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Peces, frutas y goteras 'tocan' la sinfonía plástica de Yuko Mohri

Peces, frutas y goteras 'tocan' la sinfonía plástica de Yuko Mohri
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Entre el zen y el punk, la artista japonesa mezcla arte, naturaleza y tecnología en las esculturas sonoras y cinéticas y que expone en Santander

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Yuko Mohri ante su instalación 'Piano Solo: Belle-Île' en las salas del Centro Botín. M.L. Arte-Centro Botín Peces, frutas y goteras 'tocan' la sinfonía plástica de Yuko Mohri

Entre el zen y el punk, la artista japonesa mezcla arte, naturaleza y tecnología en las esculturas sonoras y cinéticas y que expone en Santander

Miguel Lorenci

Santander

Viernes, 3 de abril 2026, 00:47

... los compositores para interpretar sus partituras. No en vano, ella compone 'esculturas musicales', unas piezas 'vivas' para las que se sirve de fenómenos físicos, naturales y técnicos. Es capaz de convertir en músicos a pececillos o frutas en descomposición, campos magnéticos o goteos.

Allí expone ocho esculturas cinéticas en las que los pececillos y algas de un acuario, las frutas en descomposición, las olas del Cantábrico, el magnetismo, las goteras o el polvo recogido por plumeros o papel higiénico «actúan como compositores», según Mohri.

Duchamp y Calder

A caballo entre Duchamp y Calder, conecta objetos encontrados y viejos instrumentos musicales que reelabora a circuitos electrónicos y campos magnéticos para explorar «los vínculos invisibles e interacciones entre objetos, fuerzas, sonidos y personas». Unos guantes de fregar, cacerolas, coladores, plumeros, bolsas de plástico y bucles de papel arman la disonante sinfonía orquestada por Mohri con notas como el azar, el tiempo, la gravedad o el aire.

Intalación que genera sonidos por el goeteo del agua. M.L.

«Todo está interconectado. Nada actúa de forma independiente», señala Bárbara Rodríguez Muñoz, comisaria de la mayor muestra en Europa de Mohri. Su juego plástico enlazando cachivaches y elementos naturales «genera cambios visuales y sensoriales apelando a cuestiones sociales, filosóficas y medioambientales», explica la comisaria.

Concibe Mohri sus piezas como «un sistema orgánico, retorcido y trenzado a través de palabras clave como error, improvisación y retroalimentación». Da a sus montajes un enfoque lúdico e ironiza de forma sutil con los materiales y las referencias culturales e iconográficas a las que recurre: de la filosofía y el zen al punk y el pop, el manga o la música de John Cage y Erik Satie. «Ambos fueron punk a su manera», dice Mohri.

Fuerza motriz

«Trabajo improvisando. Valoro la inspiración que me proporciona el lugar y el encuentro con cada escultura», explica Mohri, que adapta sus creaciones a los espacios que las acogen. Para Santander ha creado varias pinturas con tela tensada de altavoz como lienzo.

Una «fuerza motriz» que activa un circuito dinámico guía cada instalación. Piezas como 'Flutter' (2018), un acuario con sensores que perciben el movimiento de los peces, de las plantas acuáticas y las variaciones luz. Generan impulsos que 'componen' una pieza influida por los experimentos sonoros de John Cage y los vídeos de Nam June Paik.

En 'Piano Solo: Belle-Île' (2021-24), un piano modificado 'interpreta' de forma autónoma el vaivén de la olas del Cantábrico que Mohri grabó en Costa Quebrada y los ruidos y el trajín de la sala. La creó en plena pandemia, cuando no pudo colaborar con músicos, como solía. Reconectó con la naturaleza en un bosque, grabando el canto de los pájaros, el susurro de un arroyo y el murmullo del viento entre las hojas. La naturaleza aporta así las pistas sonoras que percuten los martillos sobre el cordaje del piano autónomo.

En 'Decomposition' (2021) obtiene luz y sonido de la electricidad generada por naranjas, limones y manzanas. Conecta electrodos a la fruta, que a medida que se pudre y pierde agua activa series sonoras y lumínicas. El título juega con lo opuesto a la descomposición, composición, concepto musical clave para Mohri.

La electricidad generada por la descomposición de las fruta crea luz y sonido en esta pieza de Mohri. M.L.

En 'Me encerrasteis en una tumba, me debéis al menos la paz de una tumba' crea una coreografía hipnótica con una escalera de caracol suspendida que gira como un planeta sobre su eje. La rodean cuatro altavoces también giróvagos que distorsionan y amplifican el sonido que reverbera por la sala. Lo generan cuerdas que vibran con dos arcos eléctricos (arcos E) que producen una gama de armónicos. Un sistema digital orquesta la secuencia controlando el flujo rítmico del sonido y la luz.

Premio Calder

Mohri, que vive y trabaja en Tokio, donde estudió Bellas Artes, ganó el premio Calder y representó en 2024 a Japón en la 60 Bienal de Venecia. Su época punk marcó su enfoque artístico. Influenciada por el movimiento Fluxus de los años sesenta, en los difusos límites entre los mundo visual y acústico, monta y desmonta su estrafalarios instrumentos musicoescultóricos para «ofrecer nuevas perspectivas y formas de interactuar con el mundo que nos rodea».

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Escultura cinética y sonora de Mohri con objetos cotidianos como guantes de fregar y pinzas. M.L.

Una versión menos extensa de 'Entrelazamientos' se vio el año pasado en Pirelli Hangar Bicocca (PHC) de Milán tutelada por Vicente Todolí. Las obras de Mohri están en grandes museos de arte contemporáneo de Asia, Europa y América.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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