Dos años después, los kilómetros y los accidentes han dañado este gran coche que conduce De la Fuente, que tampoco ha encontrado su once
Regala esta noticia Añádenos en Google Lamine y Gavi, en el entrenamiento de la selección. (Reuters)Juanma Castaño
30/06/2026 a las 00:04h.Percibo dos corrientes claramente diferenciadas en el diagnóstico de lo que está siendo España en el Mundial. Por un lado, los que dicen que el ... equipo no está bien, que nos volveremos para casa pronto, que los jugadores están fundidos y que esto sólo lo arregla Lamine. Por otro, los que ponen en valor haber ganado el partido contra Uruguay, un campo de minas del que la selección salió viva (Cubarsí) pero mutilada (Yeremi y Nico), y clasificada como primera de grupo con siete puntos.
Uno de los problemas que tenemos es la comparación de esta España consigo misma. Hace dos años, la Eurocopa fue excelente en el más amplio significado de la palabra. El camino (Alemania, Francia e Inglaterra) y el fútbol desplegado hacen que ese torneo sea difícilmente superado o incluso igualado. Olvidemos la Eurocopa.
No alcanzaremos ese nivel en este Mundial. Para empezar, porque aquel equipo tenía dos puñales en plenitud que eran Nico y Lamine. El primero está KO, el segundo progresa esperando que cada partido sea una suma más de ritmo y competición hasta una hipotética última semana. Y porque todos los demás eran su mejor versión.
Ahora, dos años después, los kilómetros y los accidentes han dañado este gran coche que conduce Luis de la Fuente. El seleccionador tampoco ha encontrado su once, ha virado buscando soluciones cuando quizá ya las había encontrado frente a Arabia. Olmo pide a gritos un sitio en el once. Es de los pocos que está fresco, conecta bien con Lamine, con Oyarzabal y con Baena, y además tiene gol.
Y llegados a este punto, el gran melón: Rodri y Pedri. Zubimendi espera su turno, pero De la Fuente no tiene pinta de quebrar su confianza en los titulares. Yo tampoco les tocaría. No se trata de morir con ellos y ni tan siquiera de esperarles. Son los mejores y merece la pena confiar en que cada partido les vaya conectando. En la Euro, Pedri se lesionó en cuartos, entró Olmo. Rodri en la final, entró Zubimendi. Entonces, todo funcionaba. Lo dicho, olvidemos la Eurocopa.
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