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Ormuz, una profunda grieta geoeconómica

Ormuz, una profunda grieta geoeconómica
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Europa y las economías avanzadas acelerarán la transición energética, la soberanía estratégica, el gasto en defensa y la cooperación. Leer
AnálisisOrmuz, una profunda grieta geoeconómica
  • ALICIA CORONIL JÓNSSON*
Actualizado 15 JUN. 2026 - 20:41Us Navy/Us Navy / Zuma Press / EUs Navy/Us Navy / Zuma Press / E

Europa y las economías avanzadas acelerarán la transición energética, la soberanía estratégica, el gasto en defensa y la cooperación.

La Administración Trump y el régimen de los ayatolás han alcanzado un acuerdo interino que permitirá la reapertura del estrecho de Ormuz y el fin del bloqueo de Estados Unidos a los puertos iraníes. De esta forma, se abre una ventana durante los próximos 60 días para lograr un pacto sobre el programa nuclear iraní. Durante este plazo, las autoridades de Irán se comprometen a desminar en 30 días este enclave estratégico, un elemento esencial para normalizar el tránsito marítimo y estabilizar el mercado energético mundial en caso de que se consolide el proceso de paz.

Por el momento, hasta el 19 de junio -fecha fijada a priori para firmar el documento por ambas partes en Ginebra-, se desconoce el contenido final del acuerdo. Por ello, será esencial visibilizar hasta qué punto Estados Unidos permitirá liberar los activos iraníes congelados en la última década, o si finalmente el régimen de los ayatolás establece, con la colaboración de Omán, algún sistema de pago de servicios a los buques que transiten por el estrecho de Ormuz. Este hecho, de producirse, representaría un peligroso precedente para la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar ante las aspiraciones del Gobierno de Indonesia sobre la gestión del estrecho de Malaca, que concentra en torno a un 25% del comercio mundial, o los objetivos de China sobre Taiwán. Es decir, una ruptura de la libre navegación internacional en estos enclaves críticos no sólo generaría consecuencias económicas, sino también nuevos equilibrios geopolíticos con países intermedios con mayor capacidad de desestabilizar el comercio mundial.

Desde un punto de vista económico, el acuerdo logrado entre ambas partes aleja por el momento el escenario adverso de un cierre prolongado de Ormuz, especialmente si se extendía una vez finalizada la temporada estival ante la mayor demanda de aprovisionamiento energético de cara al invierno, la necesidad de Europa de competir con Asia por el suministro de gas natural licuado, o la mayor escasez de queroseno, entre otros factores. Es cierto que el anuncio se ha traducido en una reducción inmediata del precio del Brent y del gas natural que podría moderar las tensiones inflacionistas respecto a los escenarios adversos, y con ello mejorar las expectativas de los sectores más afectados como transporte, logística o turismo una vez superado el verano.

Sin embargo, y aunque el proceso de paz se consolide, los precios energéticos previsiblemente se mantendrán a corto plazo por encima de sus niveles previos a la operación Furia Épica, entre otros factores por:

Los daños en infraestructuras: Los ataques iraníes a las instalaciones energéticas, industriales y logísticas de los países del golfo Pérsico seguirán condicionando el suministro y la oferta tanto de crudo, gas natural y productos refinados, como de materias primas industriales y agrícolas críticas (aluminio, fertilizantes, helio).

El proceso de desminado: La retirada efectiva de las minas colocadas por el ejército iraní en una amplia zona de Ormuz es necesaria para garantizar el tránsito de los buques y la progresiva moderación del coste de los fletes y de los seguros, en un contexto en el que las compañías navieras necesitarán tener una mayor visibilidad sobre la evolución de la paz y el grado de compromiso de ambas partes para retomar con normalidad su actividad en este enclave estratégico.

La reposición de inventarios: Los gobiernos tendrán que reconstruir sus reservas estratégicas de crudo, ya que liberar en torno a un 44% del total mundial ha sido una medida esencial durante estos 107 días de guerra para evitar un mayor repunte del precio del petróleo a nivel global.

