No hizo falta hablar de coaliciones electorales, candidaturas conjuntas o listas. Mónica Oltra, la ministra de Infancia, Sira Rego (Sumar) y la eurodiputada Irene Montero (Podemos) mostraron en Valencia una sintonía visualizada en una unión de manos que apunta a que la izquierda podría entenderse para plantar cara a la violencia política y el 'lawfare' del que acusan a la extrema derecha, el mismo que tiene a la valenciana a punto de sentarse en un banquillo. "Esto va de alianzas, de alianzas morales", dijo Oltra junto a la primera dama de Brasil, Janja Silva, cuyo partido, junto al colectivo Mujeres Brasileñas en la Diáspora, propició este encuentro.
Era el primer acto público en el que aparecía la ex vicepresidenta valenciana tras anunciar su candidatura al Ayuntamiento de Valencia y, aunque de eso no se dijo una palabra, en el Jardín Botánico, el lugar donde se firmó en 2015 el pacto que llevó a Oltra a ser vicepresidenta, a las cuatro de la tarde, estaban todas las caras que deberán tomar decisiones para que la candidatura a la capital sea la muestra de integración que tanto se reclama. De María Teresa Pérez (Podemos) a Rosa Pérez Garijo (IU) pasando por el ex alcalde Joan Ribó. Todos ellos saben del poder aglutinador de Oltra.
En una charla bajo el lema 'No a la Guerra', también la sucia judicial, la ex vicepresidenta acaparaba las miradas. "He estado en mi casa cuatro años, pensando. Me planteé: ¿Nos rendimos o nos levantamos? Pues nos levantamos. Aunque sea con todo el vértigo. Porque se supone que la gente inocente no va a cárcel", explicó antes de hacer un recorrido por su proceso.
"Lo importante es no estar y no sentirse sola cuando la máquina de escabechina se pone en marcha. Es despiadada. Quiere destruir a la persona, no solo apartarla de la política. Es una bomba social, económica y familiar", describió. Y un aviso. Lo verbalizó Irene Montero: "Nos golpean a una para frenarnos a todas. Si hay transformación, hay guerra sucia. Hubo una señora que dijo desprivatización de la sanidad, y no se lo perdonan. Van a perseguir la retirada hasta el final".
En este tiempo, la ex vicepresidenta confesó haber sentido miedo. "No soy superwoman, pero he pensado en esa frase de Dolores Ibárruri de que es mejor morir de pie que vivir de rodillas. No, no es verdad, porque no hay vida arrodillada. Los hombres blancos bienestantes han declarado la guerra a la vida y, si te arrodillas, ya no te van a perdonar, les será más fácil matarte. Sea morir o sea vivir, habrá que hacerlo de pie", aseguró.
Para Mónica Oltra es un mensaje de disuasión el que persiguen, "que todo el mundo sepa que no se pueden hacer políticas que defiendan a la clase trabajadora, a la diversidad, porque te van a despedazar". Por eso la líder de Compromís defiende que la violencia política no puede "penetrar en el ámbito de la izquierda". "Esto va de alianzas, de alianzas morales", sentenció.
La valenciana dejó otros tres potentes mensajes: la necesidad de "embridar" democráticamente la inteligencia artificial para topar las fakenews, prohibir la fabricación de armas como única vía para acabar con las guerras y democratizar el acceso a la justicia. "A la justicia tienen que llegar los hijos de los trabajadores, que sea verdad que la justicia emana del pueblo", aseguró entre aplausos.
Mientras eso ocurre, ella perseguirá "amar a Valencia" e irá "a por ellos, como me ha dicho mi madre". ¿Lo hará con Izquierda Unida y Podemos en sus listas? No hay respuesta firme a esa pregunta, pero los gestos de Rego y Montero abren la puerta de par en par.
"Sabemos lo que tenemos que poner en un programa de izquierdas, lo podemos hacer en cinco minutos, pero lo más importante es que nuestros principios son ganadores y entusiasman porque buscan vidas dignas", argumentó la eurodiputada de Podemos.
Para la ministra de Infancia, "el gran reto es construir horizontes deseables, disputando el poder para reorientar el marco. Hay que recuperar la izquierda que ha estado ahí, la política desde abajo. Hay que tejer para construir nuevos horizontes políticos", concluyó antes de que Oltra fuera despedida al grito de "alcaldesa, alcaldesa".