La cantante Patti Smith durante un concierto en el festival Les Nits de Barcelona, en el Palau de Pedralbes, el 5 de julio de 2024. Foto: Lorena Sopena / Europa Press
MúsicaPatti Smith, Princesa de Asturias de las Artes: sesenta años bailando descalzaSu relevancia cultural reside en su capacidad para inspirar. Entiende el arte como un compromiso con la verdad, la belleza y la justicia.
Más información:La cantante y poeta Patti Smith, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026
Carlos Reviriego Publicada 29 abril 2026 16:09hMadrina del punk, reina de la bohemia, emperatriz de la numerología, musa del caos y poeta rimbaudiana, Patti Smith (Chicago, 1946) es más que una artista, es un icono, una de esas figuras claves de la cultura contemporánea que, de no existir, habría que inventarla.
El Premio Princesa de Asturias de las Artes suma de este modo a su "palmarés musical" la primera voz femenina en solitario (se le concedió a Galina Vishnevskaya junto a Mstislav Rostropovich en 1991), que acompaña de este modo a Paco de Lucía (2004), Bob Dylan (2007), José Antonio Abreu (2008), Leonard Cohen (2011), Ricardo Muti (2011) John Williams (2020) y Ennio Morricone (2020) en tan alto honor.
A sus casi ochenta años, Smith encarna una rara combinación de poeta, cantante, fotógrafa, dibujante, performer y activista cuya influencia se extiende a lo largo de más de cinco décadas, atravesando generaciones y disciplinas. Desde sus inicios en el Nueva York de finales de los años sesenta, periodo de estrecheces económicas y altas ambiciones bajo el influjo beatnik, que relata en sus extraordinarias memorias junto al artista Robert Mapplethorpe en Éramos unos niños (2010, National Book Award), Smith se situó en el fructífero cruce entre literatura y música.
Patti Smith en sus memorias más maduras: una dolorosa viudedad y la búsqueda de su padre biológicoPoderosamente influida por autores como Arthur Rimbaud (de adolescente devoró una y otra vez Las iluminaciones), Jean Genet o William Blake, desarrolló una propuesta artística que desafiaba las fronteras convencionales, siguiendo a la musa allí donde la llevara, desde el rock más estructurado al libre experimentalismo.
Nunca quiso cantar, era muy tímida, pero descubrió la seducción que su voz ejercía en el público y cómo sus versos, a veces declamados, encontraban el vehículo adecuado a través del rock, poderosamente influida por Bob Dylan, que se convirtió en su modelo a seguir en el escenario. "Habíamos hecho cola durante horas en Sam Goody para comprar Blonde on Blonde y buscado por toda Filadelfia un pañuelo como el que Bob Dylan llevaba en la carátula –escribe en las memorias–. Encendimos una vela por él cuando tuvo su accidente de moto".
Muchos años después, cuando al bardo de Minesota le concedieron el Nobel de Literatura, ella fue la escogida por Dylan para que interpretara su música en el Concert Hall de Estocolmo. Nos regaló la interpretación en directo de "A Hard Rain’s A-Gonna Fall" más emocionante que nos ha legado el registro audiovisual, que tuvo que interrumpir y recomenzar al quedarse en blanco. Es también la interpretación más perfectamente imperfecta, pues completa la odisea que narra.
Tras pulir su talento en el teatro –con su pareja, el dramaturgo Sam Shepard, coescribió y protagonizó la obra autobiográfica Cowboy Mouth (1971)– y la poesía –como miembro del subversivo St. Mark’s Poetry Project–, el éxito le sobrevino bien pronto, con Horses (1975), su álbum debut. Considerado una obra fundacional, redefinió los límites musicales al incorporar una dimensión literaria poco habitual.
Más que canciones, Smith ofrecía invocaciones: textos que oscilaban entre la confesión, la protesta y la revelación, con temas indelebles como "Gloria: In Excelsis Deo", "Redondo Beach" o "Break It Up".
Esta fusión de poesía y rock no solo influyó en la evolución del punk, sino que abrió camino a formas posteriores de música alternativa, como el de su siguiente álbum, Radio Ethiopia (1976), que cogía prestadas las improvisaciones del free jazz para introducir una naturaleza vanguardista a las raíces de tres acordes del rock & roll. La propia estética de Smith –sobria, andrógina, sin artificios– se convirtió en un símbolo de autenticidad frente a la industria cultural.
La viralidad no es mágica, se compra: cómo la industria musical está fabricando el éxito de sus artistasSu irrupción en la escena cultural de los setenta no fue por tanto simplemente musical, sino un verdadero gesto de ruptura estética y simbólica en tiempos de desencanto tras la fiebre contracultural, allí donde nacía lo que vendría llamarse la actitud punk.
Patti Smith transformó el escenario en un espacio de declamación, de intensidad emocional y de exploración espiritual. A día de hoy, como atestiguan sus conciertos (ha actuado varias veces en España, la última el año pasado en el Teatro Real de Madrid, donde interpretó íntegramente Horses), sigue manteniendo esa línea, que entronca con uno de los rasgos más significativos de su trayectoria: el compromiso con la dimensión ética del arte.
Temas como "People Have the Power" se han convertido en himnos de protesta y esperanza, reflejando una visión profundamente política de la creación. El arte entendido como una herramienta de transformación social, que la vincula con la tradición de la canción protesta y con una concepción humanista de la cultura.
Pero a pesar de su tránsito por los márgenes, nunca se alejó de cierto gusto popular: coescribió junto a Bruce Springsteen un gran hit, "Because the Night" (1978), y el impacto de su figura entre contemporáneos y descendientes artísticos es inconmensurable. PJ Harvey, Beth Gibbons, Fiona Apple, St. Vincent (Annie Clark), Cat Power o Billie Eilish, definitivamente, no existirían sin ella.
Ringo Starr, el Beatle rendido al 'country': el arte de seguir haciendo buena música pasados los 80Su vida también ha estado marcada por decisiones poco habituales en la industria musical. En 1979, en pleno ascenso de su carrera tras la publicación de Wave (que incluye el clásico "Dancing Barefoot"), se retiró temporalmente para dedicarse a su familia. Después de este hiato, en el que perdió a su marido, Fred "Sonic" Smith, su trabajo se hizo más meditativo, más sutil, como el memorable álbum Gone Again (1996), si bien no perdió la fiereza del rock en entregas como Gung Ho (2000) y Banga (2012), que el tiempo colocará en su lugar si aún no lo ha hecho.
La relevancia cultural de Patti Smith también se manifiesta en su capacidad de diálogo con otras tradiciones artísticas. Aparte de sus memorias, ha desarrollado una intensa actividad en fotografía, dibujo y artes visuales. Esta tendencia multidisciplinar es central en su propuesta: Smith entiende el arte como un continuo diálogo entre la palabra, la imagen y el sonido.
El reconocimiento del Fundación Princesa de Asturias subraya precisamente esta capacidad de Smith para conectar disciplinas y sensibilidades de distintas generaciones, destacando su "creatividad impetuosa" y su capacidad para plasmar la rebeldía del individuo en la sociedad contemporánea.
El impacto de Patti Smith no puede entenderse únicamente en términos musicales. Su legado se inscribe en un contexto más amplio: el de la cultura contemporánea como espacio de hibridación y resistencia. Su obra ha contribuido a cuestionar las jerarquías entre alta y baja cultura, entre poesía y rock, entre arte y vida.
En última instancia, su relevancia cultural reside en su capacidad para inspirar. Más allá de sus discos o sus libros, Patti Smith ha construido una actitud: la de quien entiende el arte como un compromiso con la verdad, la belleza y la justicia.
En estos tiempos de incertidumbre y vacío moral, su voz poética, rebelde y profundamente humana sigue resonando como una impagable forma de resistencia. Hoy, como siempre, sigue bailando descalza en el escenario. Y que siga haciéndolo por muchos años. Seguramente nuestro quebrado mundo la necesita más que nunca.