La Organización alerta de que si el conflicto no se resuelve a corto plazo, el PIB mundial vería mermado su crecimiento hasta el 2,1% en 2026, frente al 3,4% de 2025, y al 1,8% en 2027, con más inflación y paro, menos inversión e incluso recesión en "algunas economías".
"Espera lo mejor (o lo menos malo), pero prepárate para lo peor". El avispero en que se ha convertido el tablero geopolítico mundial ha obligado a los principales organismos multilaterales internacionales a hacer suya esta conocida máxima popular. En abril pasado ya lo hizo la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, quien alertó de que "si el conflicto en Oriente Próximo persiste y los precios del petróleo se mantienen altos durante un periodo prolongado, debemos prepararnos para tiempos difíciles", y este miércoles lo ha hecho la OCDE.
Si en su informe de Perspectivas Económicas Intermedias presentado a finales de marzo la Organización que engloba a los países más industrializados intentaba no dejarse llevar por el pesimismo y decidía mantener en el 2,9% su previsión de crecimiento global para este año, el tiempo transcurrido desde entonces ha dado un vuelco a sus predicciones, que ahora se han desdoblado entre un escenario malo y otro aún peor. Ante el enquistamiento del conflicto en Oriente Próximo, que ya se prolonga más de tres meses, y la enorme incertidumbre que rodea el desenlace de la guerra, la OCDE ha optado por considerar dos posibles escenarios en su nuevo informe de Perspectivas Económicas, presentado este miércoles: uno en el que todavía confía en un final relativamente temprano de la guerra, cuyas secuelas, sin embargo, serían importantes y duraderas pero digeribles, y otro de "perturbación prolongada, con consecuencias negativas más amplias y mucho más duraderas".
En el primer escenario, la economía mundial aún crecería un 2,8% en 2026, una décima menos de lo pronosticado en marzo, pero muy por debajo del 3,4% registrado en 2025. Sin embargo, en la peor hipótesis, la de un conflicto que se alarga en el tiempo, el descalabro sería más que notable. "Si las perturbaciones persisten hasta bien entrado 2027 (hasta la segunda mitad del año), se prevé que el crecimiento mundial se desacelere significativamente, hasta apenas un 2,1% en 2026 y un 1,8% en 2027, lo que podría llevar a algunas economías a una recesión o cerca de ella", advierte la OCDE en su informe.
Más inflación y paro y menos inversión
Ese escenario sería consecuencia de un efecto negativo en cascada, una suerte de fallo multiorgánico en la economía que comenzaría con un incremento del desempleo y un pinchazo de la inversión, incluso en IA ("que consume mucha energía", resalta el documento), así como un rebrote de las tensiones inflacionistas, que, según la OCDE, podría traducirse en un incremento adicional de 0,4 puntos porcentuales este año (hasta el 4,7% de media en los países de la Organización) y de 1,3 puntos en 2027 (al 4,3%), "con presiones alcistas derivadas de los elevados precios de las materias primas parcialmente compensadas por una menor demanda final". Esto, a su vez, traería consigo subidas de tipos y un endurecimiento de las condiciones de financiación para frenar la escalada de los precios.
Sería un seísmo mundial, con consecuencias globales, pero que "podrían resultar especialmente graves para las economías en desarrollo, que cuentan con reservas energéticas limitadas, una mayor proporción de energía y alimentos en el consumo de los hogares, una capacidad fiscal restringida, redes de protección social débiles, bajos niveles de ahorro privado y monedas más frágiles". En otras palabras, "la economía mundial vuelve a estar bajo presión" y ante una grave amenaza que puede dañar muy seriamente su crecimiento si la situación en Oriente Próximo no se estabiliza en las próximas semanas.
De momento, en el escenario menos pesimista, la OCDE augura un crecimiento del 2,8% este año y del 3,1% en 2027, y mantiene su pronóstico de avance del PIB de apenas el 0,8% en la eurozona en 2026, con sus principales economías creciendo a muy distintas velocidades. Así, el PIB de Alemania apenas avanzaría este año un 0,7%, aunque sería más del doble que el año anterior, pero remontaría algo el vuelo en 2027, hasta el 1,1%, mientras que en Francia el crecimiento sería muy similar este año y el que viene: un 0,7% en 2026 y un 0,8% en 2027. En Italia, la pérdida de fuelle sería aún mayor, con un alza del PIB del 0,5% este año y del 0,6% el próximo. Curiosamente, la OCDE ha mejorado en una décima su vaticinio para Italia (en marzo preveía un alza del 0,4% en 2026), mientras que, en una nueva vuelta de tuerca, ha empeorado en una décima los de Alemania y Francia.
La onda expansiva de la crisis apenas afectará a EEUU. En su escenario menos adverso, la OCDE prevé que el PIB estadounidense crezca un 2% este año, lo mismo que anticipaba en marzo, y un 1,8% en 2027, una décima más que entonces. Mientras que en el caso de China, su pronóstico mejora hasta el 4,5% en 2026, una décima superior a las proyecciones de marzo, y mantiene en el 4,3% el de 2027.
España, excepción a la regla
Dentro de Europa, la gran excepción a la regla es España. De hecho, es uno de los países que ha visto mejoradas sus perspectivas en el escenario menos adverso. La OCDE estima que la economía española crecerá un 2,2% este año, una décima más de lo que preveía en marzo, y mantiene en el 1,7% su pronóstico para 2027. Lo hará apoyándose en la demanda interna y, especialmente, en el consumo privado gracias a la resistencia del mercado laboral y al influjo positivo de la inversión respaldada con fondos europeos, que compensarán la debilidad de la demanda externa y su impacto sobre las exportaciones. La inflación, según la OCDE, rondará de media el 3,3% este año y se moderará al 2,9% en 2027. Todo ello siempre, claro está, que no se materialice el escenario más adverso, que la Organización no desglosa por países.
Pese a su esperada resiliencia, el club de los países ricos no pasa por alto las asignaturas todavía pendientes de la economía española, entre las que sobresalen la necesidad de "garantizar la consolidación fiscal", acelerando la reducción del déficit para reconstruir "las reservas fiscales ante el aumento del gasto relacionado con el envejecimiento de la población", en referencia tanto al creciente desembolso en pensiones como al derivado de los cuidados sanitarios y de dependencia por el envejecimiento demográfico. Además, los expertos de la OCDE alertan de la necesidad de crear un entorno empresarial más favorable reduciendo las cargas burocráticas y mejorando el acceso a la financiación como vía para "impulsar un mayor crecimiento de la productividad".
Y si bien cree que España está bien posicionada en la carrera de las energías renovables, considera que para materializar plenamente los beneficios de ese potencial debe "simplificar los procesos de concesión de permisos, acelerar la inversión en infraestructura de red y apoyar la inversión en almacenamiento".
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