Sábado, 22 de agosto de 2026 Sáb 22/08/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

«Nuestros padres no querían que trabajáramos en la noche, pero era imposible escapar»

«Nuestros padres no querían que trabajáramos en la noche, pero era imposible escapar»
Artículo Completo 2,330 palabras
Repasan la herencia de Florida 135, la vida crecida entre bambalinas de la electrónica y la clave para adaptar el negocio a los nuevos públicos

Juan y Cruz Arnau, creadores de 'elrow'

«Nuestros padres no querían que trabajáramos en la noche, pero era imposible escapar»

Repasan la herencia de Florida 135, la vida crecida entre bambalinas de la electrónica y la clave para adaptar el negocio a los nuevos públicos

Regala esta noticia Añádenos en Google Los hermanos Juan y Cruz Arnau, una vida entera ligada a la música electrónica. (SUR)

Matías Stuber

22/08/2026 a las 00:12h.

Crecieron entre altavoces, cintas de casete, vinilos y platos de DJ. Los viajes familiares en verano no eran eran al pueblo. En la familia Arnau ... se iba a Ibiza, Mykonos o Berlín para descubrir las últimas tendencias. Para los hermanos Juan Cruz Arnau (42 y 44 años), la música electrónica nunca fue una afición de fin de semana, era la rutina del día a día: son los herederos directos de la saga que convirtió a Florida 135 en el templo del techno en España y que levantó desde la nada el icónico Monegros Desert Festival.

–Estamos a finales de agosto. Atrás quedan dos meses con una infinidad de eventos de música electrónica en toda la provincia. Muchos han peregrinado a Monegros, el Dreambeach fue hace nada. Además, coincide que es el último fin de semana de la Feria. ¿Tanto confían en la marca elrow para colocar el desembarco en Málaga en esta fecha?

–Juan Arnau: Confiamos en 'elrow', pero nunca damos por hecho que la gente vaya a venir simplemente porque pongamos nuestro nombre en un cartel. Al contrario. Málaga tiene una oferta enorme, es el último día de la Feria y sabemos perfectamente que llegamos después de un verano cargadísimo de eventos. Eso te obliga a dar más. Si creyéramos que estamos haciendo simplemente otro festival de electrónica, probablemente no elegiríamos una fecha así. Pero 'elrow' juega otra partida: hay música, por supuesto, pero también tres escenarios, tres universos distintos y toda una producción y un espectáculo alrededor. Y Málaga ya conoce nuestra manera de hacer las cosas. Volver después de dos años también tenía que sentirse como una vuelta de verdad.

–Ustedes tienen 44 y 42 años. ¿Cuál es la edad media del público que asiste a elrow y pueden identificarse musicalmente con ese público?

–Cruz Arnau: Depende mucho del país y del formato, pero tenemos un público bastante transversal. En eventos recientes en España hemos estado alrededor de los treinta y pocos años de media; en Mallorca, por ejemplo, fueron 32. Y luego conviven perfectamente personas de veintipocos con gente que lleva veinte o treinta años escuchando electrónica. Eso para nosotros es muy bonito. Musicalmente sí me identifico, aunque tampoco creo que nuestro trabajo sea escuchar solamente lo que escucha el público. Hay que tener curiosidad. Yo ahora estoy muy pendiente de sonidos emergentes, escucho muchísimo psytrance y sigo de cerca todo lo que está pasando con artistas muy jóvenes y con la nueva escena más rápida. Si dejas de tener curiosidad por lo que escucha alguien veinte años menor que tú, empiezas a desconectarte.

–La música electrónica une a albañiles, electricistas, profesores, ingenieros… todo tipo de clases sociales. Es un mundo paralelo que se convierte en un refugio para muchos. ¿Qué les atrae a ustedes de este mundo?

–C. A.: Precisamente eso. En una pista de baile importa bastante poco quién eres fuera. Durante unas horas desaparecen muchas de las etiquetas con las que vivimos el resto de la semana. Para mí una de las cosas más potentes de la electrónica siempre ha sido esa libertad. En 'elrow' hablamos mucho de que todo el mundo es bienvenido, pero no queremos que sea simplemente un eslogan. Cuando ves a gente completamente distinta bailando junta, disfrazándose, jugando con los performers o perdiendo durante unas horas esa necesidad de comportarse como se espera de ella, entiendes por qué seguimos haciendo esto. No es solo escuchar música. Hay gente que necesita ese espacio de libertad.

–Miro la agenda. La semana pasada Marco Carola en Málaga. Este fin de semana 'elrow'. La que viene, Richie Hawtin. Y esa tónica se estira hasta, mínimo, octubre. ¿Se corre el riesgo de saturar a la gente?

