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Pablo Grandes, el técnico español que pelea un ascenso en Arabia

Pablo Grandes, el técnico español que pelea un ascenso en Arabia
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De convivir con una selección que hizo historia a pelear un ascenso en Arabia cerca de Yemen: la vida, la liga, los cracks y la cocina real de un entrenador que se ha hecho a sí mismo lejos de casa y que cuenta su experiencia en MARCA
FútbolPablo Grandes, el técnico español que pelea un ascenso en Arabia: “Esto no se va a desinflar”

De convivir con una selección que hizo historia a pelear un ascenso en Arabia cerca de Yemen: la vida, la liga, los cracks y la cocina real de un entrenador que se ha hecho a sí mismo lejos de casa y que cuenta su experiencia en MARCA

Pablo Grandes, el técnico español que pelea un ascenso en Arabia: “Esto no se va a desinflar”Pablo Grandes, el técnico español que pelea un ascenso en Arabia: “Esto no se va a desinflar”MARCA
  • NACHO LABARGA
Actualizado 14/02/2026 - 07:30CETMostrar comentarios0

Hay días en los que el fútbol se resume en una pizarra. Y otros en los que se resume en un mensaje de voz desde miles de kilómetros, una conexión inestable, el ruido de fondo de una ciudad que nunca has pisado. A Pablo Grandes le toca vivirlo así: lejos, intenso, rápido. "Día a día muy intenso. Todo", dice. Y antes de que le dé tiempo a hablar de ligas, de proyectos, de estrellas que aterrizan en el desierto, se le escapa lo primero que echa de menos: "Por supuesto, se echa de menos a la familia, porque aquí vine solo".

Está en Arabia Saudí. En el sur. En Najran, "en el borde con Yemen". El mapa no es un detalle menor: condiciona la rutina, el ritmo, los planes de fin de semana, el aire que se respira. Y aun así —o precisamente por eso— se le nota satisfecho. No posa. Lo cuenta como quien va tachando etapas de una aventura profesional que le ha cambiado. "Muy contento, disfrutando el día a día y echando de menos España también, por supuesto".

No está solo, al menos no del todo. En el cuerpo técnico hay una pequeña España itinerante, un pedazo de Europa trasplantado al sur de la península arábiga. "Somos 7 en el cuerpo técnico. Uno es iraquí, un italiano y el resto somos españoles". Esa burbuja ayuda. Sirve de red, de traducción cultural, de hogar provisional cuando el hogar está a cinco horas de avión y otros tantos siglos de distancia.

Y desde ahí, desde Najran, Pablo observa un fenómeno que en Europa se analiza con lupa, con desconfianza y curiosidad a partes iguales, y que allí se vive con la naturalidad de lo cotidiano: el fútbol árabe como industria que crece, como escaparate y como promesa.

Irak, Arabia… y el aprendizaje a golpes de realidad

Cuando le pregunto por las diferencias entre los países en los que ha estado —Irak, Arabia, con Egipto como escala de pretemporada—, Pablo no tira de tópico ni de frases hechas. Lo explica desde dentro, desde lo vivido, desde el banquillo y la habitación de hotel.

Irak fue, primero, selección. Y ahí su voz cambia de registro, porque ahí hay recuerdos con brillo, de esos que se cuentan despacio. "Tuve la suerte de vivir momentos muy, muy bonitos", arranca, y enseguida enumera sin que suene a lista de logros: "Poder ganar esa Copa del Golfo, participar en la Copa de Asia, poder ganar ese partido contra Japón, que fue algo histórico". Sigue: "Partidos de clasificación para el Mundial. Pude estar en la Olimpiada también… como asistente con la Olímpica de Irak". Y remata con un resumen que vale para todo lo que vino después: "Viví cosas muy bonitas".

En clubes, Irak le mostró otra cara. La de una liga competitiva, económicamente fuerte para el extranjero… pero con grietas estructurales, con fisuras que se notan en lo pequeño. "Es una liga fuerte, muy competitiva. Un buen nivel de extranjero, un buen nivel competitivo", insiste. Pero luego aparece la letra pequeña, esa que no sale en los comunicados oficiales. "Tienen que mejorar a nivel de infraestructura. Tienen muy buenos estadios, pero todo un poco mal cuidado. Los césped en muchos estadios no están bien", dice alguien que tiene como agente a Sergio Castro, de la agencia Total Football Sport Manager.

El ejemplo que pone es especialmente revelador, porque no habla de un campo perdido en las afueras, habla de grandes nombres. "Ves las instalaciones deportivas de equipos grandes que están jugando Champions asiática y evidentemente no corresponde con el nivel del club".

Arabia, en cambio, le ha mostrado el siguiente escalón. El salto. "Aquí, en Saudí, en lo que es instalaciones y desarrollo de la liga… se ha invertido mucho". Y Pablo señala el punto de inflexión con nombres propios, esos que aparecieron en todos los titulares: "Cuando vino Ronaldo, Benzemá y compañía". Y con un horizonte que lo explica todo, que justifica cada inversión, cada fichaje millonario: "Tienen el Mundial a la vista… en 2034".

