El bloc del cartero
Público Regala esta noticia Añádenos en Google 19/06/2026 a las 12:42h.Se duele una profesora del abandono del servicio público que presta, y que cada día encuentra más dificultades sin que aumenten los medios. Reflexiona un ... lector sobre si el desempeño público o la condición de funcionarios de quienes dan un servicio a la ciudadanía es la clave a la hora de sostenerlo o un rasgo contingente que no siempre conduce a que las necesidades queden mejor cubiertas. En la era del capitalismo desbocado a lomos de la tecnología y de la ambición sin límites de quienes la desarrollan, resulta crucial dilucidar cómo cuidamos del bien común, ese que apenas ocupa los pensamientos de los visionarios que nos predicen y de paso nos programan el futuro, aunque a veces lo disimulen con notoria desgana. En el tablero de lo que es de todos se juega la única esperanza para los desvalidos
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Carta de una docente
Me entristecen el desprecio a los docentes, el abandono de la Administración y la ausencia de autoridad en el trabajo. La escuela pública está sin recursos, con instalaciones obsoletas y climatización precaria. Desbordados por una burocracia que impide centrarnos en nuestra tarea, los docentes nos hemos convertido en trabajadores sociales que suplen las carencias de las familias y la Administración. El alumnado es depositado en la escuela como se aparca un coche en un garaje y llega –en general, no todo– sin educación, límites ni normas, prepotente y muy perdido. Muchas veces, la escuela es el único lugar seguro para ellos. Y del profesorado se espera todo a cambio de un sueldo congelado. El fracaso no es de la escuela pública, sino de una sociedad enferma y de un sistema no actualizado a los nuevos retos y exigencias, a un mundo globalizado de una diversidad, riqueza y heterogeneidad sin precedentes, donde conviven culturas y lenguas diferentes. Y en medio de esta vorágine, la Administración mira a otro lado y nos deja solos, a la deriva, culpándonos de la situación, como si nosotros la hubiéramos causado. | Beatriz Martínez Solaz. Valencia
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Luz y esperanza
Cuando creíamos que la maldad, el egoísmo y el fanatismo lo invadían todo, ha entrado en Madrid la luz y la esperanza de la mano del Papa León XIV: hablando de amor, consuelo, oportunidades, justicia, respeto al diferente, al que no ha nacido y al que no quiere vivir. Con una sonrisa y una humildad que no vemos en nuestros dirigentes y que nos permite coger fuerzas para seguir entre todos por el camino del amor y el bien. Ojalá su mensaje nunca se apague y nos siga iluminando. | Ángela B. P. Madrid.
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Aunque no lo parezca, nos necesitamos
Aunque de la sensación de que vivimos en un mundo cada vez más individualista, aunque parezca que no escuchamos a los otros, tenemos la necesidad innata de contar historias; anécdotas, experiencias, sucesos, cotilleos, quejas, consejos, opiniones… Y lo hacemos para comunicarnos, para sentir que no estamos solos, que alguien nos escucha, nos interpela, o discrepa. Contamos para vernos en los demás; aunque no nos gusten sus respuestas. Lo que necesitamos aprender es a pulir, o reforzar el diálogo, la conversación con escucha activa, y la réplica con argumentos. Aprender que lo importante no es tener o imponer nuestra razón; que lo verdaderamente importante es escuchar, entender, empatizar y razonar. Nuestras historias están hechas de las historias de los otros, y que son inútiles si nadie las escucha, y que todas se enriquecen con la opinión de los demás. Hasta para negociar y alcanzar un acuerdo, conviene escuchar, empatizar y razonar con el contrario. Todos ganamos y perdemos algo en una transacción justa. Pero cuando solo triunfan los intransigentes y los fuertes, entonces vence la injusticia, surge la desafección, el conflicto y, a menudo, la violencia justificada de los perdedores. | Víctor Calvo Luna. València.
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¿Es la IA fiable?
Hace días que me hago una pregunta: ¿Es fiable la IA? ¿En algún momento lo que yo escribo u opino no podría ser desvelado y quedar mi imagen y mi pensamiento expuesto al público en general? Es una pregunta muy sensata. La IA puede ser muy útil, pero no conviene tratarla como un lugar totalmente privado o íntimo, igual que tampoco lo sería una red social o muchos servicios digitales. En términos generales: las conversaciones no se publican automáticamente ni quedan visibles para otros usuarios y las empresas que ofrecen IA suelen aplicar sistemas de seguridad y privacidad. Pero cualquier servicio conectado a internet implica cierto grado de confianza en quien lo gestiona. Por prudencia, es recomendable no compartir: contraseñas, documentos sensibles, información médica muy privada, confesiones que podrían perjudicarle seriamente si algún día fueran expuestas. Sobre opiniones personales o políticas, el riesgo real para un usuario normal no suele ser que «mañana aparezcan publicadas», pero tampoco puede afirmarse que exista privacidad absoluta y eterna en ningún sistema digital. Históricamente, incluso grandes empresas y gobiernos han sufrido filtraciones, hackeos o usos polémicos de datos. También hay otra cuestión importante: muchas plataformas utilizan conversaciones —anonimizadas o parcialmente procesadas— para mejorar sistemas, salvo que el usuario desactive ciertas opciones de entrenamiento o privacidad cuando están disponibles. La mejor actitud es usar la IA como usaría un correo electrónico profesional: útil, razonablemente seguro, pero no equivalente a una conversación sacramental o completamente inviolable. Y hay algo más que merece decirse: hoy mucha gente termina hablando con la IA de asuntos emocionales, políticos o espirituales porque ofrece escucha inmediata y sin confrontación. Eso puede dar sensación de intimidad o confidencia profunda. Conviene mantener cierta conciencia de que sigue siendo una herramienta tecnológica, no un confesor, un abogado ni un espacio blindado. | Cayetano Peláez del Rosal. Correo electrónico.
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LA CARTA DE LA SEMANA
¿Por qué la he elegido…? Porque es la mirada la que construye la realidad, y cada cual puede y debe elegir la suya.
La belleza está en los ojos del que mira
Ser joven hoy significa vivir en un escenario abierto, donde parece obligatorio someter cada acto y cada personaje al veredicto ajeno. Existe una presión invisible y asfixiante que nos empuja a muchos adolescentes a buscar una aprobación mínima, como si nuestro valor dependiera solo de cómo interpreta el público nuestra función. En medio de ese bucle, alguien que me importa muchísimo me regaló una lección: «La belleza está en los ojos del que mira». Es una verdad profunda. Desde siempre, innata en nuestra naturaleza, la belleza ha nacido de la empatía y de la capacidad de descubrir el mundo en comunidad, aprendiendo a encontrar lo extraordinario en lo más ordinario. Ojalá que quienes se sienten juzgados logren escapar de ese lugar. Yo lo hice en su día. Y no solo empecé a brillar más: también a conocerme y a abrir el corazón a los demás sin miedo.
Olivia Ryan Maiz. Pamplona
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