–J. A.: Claro que existe ese riesgo. Nosotros ya lo vivimos hace muchos años con 'Row14'. Teníamos una sala increíble, llevábamos DJs increíbles y perdíamos dinero. Llegó un momento en el que traer simplemente a otro gran DJ había dejado de ser especial porque había muchísima oferta. Esa fue precisamente una de las razones por las que tuvimos que cambiar. Creo que el problema no es que haya muchos eventos; el problema llega cuando todos ofrecen prácticamente lo mismo. El público sabe perfectamente dónde quiere gastarse el dinero y cada vez compara más. La respuesta no puede ser añadir otro nombre grande al cartel. Tienes que darle una razón para elegirte. Y si no eres capaz de hacerlo, probablemente el mercado sí te va a saturar.

¿Saturación de festivales?

«El problema no es que haya muchos eventos; llega cuando todos ofrecen prácticamente lo mismo»

–Florida 135 fue uno de los primeros templos del techno en España. ¿Hay alguna influencia en su trabajo como promotores?

–J. A.: Toda. Nosotros no hemos conocido otra cosa. Crecimos escuchando conversaciones sobre si una sesión había funcionado, cómo sonaba la sala, qué artista había sorprendido, si la gente había bailado o no. En mi casa se hablaba mucho más de eso que de fútbol. Florida nos enseñó además algo que seguimos aplicando: no sirve vivir de lo que funcionó ayer. Mis padres recorrían Europa buscando qué estaba pasando en París, Alemania, Inglaterra o Italia y muchas veces apostaron por sonidos que todavía no tenían público en España. Algunas veces salió bien y otras perdieron muchísimo dinero, pero esa inquietud por buscar lo siguiente sigue estando ahí. Nosotros hemos cambiado el formato, pero venimos exactamente de ahí.

–¿Qué se necesita para que un club tenga éxito a largo plazo?

–C. A.: Escuchar. Al público, al equipo, a lo que está pasando fuera y también a ti mismo. Parece muy sencillo, pero hacerlo durante veinte o treinta años es dificilísimo. Un club tiene que tener una identidad suficientemente clara para que la gente sepa por qué va allí, pero no tan rígida como para quedarse congelado. Es ese equilibrio entre legado y evolución. Industrial Copera es un buen ejemplo de lo difícil que es conseguirlo: lleva desde 1992 y sigue programando. Florida también ha sobrevivido a generaciones, sonidos y modelos de ocio completamente diferentes. Eso no ocurre por repetir cada año la misma fórmula.

–¿Qué conexiones les parecen más interesantes para la escena en España? Por poner ejemplos, la conexión con Berlín o más bien con Detroit…

–J. A.: Yo intentaría no elegir. Precisamente una de las cosas interesantes de la electrónica es que nunca ha respetado demasiado las fronteras. Nuestra familia aprendió viajando: París, Alemania, Inglaterra, Italia… y después cada una de esas influencias se aterrizaba aquí de otra manera. España no necesita convertirse ni en Berlín ni en Detroit. Necesita tener una escena española fuerte, con clubes fuertes, artistas propios y personalidad, y después estar completamente conectada con lo que pasa fuera. Copiar una escena siempre te coloca un paso por detrás. Lo interesante es entenderla y llevarla a tu terreno.

–Con tanto festival, ¿no creen que sufre la cultura de club?

–J. A.: Ha cambiado, seguro. Nosotros mismos venimos de un club y hoy organizamos muchos eventos de gran formato. Sería absurdo negar esa transformación. La forma de salir de las nuevas generaciones no es exactamente la misma que la nuestra y el público espera mucho más que ponerse delante de una cabina y mirar a un DJ durante seis horas. Pero no creo que festival y club tengan que competir. El club hace algo que un festival difícilmente puede hacer: construye escena semana tras semana. Allí se prueban artistas, sonidos, colectivos y públicos. Es el laboratorio. El festival concentra todo eso en un momento mucho mayor. Por eso necesitamos que haya buenos festivales, pero también necesitamos buenos clubes.

–De la escena andaluza, ¿qué proyectos les parecen más interesantes? Un pilar siempre ha sido Industrial Copera en Granada. Pero aquí en Málaga se está consolidando, por ejemplo, Studio Club.

–C. A.: Industrial Copera tiene algo que para nosotros tiene muchísimo valor, que es historia. Mantener una sala desde 1992 dentro de la electrónica dice mucho. Y me gusta ver que, al mismo tiempo, aparezcan proyectos nuevos como Studio y que intenten construir una identidad propia alrededor de la música y también del arte. Andalucía además tiene una cosa muy especial: no ha sido nunca una escena completamente dependiente de lo que ocurre en Madrid o Barcelona. Tiene públicos, sonidos y códigos propios. El breakbeat es quizá el ejemplo más evidente. Cuando una escena tiene ese grado de personalidad es cuando se vuelve interesante de verdad.