Y lo concreta en lo que él ve cada día: "Hoteles, campus, ciudades deportivas, estadios, césped… todo eso, mucho mejor".

Incluso matiza jerarquías internas, hace radiografía de ligas: la primera saudí, dice, "sí es más fuerte" que la iraquí; y las categorías inferiores se aproximan, se rozan. "El resto, las siguientes divisiones, la segunda y tal… es verdad que algo menos, pero que hay bastante nivel, que se podría comparar a lo mejor con una de allí de Irak".

No es una frase para quedar bien. Es una radiografía desde el banquillo, desde quien se ha sentado en ambos.

Los 'problemas' de Arabia: pagos, estructuras y un proyecto que no va a frenarse

Arabia ha crecido a una velocidad que Europa mira con desconfianza, con curiosidad, con envidia mal disimulada. Y en medio, noticias que generan ruido: cambios de club de estrellas, tensiones entre vestuario y directiva, dudas sobre la sostenibilidad del modelo. Pablo lo vive "con expectación".

"Estamos todos ahí un poco expectantes a ver qué pasa", reconoce. Pero enseguida pone orden, contextualiza: "Aquí tienen el proyecto de ellos… sobre todo de cara al Mundial 2034". Y recuerda algo que a veces se olvida entre tanto ruido mediático: "Estaba yendo todo a una velocidad importante". No eran solo veteranos de retirada buscando un último contrato dorado. "Cada vez estaban viniendo jugadores incluso más jóvenes de muy buen nivel".

¿Dónde está el nudo, entonces? En el modelo de clubes, en cómo se sostienen. "Hay como dos tipos de clubes: los que dependen del gobierno y los que tienen compañías detrás". Y eso, en el día a día, se traduce en un verbo que lo explica todo, que marca la diferencia entre quedarse o largarse: retrasar. "Los que dependen del gobierno algunas veces tienen problemas… con retrasos en los pagos".

Y cuando hay retrasos, el jugador —sobre todo el jugador con mercado, con ofertas en la mesa— decide. "Al final ellos tienen otras opciones. Prefieren salir. Y cuando ven algo ahí que no les cuadra… no tienen la necesidad de aguantar".

¿Se va a desinflar como pasó con China, que durante un tiempo pareció el futuro del fútbol y ahora es casi una anécdota? Pablo lo descarta. Y no lo hace desde el entusiasmo ciego, sino desde el cálculo frío. "No se les va a acabar el dinero en uno o dos años, ¿no?". Por eso repite, convencido: "Yo creo que seguirán". Puede irse "una estrella de las gordas", pero "tendrán capacidad para atraer a otra".

Y aquí aparece un motivo personal, casi íntimo, que explica por qué eligió Arabia cuando tenía otras opciones. "Yo estaba en Irak. Tenía una opción de seguir allí en la primera división de Irak. Y decidí venir aquí… por el proyecto que hay aquí, cómo está creciendo la liga". No vino por estar en la foto, sino por estar dentro de la película mientras se rueda. "Si soy capaz de seguir aquí unos años… igual tengo opciones de estar en ese nivel, en la primera división". Y lo dice con una palabra que en su entrevista aparece varias veces, como un mantra: "Reto".

Najran: vida sencilla, trabajo y adaptación

La imagen que tenemos de Arabia suele ser Riad, Jeddah, los rascacielos que desafían la lógica, los hoteles de lujo donde los fichajes posan con la nueva camiseta. Pablo vive otra Arabia. Una más tranquila, más austera, más real.

"No vivo en una ciudad grande porque estamos en una zona… al sur". Y describe Najran como la ve, sin filtros: "La ciudad en sí está bien. Un poquito más cerrada, que tampoco tiene mucho, pero está bien". Le gustan cosas que a veces parecen pequeñas, pero cuando estás fuera se vuelven esenciales, casi sagradas: "Limpia, organizada… buenos hoteles, buenos sitios para comer". Y ahí vuelve la rutina, la que ancla los días: "Mucho café, mucha cafetería".

Cuando viaja a las grandes ciudades por partidos, el contraste aparece, casi brutal. "Cuando hemos ido a jugar a Riad, o a Jetta, o a Jobar… son ciudades espectaculares". Allí, dice, "tienen de todo" y "son más abiertas".

Y añade un detalle que rompe prejuicios, que desmonta ideas preconcebidas: otros españoles "se están trayendo a sus familias" y "hacen vida totalmente normal". Con matices, claro: "Te tienes que adaptar a algunas cosas, algunas costumbres… por supuesto". Pero el balance es claro, rotundo: "Muy contento… perfectamente adaptado".

Su vida, al final, se parece a la de tantos técnicos que entrenan lejos de casa: trabajo, trabajo y más trabajo. "Hacemos una vida muy centrada en el trabajo, sobre todo". Y en los huecos, cuando los hay, algo de aire: "Un deporte, visitas a alguna ciudad algún día que tenemos libre".

