidas por los hogares y autónomos es de las más altas de la UE, pero tampoco se ha movido en los últimos 6 años.

Finalmente, en los impuestos sobre el stock de capital es donde nos situamos casi a la cabeza del ranking europeo (puesto 5 de 27), por la existencia del Impuesto sobre el Patrimonio en nuestro país, además del IBI y otros. Pero su tipo implícito tampoco ha subido en los últimos años. De hecho, se ha reducido.

La tributación de las rentas del capital percibidas por los hogares y autónomos es de las más altas de la UE

Para concluir, es cierto que la presión fiscal ha subido en los últimos años en España, pero en buena parte de debe a factores cíclicos y al aumento de la inflación. Y en cualquier caso, seguimos muy debajo de la media europea.

En lo que se refiere a la cuña fiscal y los tipos impositivos implícitos, el mayor esfuerzo fiscal se debe a la no deflactación de la tarifa del IRPF, es especial, la no actualización de los mínimos personales, que siguen congelados pese a la inflación registrada en los últimos años.

El otro factor explicativo es, sin duda, la subida de las cotizaciones sociales a cargo de los empresarios, como consecuencia de la reforma del sistema de pensiones. En la imposición sobre el consumo seguimos muy bajos y apenas ha subido en los últimos años, mientras que la imposición sobre el capital sigue siendo muy alta, pero tampoco ha subido con el gobierno de Sánchez.

Por todo ello, resulta difícil calificar la situación actual de estar “fritos por los impuestos”, aunque la percepción social sea la contraria.

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