–¿Cómo se logra ser rentable en estos tiempos? En el apartado de gastos, parece que todo se ha disparado en los últimos años.

–J. A.: Nuestro producto es caro. Muchísimo. En elrow no puedes ahorrar simplemente quitando decoración o reduciendo producción porque entonces empiezas a quitar precisamente aquello por lo que la gente ha comprado una entrada. Tenemos talleres propios, artistas, vestuario, escenografía, performers, sonido, luces, efectos especiales… y después está el cartel. La rentabilidad viene de ser muy disciplinado en todo lo demás: escoger bien dónde haces eventos, entender qué mercados funcionan, profesionalizar operaciones, trabajar a escala y reinvertir. Nosotros durante años hicimos eventos perdiendo dinero porque creíamos que estábamos construyendo algo a largo plazo. No creo demasiado en exprimir un evento para maximizar el margen de esa noche. Si quieres durar, una parte importante de lo que ganas tiene que volver al producto.

–¿El deseo de celebrar y salir de fiesta se mantiene o ha menguado en las nuevas generaciones?

–C. A.: Yo no veo menos ganas de celebrar. Veo otra manera de hacerlo. Las generaciones jóvenes son muchísimo más rápidas descubriendo música, cambian antes de códigos y tienen menos fidelidad automática a determinadas marcas o artistas. Eso nos obliga a estar muy atentos. Me interesa muchísimo observar qué están escuchando y cómo están transformando la pista. Por eso sigo proyectos y artistas nuevos y sonidos que quizá hace cinco años no hubieran tenido el espacio que tienen hoy.

–¿Cómo ha sido vuestra adolescencia? Desde fuera, al menos, se intuye como divertida.

–J. A.: Normal, normal no fue. [Ríe]. Nuestros viajes familiares podían ser a Ibiza o Mykonos y en casa prácticamente todo giraba alrededor de la música y del negocio. Nosotros crecimos dentro de eso sin darnos demasiada cuenta. Nuestros padres no querían que termináramos trabajando en la noche porque sabían perfectamente lo duro que es este negocio. El problema es que llevábamos toda la vida dentro. Habíamos crecido viendo conciertos, sesiones, montajes, escuchando cintas de electrónica… Al final era bastante complicado escapar.

–C. A.: Hay alguna historia que ahora seguramente sería difícil de explicar. En un viaje a Mykonos yo era todavía adolescente y Juan tenía que ayudarme a aparentar más edad para poder entrar en algunos sitios. Imagínate el cuadro. [Ríe].

–Volviendo a 'elrow' que se va a celebrar en Málaga, ¿cómo definiría el cartel?

–C. A.: Como un cartel con bastante más recorrido del que puede parecer si miras únicamente los nombres grandes. No queríamos hacer veinte variaciones del mismo sonido. Tienes a The Martinez Brothers, Wade, Ilario Alicante, Chelina Manuhutu o Bastian Bux en una zona más house y groove; a 999999999, Fatima Hajji o DYEN b2b Jowi llevando la energía hacia terrenos bastante más duros; y después hemos querido que Pure Bassline sea realmente un tercer mundo, no un escenario secundario puesto por cumplir. Ahí tienes a Leeroy Thornhill, Ellis Dee, Rasco, UFO Project y una programación muy vinculada al breakbeat y al bass. Para mí lo interesante es poder moverte por el recinto y que realmente cambie la música, no solamente la decoración.

–¿Cómo ven desde fuera la segunda juventud que está viviendo el breakbeat en Andalucía? Parece, en general, que hay mucho hard-groove y mucho hard-techno. ¿No echan de menos techno más «puro»? Artistas como Horacio Cruz o Ken Ishii, por poner ejemplos. ¿Por qué cuesta tanto verlos en carteles?

–C. A.: A mí me parece muy interesante lo que está pasando con el breakbeat en Andalucía porque tiene algo fundamental: identidad. Y no es solo nostalgia; hay una nueva generación conectando con ese sonido. Por eso quisimos darle a Pure Bassline un escenario propio en Málaga. Con el techno pasa algo parecido: ahora el hard-techno y los sonidos más rápidos están en un momento enorme, pero no queremos que nuestros carteles sean una fotografía de una única tendencia. Un cartel es un puzle y entran muchos factores. Lo importante es mantener la curiosidad y no acabar programando todos exactamente lo mismo.

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir