A ningún vate se la ha pasado por la imaginación siquiera escribir un poema a un entrenador, destinatario de todos los dardos cuando el equipo no funciona
Regala esta noticia Añádenos en Google Luis de la Fuente, durante la semifinal ante Francia. (EFE)Enrique Arnaldo
16/07/2026 Actualizado a las 18:55h.No tema mi querido lector —si es que escribo para alguien— que voy a atreverme a emular a Rafael Alberti en su 'Oda a Platko', ... el gran portero de origen húngaro (el 'oso rubio de Hungría') que jugó en el FC Barcelona y al que el gaditano cantó tras la final de la Copa con la Real Sociedad de 1928, Oda a la que dio severísima respuesta el poeta guipuzcoano Gabriel Celaya con su 'Contraoda del poeta de la Real Sociedad', en la que resta importancia a la heroicidad de Platko y acusa al árbitro de perjudicar a los donostiarras.
A ningún vate se la ha pasado por la imaginación siquiera escribir un poema a un entrenador, destinatario de todos los dardos cuando el equipo no funciona, pero enseguida olvidado cuando llega la victoria, que es propiedad de los jugadores. Sin embargo, concuerdo con José Luis Garci en que un equipo de fútbol «suele ser reflejo de la persona que lo dirige, de su cultura, de su valentía, de su educación, de su audacia, de su sensibilidad y de su manera de ver la vida, de su personalidad». Me viene a la mente el nombre de un seleccionador que apostó por la lucha vigorosa frente a la técnica, la emoción y el espectáculo. Lo aparto de mi mente, pues prefiero el consejo que aprendí del libro de David Rieff: elogio del olvido. Hoy quiero centrarme en el heredero más directo de Luis Aragonés y Vicente del Bosque al frente de la selección española. Se llama Luis de la Fuente. Su fuente de inspiración es el lema del Wellesney College: Non Ministrare sed Ministrare, «No para ser servido sino para servir».
Los seleccionadores nacionales no suelen ser personajes populares. Que se lo pregunten a Sir Alfred Ramsey, vituperado a pesar de haber conquistado la única estrella para Inglaterra. A Luis de la Fuente le sonaron los oídos en la noche del empate con Cabo Verde, pero no se inmutó porque es un hombre que tiene fe, que cree en lo que construye. Es el arquitecto de un equipo en el que no hay espacio para las figuras pues los dieciséis que juegan cada partido lo son. Su secreto es el del relojero que encaja todas las piezas de la maquinaria que en el fútbol se llaman defensa, medio y ataque.
Luis de la Fuente ejerce de tutor, de conductor. Los supporters de la selección española percibimos que el de Haro, desde su sencillez natural, con el equilibrio innato al que fue carrilero zurdo del Athletic, ha forjado un equipo deslumbrante, conjuntado, cuyos integrantes se ofrecen y se encuentran. La selección española es una orquesta en la que cuerda, viento y percusión joggan bonito. Su director sonríe, incluso a los que no creían en él.
Por ahora, es un sueño la victoria en la final del domingo (no hay nada mejor que ganar escribe Paul Auster), pero tú ya has ganado Luis. La segunda estrella esta más cerca.
Enrique Arnaldo
Magistrado del Tribunal Constitucional Reportar un error