Talento hay. Lo que falta es hábito

Cuando entramos en el fútbol puro —técnica, táctica, aficionados, ese ADN que marca la diferencia— Pablo no se guarda elogios. El talento está. No hace falta importarlo. "Te encuentras jugadores de mucho nivel, de mucho talento". Y recuerda Irak como una cantera natural, inagotable: "Veías que de cualquier zona, cualquier pueblo, salían jugadores de mucho talento. Mucho fútbol de calle".

Arabia también. "Aquí en Arabia también encuentras jugadores de mucho talento". Y en el apartado táctico, incluso percibe un paso adelante, consecuencia directa de la influencia extranjera. "Han tenido entrenadores europeos… y a nivel táctico, algo más avanzado".

Pero hay un punto, uno solo, donde el europeo lo nota nada más aterrizar. "Lo que más echamos en falta cuando venimos de fuera es la profesionalidad… en cuanto a los hábitos". Y Pablo lo baja a tierra, a lo concreto: "Dormir, buena comida, hábitos de gimnasio". Esa "interiorización" de ser profesional que en Europa se da por hecha, que se respira desde la cantera.

Y aquí muestra oficio, experiencia: no intenta cambiarlo a martillazos, a gritos. "No puedes llegar y cambiarle de un día para otro. Lo tienes que hacer de forma progresiva". Y aun así, se queda con lo positivo, con lo que construye: "La ambición que tienen y las ganas que tienen de aprender". "Ellos están muy abiertos", insiste, y habla de una relación "espectacular" con los jugadores.

La Supercopa, la selección saudí y el salto hacia 2034

Arabia no solo compra jugadores: compra eventos, compra impacto, compra relato. La Supercopa de España es un ejemplo perfecto. Pablo lo entiende desde las dos orillas, desde ambas miradas. "Entiendo que perjudica a los aficionados de los clubes españoles", admite. Pero para ellos "es un evento". "El seguimiento de la liga española es total". En Irak, dice, "pasaba igual: era una locura".

Sobre la selección saudí, reconoce el nivel, el potencial. "Es una selección fuerte". Pero advierte una consecuencia no prevista del aluvión de extranjeros: "Ha perjudicado un poco a la selección, porque en los equipos más fuertes hay mucho extranjero de mucho nivel y eso perjudica que los saudíes jueguen menos". Aun así, cree que el camino está trazado. "Están en el camino".

"Valorar lo que tienes": la aventura que le cambió

"Son experiencias únicas". Recuerda la llamada que le cambió la ruta. "Venir a un país como Irak… de primeras te impactaba". Pero luego llegó lo inesperado: "El día a día fue espectacular. El cariño de la gente, increíble". Y vuelve a insistir en un concepto que le marcó: "Seguridad… increíble".

¿Y el efecto personal? "Te valen para siempre. Para curtirte. Para valorar lo que tienes en tu país. Para valorar a tu familia". En lo profesional, lo define sin rodeos: "Ha sido el gran paso que he podido dar". Y lo resume con su mantra: "Aprendizaje diario, aprendizaje".

¿Qué entrenador es Pablo Grandes?

"Intento ser un poco camaleónico". Adaptarse al jugador, al contexto, a la liga. "Me gusta que los equipos sean organizados". Y también "valientes". Y deja una frase que le define: "Adaptar nuestro juego a las características de los jugadores para que ellos exploten sus condiciones".

El reto: un club con pasado, un ascenso en el horizonte

"Estamos en un club que se llevó muchos años en primera y ha pasado los últimos años muchas dificultades". Ahora miran arriba. "Estamos cerca de los puestos". "El primero asciende directo y el segundo juega un playoff". Están "a tres puntos del playoff" y "a cuatro puntos del primero. "Vamos muy partido a partido". Y después, ya se verá. "Estoy disfrutando mucho. Y quiero seguir más años haciendo esto".

El próximo crack: "alguno picará"

"Carvajal llama mucho la atención aquí". Cree que "tiene muchas posibilidades de venir". Y sobre las grandes estrellas jóvenes, deja una frase que en Arabia suena a profecía: "Alguna sorpresita habrá… y a alguno le acabarán tentando. Y alguno picará".

Cristiano y Benzema: lo que mueven

"Lo que mueven es impresionante". "Impresionante". Si se fueran, "apostarán por otros". La liga "seguirá". Pero "son dos nombres muy grandes" y "todavía aquí tienen peso". "Somos muchos los españoles que estamos fuera". Y agradece que se acuerden de ellos. Entre medias, una confesión sencilla: "Sigo MARCA".

En Najran, con el café como pausa y el ascenso como objetivo, Pablo sigue sumando contexto, oficio y aprendizaje. "Mi deseo es seguir creciendo y ver hasta dónde puedo llegar en esto del fútbol".

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Fuente original: Leer en Marca
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