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El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, saluda a un simpatizante durante un acto de campaña en Vác. EFE Orbán aspira a revalidar el poder con un sistema electoral moldeado a su favorLas reformas ejecutadas durante sus 16 años en el cargo han alumbrado unas condiciones que favorecen al candidato gobernante antes incluso de que se deposite el primer voto
Berlín
Sábado, 11 de abril 2026, 18:05
... resultado es un sistema formalmente proporcional, pero estructuralmente mayoritario. Esa combinación convierte pequeñas ventajas de votos en grandes ventajas en escaños y a Hungría en una autocracia electoral, según el análisis del Instituto Varieties of Democracy, con sede en Suecia, que advierte de que los comicios de este domingo son competitivas y multipartidistas, pero las condiciones favorecen al candidato gobernante antes incluso de que se deposite la primera papeleta.Noticias relacionadas
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En 2011, Fidesz rediseñó también todos los distritos electorales para sobrerrepresentar zonas rurales, donde igualmente es más fuerte, subrepresentar Budapest y crear distritos con tamaños de población muy desiguales. Esto hace que el voto del campo valga más que el emitido en la ciudad en términos de escaños. En 2014, por ejemplo, la formación de Orbán obtuvo el 67% de los 199 asientos del Parlamento con sólo el 45,7% de las papeletas, gracias a que el «sistema de compensación» refuerza a las siglas que han recibido mayor apoyo.
Voto del extranjero
Hungría cuenta con este mecanismo único desde 2013: los votos 'perdidos' en los distritos uninominales se suman a la lista nacional y, desde el año siguiente, también se agregan los 'sobrantes'. Si un aspirante obtiene, por ejemplo, 10.000, pero no resulta elegido, esas papeletas no acaban en la basura, sino que se van a parar al ganador. Así, si Fidesz se impone en un distrito por el 60% frente al 40% de su rival, esos veinte puntos de ventaja se añaden a la candidatura nacional, aumentando aún más sus escaños proporcionales.
La votación desde el extranjero, por otra parte, fue reformada en 2012, al tiempo que se concedió un proceso de ciudadanía acelerada a residentes en naciones vecinas. Hungría perdió alrededor de dos tercios de su territorio y más de la mitad de su población tras la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencia, más de dos millones de personas de origen húngaro y con fuertes lazos con el país magiar viven en Eslovaquia, Ucrania, Serbia, Croacia, Eslovenia, Austria y Rumanía. Orbán da la oportunidad a esta diáspora –habitualmente con sentimientos nacionalistas y afinidad a Fidesz– de votar por correo, mientras que los emigrados a Europa Occidental –mayoritariamente más críticos con el Gobierno de Budapest– deben llevar su papeleta en persona a embajadas o consulados, lo que permite una mayor vigilancia de las autoridades y, de hecho, reduce su participación.
8 millones
de húngaros están llamados este domingo a participar en las elecciones legislativas más decisivas desde 2010, cuando el líder ultranacionalista llegó al poder por primera vez.
A este sesgo estructural en el voto exterior, hay que añadir que Hungría elimina del censo electoral a los ciudadanos nacidos y fallecidos en el extranjero siempre que su muerte se registre oficialmente en territorio magiar. Son las familias las que deben comunicar estos decesos, pero muchas no lo hacen. Fuentes independientes estiman que hasta 30.000 votantes muertos podrían seguir apareciendo en el padrón y sus papeletas enviadas por correo serían aceptadas legalmente.
Otra reforma de 2018 dificulta un gobierno de coalición opositor. Las alianzas deben superar umbrales más altos (10% para dos partidos y 15% para tres o más) y presentar candidatos en 71 distritos (antes 27), lo que facilita la creación de 'siglas fantasma' que fragmentan el voto disidente. En 2021, además, Orbán prohibió casi en su totalidad la propaganda política fuera de los medios estatales, que controla el Ejecutivo, y en 2022, introdujo reglas de limitación de observadores y acreditaciones.
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