Junto al hecho de que el coste de la energía se situará previsiblemente en el conjunto de este año por encima de los niveles previos al 28 de febrero, destacan también sus consecuencias sobre el precio de los alimentos y otros productos industriales. La guerra en Oriente Próximo ha producido una disrupción del suministro mundial de fertilizantes, aluminio, plásticos o helio, y un repunte de los cuellos de botella en las cadenas de valor globales. A estos factores se une la cautela de las compañías de transporte marítimo, que podrían seguir optando por transitar por rutas comerciales alternativas con efectos negativos sobre los fletes, los tiempos de entrega y, en consecuencia, los costes de producción empresariales.

No obstante, no cabe duda de que, si se afianza el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán -especialmente una vez transcurridos los 60 días-, las perspectivas económicas globales podrían estabilizarse y la zona euro evitar un escenario de una mayor desaceleración y endurecimiento de las condiciones financieras al proyectado actualmente por el BCE. Al mismo tiempo, la Fed podría mantener sin cambios los tipos de interés oficiales este año, a pesar de las tensiones inflacionistas presentes en la primera potencia mundial asociadas al proteccionismo comercial, a las renovadas amenazas arancelarias de Trump y al propio ciclo de CAPEX de la IA.

En el plano geoeconómico, el acuerdo de paz visualiza la pérdida de soft power de Estados Unidos al lograr como máxima concesión al régimen de los ayatolás la reapertura de Ormuz, que permanecía abierto antes de la operación Furia Épica, y al erigirse Irán como una nueva potencia intermedia capaz de infligir un severo daño a la economía global a través de una guerra híbrida. Por ello, en un contexto marcado por la falta de confianza entre ambas partes, será clave durante los próximos días y semanas que se asiente el acuerdo y que el ala dura de la Guardia Revolucionaria iraní no retome una estrategia basada en tensionar la situación antes de las elecciones de midterm para colocar al presidente Trump en la tesitura de aceptar nuevas concesiones, especialmente sobre su plan de desarrollo nuclear, de cara a mantener la estabilidad de los precios de la energía y un mayor repunte del coste de la vida ante el creciente descontento de los estadounidenses sobre su gestión.

Paralelamente, también será clave la postura que adopte Israel y la milicia proxi iraní Hizbulá en el Líbano, ya que el Gobierno de Netanyahu no considera a priori que el acuerdo interino de 60 días entre Estados Unidos e Irán incluya el fin de todas las hostilidades en la región. De ahí que será vital cómo evolucionen a partir de ahora las relaciones entre Estados Unidos e Israel, y entre Israel e Irán, en un entorno en el que el régimen de los ayatolás, además de afianzar su relación con Rusia y China, ha sentado las bases de una nueva arquitectura de las relaciones diplomáticas en Oriente Próximo. Se ha afianzado el rol de Pakistán, Catar, Turquía y Arabia Saudí, situando a los Emiratos Árabes Unidos en un complejo escenario al mantener su compromiso con los Acuerdos de Abraham y la posibilidad de que algunos países de la región cuestionen a futuro la presencia y el papel central de Estados Unidos en la defensa del Golfo Pérsico.

El acuerdo de paz, por tanto, reduce la probabilidad de un escenario adverso, pero mantiene estables a priori las perspectivas de crecimiento de la zona euro de un 0,8% anual este año. Con una posible revisión al alza de las proyecciones si se consolida durante estos 60 días el acuerdo de paz, y se normaliza el tránsito por Ormuz en los próximos meses.

Si algo no cambiará este conflicto, junto a la impredecibilidad de Trump o la estrategia de China de diseñar un orden iliberal, es que Europa y las economías avanzadas acelerarán la transición energética, la soberanía estratégica, el gasto en defensa y la cooperación. Ormuz, al igual que la invasión de Ucrania, representa una nueva profunda grieta del mundo que conocíamos.

Alicia Coronil Jónsson. Economista jefe de Singular Bank y asesora del Círculo de Empresarios

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Fuente original: Leer en Expansión
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