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¿Otra crisis energética?

¿Otra crisis energética?
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Opinión ¿Otra crisis energética? Publicada 8 marzo 2026 10:51h

El ataque de EEUU e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero y su impacto sobre el suministro y sobre el precio de la energía ha desatado los temores a que estemos a las puertas de una nueva crisis energética, 4 años después de la que vivimos a raíz de la invasión de Ucrania por parte de Rusia el 24 de febrero de 2022.

Además, para los más viejos del lugar, Irán siempre nos traerá a la memoria la segunda crisis del petróleo, desatada tras la revolución islámica de 1979, también en febrero, y que tuvo efectos mucho más demoledores sobre las economías occidentales que la primera crisis, asociada a la guerra de Yom Kipur, entre Egipto e Israel.

Las primeras consecuencias del reciente ataque y posterior respuesta iraní, y la amenaza del bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que fluye un 20% del petróleo que se consume en el mundo y el mismo porcentaje del suministro de gas natural licuado (GNL), ya se han hecho notar.

Aunque se ha dicho que son los países que dependen directamente de este suministro los que se van a ver afectados (China, India, Japón y otros países asiáticos), lo cierto es que el impacto sobre los precios de la energía puede ser un problema serio para todos los países importadores, que sufrirán lo que los economistas llamamos un "choque de oferta negativo" (menos crecimiento y más inflación).

La Unión Europea, sin duda, se va a ver afectada negativamente y no son pocos los analistas que señalan este posible impacto como una de las motivaciones que animaron a Trump a meterse en esta operación orquestada por Israel y de consecuencias imprevisibles.

Magnitud y duración del choque. –

Tratar de calcular el impacto económico de este conflicto es un ejercicio inútil, porque no disponemos de información sobre las dos variables claves que determinarán ese impacto: (i) la magnitud del mismo y (ii) su duración.

Sólo tenemos algo de información sobre lo que ha pasado en la primera semana del conflicto en determinadas variables de los mercados.

Lo demás son expectativas, estimaciones, simulaciones y elucubraciones que, en el caso de las crisis geopolíticas son muy difíciles de concretar. Porque, como muchos dicen, de estos conflictos se sabe cómo empiezan, pero nadie sabe cómo terminan.

Lo único que podemos hacer, y no es poco, es recordar la magnitud y duración del choque de Ucrania, y tratar de evaluar si la situación actual se parece o no a aquella. En el Gráfico 1 presento la evolución del precio del barril Brent, la referencia para Europa desde hace 5 años.

Gráfico 1. Precio del petróleo Brent en los últimos 5 años

Gráfico 1

Llama la atención la subida reciente de los últimos días, desde los 72,45 $/barril del 27 de febrero, justo antes del ataque, a los 93,04 del cierre del viernes, un 28,4% en una semana. Pero los niveles de precios están muy por debajo de los alcanzados en el pico de la crisis de la invasión de Ucrania, los 128 $ el 8 de marzo de 2022.

Tras oscilaciones en torno a los 100-110 $, en junio de 2022 volvió a repuntar a los 120$ el barril. Por tanto, en términos de magnitud, estamos todavía muy lejos de los valores máximos alcanzados en los primeros meses de la invasión de Ucrania.

A estas oscilaciones del precio en dólar habría que añadir la evolución del tipo de cambio euro-dólar. Si el euro se deprecia frente al dólar, como está ocurriendo en esta crisis, el barril de petróleo nos saldría más caro en euros.

Aunque, de nuevo, partíamos hace una semana de un euro bastante fuerte frente a la divisa americana, algo que siempre ha buscado la administración Trump para tratar de reducir su déficit comercial.

Para terminar de evaluar de forma apropiada la magnitud, habría que medir el barril en términos "reales", es decir, descontando la evolución de la inflación global en los últimos años.

Por ejemplo, el valor real de 100 € en febrero de 2026 es equivalente a 87 € de 2022, en el caso del IPC español, pues la inflación acumulada ha sido cerca del 15% en los últimos 4 años.

Con respecto a la duración, el barril de Brent estuvo 9 meses por encima de los 90 $ el barril, y 14 meses por encima de los 80 $. Por eso, la incertidumbre sobre la duración es en estos momentos la mayor incógnita sobre el posible impacto económico de este conflicto.

En lo que se refiere al gas natural, en el Gráfico 2 presento la evolución de la referencia europea Dutch TTF, medido en euros por kilovatio-hora. Por tanto, no se ve afectado por la evolución del tipo de cambio.

Gráfico 2. Precio del gas natural TTF en los últimos 5 años

Gráfico 2

Las diferencias con el barril del petróleo son bastante llamativas. Es cierto que, en la última semana, el precio del gas ha subido un 65,7%, desde 32,22 a 53,39 €/Mwh. Pero los niveles están muy por debajo de los 250 €, alcanzados en la segunda quincena de agosto de 2022 (puntualmente llegó a 339 € el 26/8 de ese año).

Y hago esa comparación, sin corregir por la inflación del IPC general acumulada en estos años. Por todo ello, en lo que se refiere a la magnitud, estamos muy lejos de los niveles alcanzados en la crisis energética de Ucrania.

Con respecto a la duración, el MWh estuvo por encima de 70 € durante más de 12 meses, desde diciembre de 2021 (empezó a subir ya antes de la invasión, por el corte de suministro de gas ruso a Ucrania) hasta diciembre de 2022.

Y por encima de 50 €, los "preocupantes" valores actuales, estuvo desde agosto de 2021 hasta febrero de 2023, es decir, 18 meses. Estamos hablando, por tanto, de una crisis del gas de gran magnitud y gran duración.

Alguien dirá, con razón, que estoy comparando una crisis ya pasada, de la que conocemos su magnitud y duración, con otra que está empezando. Una crítica que es correcta.

Por ello, lo que hago a continuación es comparar la evolución de algunos indicadores de mercados en la primera semana de esta crisis, con frecuencia diaria, que son los únicos datos que disponemos, con los de la primera semana tras la crisis de Ucrania. Esto es lo que hago en la Tabla 1 a continuación.

Tabla 1. Comparación de indicadores de mercado en la 1ª semana: Irán versus Ucrania

Tabla 1

En las primeras 2 columnas presento esos indicadores para la crisis actual de Irán, comparando los datos diarios de las variables la víspera de la crisis (el 27/2/2026) con los de una semana más tarde (el cierre de mercado del viernes 6/3/2026). En la tercera columna, la tasa de variación a lo largo de esa primera semana.

En las 3 últimas columnas repito el ejercicio para la crisis de Ucrania, tomando como "víspera" de la crisis el día antes de la invasión (23/2/2022), aunque ya hemos comentado que algunas variables, como el precio del gas natural, empezaron a subir incluso meses antes de esa fecha.

De la Tabla 1 obtenemos algunas conclusiones interesantes, más allá de las diferencias de niveles que ya he comentado anteriormente. La primera es que el impacto sobre el precio del petróleo ha sido más intenso en la primera semana de esta crisis que en la de Ucrania, algo que también se ha notado en la traslación a los precios soportados por los automovilistas.

Sin embargo, el impacto sobre el precio del gas fue muy superior en la invasión rusa. En ambos casos se depreció el euro, pero el impacto fue mayor en la 1ª semana de Ucrania que en esta de Irán.

Es decir, el dólar no ha actuado tanto como "valor refugio", como tampoco lo ha hecho el oro, cuyo precio incluso ha caído en esta primera semana de Irán, frente a la subida del 4,5% en la primera semana de Ucrania.

Aunque resulte sorprendente, parece que el riesgo geopolítico de la actual crisis se percibe, por ahora, como inferior al de la invasión de Ucrania por Rusia.

Con respecto a las bolsas, ambas se han visto negativamente afectadas en la primera semana de crisis. Y las bolsas europeas se han visto más afectadas que la americana, en coherencia con el potencial impacto económico en una y otra región.

Sin embargo, resulta interesante que, esta vez, el impacto negativo sobre la bolsa norteamericana ha sido mucho mayor en la 1ª semana de Irán que el que sufrió tras la invasión de Ucrania, mientras que para las bolsas europeas el impacto ha sido esta vez menor. Una posible interpretación es que la renta variable no ve la actual crisis como estrictamente "europea", sino global.

Impacto sobre el IPC. -

Como con el resto de las variables macroeconómicas, el impacto sobre el IPC dependerá de la magnitud final del impacto sobre los precios de la energía y de su duración, pues cuanto más larga sea ésta, más probable será que se traslade al conjunto de los precios de la economía, a través de efectos de "segunda ronda" (transportes, alimentos, bienes industriales y, finalmente, servicios).

Pero ya podemos hacer un cálculo de cuál sería el impacto sobre el componente energético, en caso de que se mantengan los precios finales del componente energético del consumo tal cual se han situado en esta semana.

Desde el ICAE (Instituto Complutense de Análisis Económico) hemos hecho una primera estimación del impacto sobre la inflación de los 3 principales productos energéticos (gasóleo, gasolina y electricidad) que, en su conjunto, tienen un peso del 7,5% en el IPC general.

  1. Gasoil: su precio ha subido un 17,4% desde el día anterior del ataque. Si suponemos que se mantiene así todo marzo, el precio mensual subiría un +16,8% con respecto a la media de febrero, lo que tendrá una contribución de 3,6 décimas al IPC.

  2. Gasolina: su precio se ha elevado en un +9,2% en esta semana. Si suponemos que se mantiene hasta final de mes, el precio mensual subiría un +9,5%, con una contribución de 1,9 décimas al IPC.

  3. Electricidad: el precio regulado (PVPC) se ha elevado en 19,9% en la semana, lo que se traduce en una subida de 5,2% en el precio mensual de la electricidad, con una contribución de 1,7 décimas al IPC.

Por tanto, los tres componentes en su conjunto tendrían, hasta el momento, un impacto al alza de 7,2 décimas del IPC general, y ninguno sobre la subyacente.

Impacto sobre la política monetaria. -

En algunos medios ya se está hablando de una "subida de las hipotecas" como consecuencia del repunte inflacionista. Creo que habría que mostrar algo de mesura al respecto, aunque ese escenario no pueda ser descartado.

En nuestro caso, el Banco Central Europeo (BCE) esperará a ver tanto la magnitud como la duración del choque, y su transmisión al conjunto de la economía a través de impactos de segunda ronda.

Al tratarse de un "shock de oferta negativo" que se traduce en más inflación, pero menos crecimiento, la cautela es incluso más recomendable.

Otro caso sería el de la economía americana, país exportador de energía y que, por tanto, sufrirá "un choque de demanda positivo", es decir, más inflación y más crecimiento, lo que justificaría subidas más decididas de tipos de interés, lo que provocaría un nuevo conflicto entre Trump y la Reserva Federal.

En lo que se refiere al BCE, ¿cuál fue su política durante la crisis de Ucrania hace 4 años? En el Gráfico 3 recojo la evolución diaria de uno de los tipos de interés oficiales, el de la facilidad de depósito desde finales de 2021 a 2025.

Gráfico 3. Tipo de interés del BCE (facilidad de depósito) 2022-2025

Gráfico 3

Pese a que el BCE fue bastante "activo", durante la crisis de Ucrania, elevando los tipos de interés como nunca antes lo había hecho en sus 26 años de historia, tardó bastante en hacer su primer movimiento al alza (+0,50 p). No lo llevó a cabo hasta el 27 de julio de 2022, es decir, cinco meses después de la invasión de Ucrania.

Por el contrario, la Reserva Federal hizo su primer movimiento tan pronto como el 17 de marzo de 2022, menos de un mes después de la invasión. Y subieron más rápidamente y en mayor cuantía que el BCE.

Cuando el banco de la eurozona subió sus primeros 50 pb, la Reserva Federal ya lo había hecho en +200 pb, con 4 movimientos de 25, 50, 75 y 50, respectivamente, desde marzo a julio.

El escudo "social".-

En un próximo artículo daré mi opinión sobre la experiencia del "escudo social" puesto en marcha por el gobierno central y las CC.AA. durante la crisis de Ucrania. Vaya por delante que no considero "social" la subvención a las gasolinas y gasóleos para los consumidores finales.

El motivo es que una medida dentro del escudo social debe ser eficiente y progresiva. Dicha subvención no era ni lo uno ni lo otro. Y tuvo un enorme coste presupuestario. Espero que hayamos aprendido de los errores del pasado.

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