Málaga
Domingo, 15 de marzo 2026, 01:00
... que ha encontrado refugio en la política española. Prejuicio y perjuicio del cainismo patrio.El problema nunca fue el odio, sino quién se arrogaba el derecho de definirlo. Bajo la coartada higiénica de vigilar la temperatura moral de la conversación pública, lo que se ensaya no es una pedagogía cívica, sino un nuevo catecismo de la sospecha. Se vigila menos el insulto que la disidencia.
El populismo de izquierda comprendió hace tiempo algo decisivo: que en nuestras democracias cansadas el relato no necesita derrotar a la realidad, le basta con fatigarla. Durante años, la hegemonía cultural de su discurso en redes y platós le permitió seguir explotando una supuesta superioridad moral convertida luego en votos, subvenciones y cuotas de poder.
La juventud, con un instinto infalible para detectar la impostura, ha dejado de tragarse ciertas liturgias de cartón piedra. Con las mismas armas simbólicas con las que durante años se censuró al discrepante, les han arrebatado ahora banderas y consignas. No basta con declararse muro de contención frente al odio cuando se ha hecho carrera política alimentando el resentimiento, la división y la cancelación del adversario.
Resulta difícil aceptar lecciones de concordia de quien ha hecho del enfrentamiento una tecnología del poder; de quien ha dividido a los españoles en bloques morales, en buenos oficiales y malos constitucionales, en progresistas con bula y discrepantes bajo sospecha. El sanchismo no quiere pacificar la conversación pública, quiere regular su temperatura para que solo se eleve en la dirección que le conviene. Su verdadero miedo es a perder el monopolio del relato. Lo demás, una vez más, es prejuicio y perjuicio.
Muchos españoles han decidido volver a hablar sin pedir permiso. Y en esa reivindicación de una conciencia nacional más alta, menos domesticable, resuenan bien las palabras de Adelaida Sagarra: «Saber que procedemos de una gente que se batió en los tres océanos nos defiende de la tentación de acostumbrarse a una charca».
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