- SARA SÁEZ
La Galería en un espacio de arte peculiar. Sus fundadores, provenientes del mundo del tatuaje, exponen obra de los maestros de la tinta en otros formatos.
El fenómeno del tatuador que da un golpe de timón para adentrarse en los derroteros de las artes plásticas supone seguramente una de las hibridaciones más potentes del arte contemporáneo. Es un giro que marca el desplazamiento crítico desde la piel (soporte vivo y sujeto a la voluntad ajena) hacia medios como el lienzo, la cerámica, la instalación o la escultura, en los que la libertad creativa se desprende de las limitaciones de la anatomía humana. Lejos de suponer una ruptura, semejante transición constituye una expansión de su lenguaje.
Al trasladar la iconografía del tatuaje a la tridimensionalidad del barro o a la textura del óleo, estos artistas desafían la jerarquía que situó tan antigua práctica como arte menor. "Esta disciplina ha cargado con un fuerte estigma, pero hoy en día goza de una mayor normalización. Eso facilita que el público se acerque a ella, aunque es importante no perder de vista el esfuerzo, la técnica y la dedicación que exige un buen tatuaje", aseguran Tamy Love y Rober Blanco.
Formada en Bellas Artes la una y en Empresariales el otro, hace un par de años unieron fuerzas en La Galería, un espacio en la madrileña calle de la Estrella alejado de las galerías convencionales. "Nuestra idea inicial no era dedicarla en exclusiva al arte de la tinta, pero venimos del mundo del tatuaje y forma parte de nuestra identidad. Como amantes de esta disciplina, creemos que todavía hay mucho por descubrir y acercar al público como una expresión creativa más".
Obras de El Rana, artista imprescindible en el universo del tatuaje y el arte urbano.LUIS DE LAS ALASExiste la creencia de que la labor del tatuador se limita estrictamente a los centímetros de piel que ocupa su diseño, aunque la realidad es muy distinta. Desde hace tiempo, la mayoría de estos creadores no sólo tatúan, sino que desarrollan su lenguaje artístico en múltiples formatos. "A menudo se ignora que detrás hay artistas con una trayectoria sólida, capaces de dominar el óleo, el acrílico y otras medios, logrando obras de gran calidad tanto en el cuerpo como en lienzo", continúan. El fenómeno cuenta con el respaldo y el reconocimiento entre colegas.
"Hay tatuadores, muchos de nuestra generación, a los que admiramos profundamente, no solo por su nivel estético, sino también por su trayectoria, su ética de trabajo y su compromiso con el oficio. Para nosotros es un orgullo ofrecerles un espacio donde su obra se aprecie desde otra perspectiva y alcance a un público ajeno al entorno del tatuaje", aseguran los responsables de La Galería. Enfrentarse a soportes diferentes a la dermis supone un reto estimulante. "No es más difícil trabajar en gran formato que sobre la piel: son expresiones distintas, pero el talento es el mismo. El cambio de soporte se convierte en una oportunidad para expandir su capacidad creativa", concluyen.
Desde lienzos hasta serigrafías y "art toys", La Galería permite iniciarse en el coleccionismo.LUIS DE LAS ALASArtista del tatuaje, andaluz y punk
Esta ruptura de barreras entre soportes encuentra uno de sus máximos exponentes en Jorge El del Llorón, un artista sevillano que ha revolucionado la iconografía andaluza. Formado igualmente en Bellas Artes, a lo largo de su carrera ha explorado formatos tan diversos como el vídeo, la instalación o el grafiti. Interesado también en el tatuaje como herramienta expresiva, decidió comprar una máquina y empezó a practicar de forma autodidacta: "Irónicamente, buscaba refugio de la amalgama de capital social, ego y currículum que satura el ámbito del arte, encontrando en la tinta una vía mucho más honesta y directa".
