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Nueva York se rinde al lujo de segunda mano

Nueva York se rinde al lujo de segunda mano
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Hermès, Chanel, Dior o Louis Vuitton comparten las arterias comerciales más exclusivas de la ciudad con un sinfín de tiendas 'vintage' donde se revenden sus artículos. Leer
Estilo de VidaNueva York se rinde al lujo de segunda manoActualizado 1 MAY. 2026 - 23:48Solo en Manhattan hay más de 400 tiendas de artículos de segunda mano.

Hermès, Chanel, Dior o Louis Vuitton comparten las arterias comerciales más exclusivas de la ciudad con un sinfín de tiendas 'vintage' donde se revenden sus artículos.

Hermès estrenó su maison insignia en el Upper East Side hace menos de cuatro años a solo unos pasos de Central Park y de las mansiones Gilded Age que dan lustre al vecindario. Hoy, la marca francesa convive a solo unos metros de su establecimiento estrella con tiendas de liquidación de muebles usados y ropa de segunda mano de marcas de lujo que han mutado el pedigrí de esta exclusiva arteria comercial en Nueva York. La fiebre vintage se extiende rápido por Manhattan tras haber conquistado Queens y Brooklyn. Resiste la Quinta Avenida, con el precio disparado de los alquileres como única línea de defensa. Pero... ¿por cuánto tiempo?

Chanel, Dior, Louis Vuitton... Las marcas de lujo se acostumbran a compartir los reinos más elitistas de Manhattan con locales de segunda mano donde se revenden sus productos sin el mismo glamour y donde la experiencia de compra queda relegada a cambio de aprovechar cada milímetro cuadrado de la tienda. El precio lo es todo en esta transformación silenciosa, liderada por tiktokers a la caza de gangas en los nuevos templos de consumo aspiracional.

El hábito de comprar en tiendas de segunda mano no es nuevo en EEUU. De hecho, forma parte del ADN del país. Hay negocios históricos que han florecido a costa de encontrar tesoros en la basura de otros. Máxima rentabilidad. También ha sido una forma tradicional de autofinanciación de las ONG. Pero en Manhattan prolifera un modelo alternativo, inspirado en una moda que surgió en las plataformas digitales pero que ahora da el salto al mundo físico como escaparate urbano para estar cerca del cliente: personas que venden sus pertenencias, muchas veces al peso, para hacer caja y seguir comprando en estas mismas tiendas. El círculo se cierra.

Algunas tiendas compran todo lo que llega a sus mostradores para reventa, otras solo los artículos en mejor estado; a cambio pagan con un bono para gastar en la misma tienda, mientras que otras ofrecen un vale que solo se hace efectivo si los artículos se venden. Riesgo cero para el negocio. No aceptan reclamaciones ni devoluciones, ni de quienes allí venden sus prendas ni de quienes las compran.

El fenómeno ha llegado a tal punto que incluso ya hay barrios en Manhattan especializados en el comercio vintage. Aunque están por toda la ciudad, el gran foco se encuentra en el Lower East Side, donde han proliferado decenas de tiendas altamente especializadas, que venden desde camisetas de culto hasta piezas de pasarela. Lejos queda la imagen clásica de mercadillo. Estos espacios funcionan como auténticas galerías de moda donde el valor reside en el descuento, aun a riesgo de no tener garantías de su autenticidad.

Un mercado al alza

Según estimaciones de McKinsey y Business of Fashion, el mercado de segunda mano crecerá tres veces más rápido que el de moda tradicional este año, impulsado por una combinación de factores: desde el relato sostenible, hasta el auge de plataformas como Depop o TikTok y, sobre todo, el deseo de diferenciación que promueven las redes sociales en una era que destaca por las copias y la moda exprés. La clave de este éxito es un cambio de paradigma: ya no se trata de poseer una prenda de lujo, sino de lucirla por tiempo limitado y pasar a la siguiente. Y aunque el descuento es la clave, no hay que confundirlo con una moda barata. Solo es más asequible que el lujo a estrenar.

En Nueva York, esa tendencia ha encontrado un terreno fértil en zonas históricamente vinculadas a la moda. Orchard Street, en el Lower East Side, fue durante décadas un centro de producción textil; hoy, su legado se reinterpreta en forma de tiendas como Procell, James Veloria o Varsity, donde una camiseta puede alcanzar cifras de cuatro dígitos si tiene el pedigrí adecuado.

Este nuevo ecosistema también está redefiniendo la geografía comercial de la ciudad. En el SoHo, donde titanes como Louis Vuitton o Gucci dominan las principales arterias, han empezado a aparecer espacios híbridos que combinan reventa de lujo con experiencias de boutique. Fuera de Manhattan, en Williamsburg, el fenómeno adopta un tono más experimental, con tiendas que mezclan firma de diseñador con streetwear vintage, dirigidas a una clientela joven con un alto poder adquisitivo que huye del fast fashion.

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    Fuente original: Leer en Expansión
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