Los mantoncillos de Jorge El del Llorón mezclan los tatuajes tribales con iconografía andaluza como las golondrinas o los claveles.Tras residir en Reino Unido, Bilbao y Madrid, El del Llorón experimentó un profundo reencuentro con su identidad. "Fue al salir cuando comprendí que ser andaluz es un pilar fundamental de mi ser", concede. A partir de entonces, se dedicó a investigar la historia, el flamenco y el rock de su tierra, integrando toda esa carga emocional lo mismo en ilustraciones que tatuajes: "Al regresar a Sevilla, mi evolución convergió de forma natural con el auge del llamado andalucismo joven, permitiendo que mi trabajo encajara en este nuevo contexto social. Mi obra no solo busca un desarrollo estético; es un camino emocional e intuitivo (y a veces político) que nace del deseo de expresar nuestras raíces a través del dibujo".
Bajo su mirada, los iconos andaluces adquieren un cariz reivindicativo. "Mi trabajo busca otorgar una identidad estética a toda una forma de sentir. Cuando una narrativa se materializa visualmente, adquiere una realidad mucho más tangible. Mi propuesta ha calado en mi generación porque rompe con la representación arcaica y desordenada del flamenco. Tradicionalmente, parecía existir una única forma de pintar la pasión, anclada en marcos antiguos. Al descontextualizar esos elementos (fusionando la ilustración contemporánea y el tatuaje con iconos del punk, el anarquismo, alambres de espino o navajas), la gente se siente identificada. Mis flamencas no son figuras lánguidas o exóticas del siglo XX, sino figuras poderosas y agresivas", explica.
A Jorge del Llorón le ha constado encontrar quien bordara los motivos de sus tatuajes en sus mantoncillos.Otra forma de coleccionar
Tan audaz artista trabaja activamente en la reconstrucción del imaginario simbólico andaluz. El típico mantoncillo, por ejemplo, empezó siendo un elemento protagonista en sus dibujos sobre piel y papel para materializarse luego en seda. "Desde que introduje motivos tribales y elementos contemporáneos en mis diseños de bocetos, allá por 2016, mi intención siempre fue llevarlos al tejido. Sin embargo, ha sido un proceso lento y complejo. El mayor reto fue encontrar artesanos que dominaran la técnica y que, además, estuvieran dispuestos a bordar motivos tan atípicos. Las formas de los tribales, con sus puntas afiladas y caracoles, resultan difíciles de ejecutar en el bordado clásico".
Esta ambición por llevar su imaginario a objetos tangibles y artesanales coincide con una apertura sin precedentes en el mercado del arte. Porque, en sí mismo, el tatuaje supone una clase de coleccionismo muy particular, al tratarse de una obra que acompaña al portador de por vida y de la que se presume allá donde va. "Existe una diferencia clara entre el público del tatuaje y el del circuito artístico tradicional. Nuestro objetivo es llegar también a personas que quizá no se tatuarían, pero que disfrutan de la estética y pueden conectar con la propuesta del autor en otros formatos", tercian desde La Galería. Para el caso, aunque existen creadores que realizan piezas increíbles tanto en la dermis como en otros soportes, todavía persiste un gran desconocimiento que dificulta que muchos aficionados descubran el talento oculto en este campo.
El Rana trabaja con materiales recuperados y resignifica objetos con historia.LUIS DE LAS ALASA pesar de ello, el coleccionista de arte convencional empieza a mirar esta expresión creativa con asombro. "Cuando explicamos que una obra pictórica de gran nivel está realizada por un tatuador o tatuadora, muchas personas descubren un universo que ignoraban. Eso genera curiosidad, interés y, para nosotros, también un profundo orgullo", rematan Love y Blanco. Aunque es pronto para asegurar que el tatuaje es la nueva escuela del arte urbano, hoy la disciplina está mucho más normalizada y resulta más accesible, tanto para quienes desean aprender como para quien sienten curiosidad por descubrirlo.
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