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Pedro J. Ramírez y José Antonio Sánchez, además de la amistad: “Tenemos una mirada compartida sobre los valores y el contrapoder de los medios”

Pedro J. Ramírez y José Antonio Sánchez, además de la amistad: “Tenemos una mirada compartida sobre los valores y el contrapoder de los medios”
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Es la primera vez que Pedro J. Ramírez, presidente ejecutivo y director de EL ESPAÑOL y José Antonio Sánchez, presidente ejecutivo y editor de El Confidencial, dialogan en público. En privado, lo han hecho durante medio siglo de amistad. Hoy, ponen el foco en el presente y el futuro del periodismo y de un modelo de negocio que vive cada vez más presiones.
Entrevista Pedro J. Ramírez y José Antonio Sánchez, además de la amistad: “Tenemos una mirada compartida sobre los valores y el contrapoder de los medios”

Es la primera vez que Pedro J. Ramírez, presidente ejecutivo y director de EL ESPAÑOL y José Antonio Sánchez, presidente ejecutivo y editor de El Confidencial, dialogan en público. En privado, lo han hecho durante medio siglo de amistad. Hoy, ponen el foco en el presente y el futuro del periodismo y de un modelo de negocio que vive cada vez más presiones.

Créditos Texto Ana Núñez-Milara Fotografía David Morales Sara Fernández Vídeo Cristina Villarino Raquel Sáez Dirección creativa Lina Smith Fecha de publicación:

10 noviembre 2024, 1:06h

Actualizada:

24 noviembre 2024, 21:32h

Esta es la puesta de largo de una amistad que comienza en 1980: uno, era un director precoz; otro, un chaval ‘de barrio’ que entraba en la redacción de Diario 16 con ganas de ejercer el oficio. La historia reciente de España se puede contar a través de estas biografías que, en paralelo, han moldeado el pulso informativo del país, desde aquel 23-F hasta los recientes escándalos de corrupción. La revista Magas, con motivo de su tercer Bookazine, reúne a Pedro J. Ramírez y a José Antonio Sánchez (al que todos llaman JAS), dos periodistas que dedicado su vida a poner el foco en el poder y en sus excesos, convencidos de que este oficio no es solo una forma de vida, sino un deber ante la sociedad. La conversación entre los dos directores cobra especial relevancia al coincidir con el 25 aniversario de El Confidencial y el reciente décimo aniversario de EL ESPAÑOL, dos diarios que marcan hoy la actualidad.

José Antonio Sánchez y Pedro J. Ramírez, en la sede de EL ESPAÑOL

¿Es posible dirigir y editar medios diferentes y no mirarse de reojo?

José Antonio Sánchez. Al revés. Uno de los grandes activos de alguien que se dedica a nuestra actividad es aprender. Y si la persona que tienes enfrente es alguien como Pedro J., que ha marcado parte de mi carrera profesional, adquiere más importancia el acto de compartir, discutir y contrastar. Es un ejercicio imprescindible con él y con toda la industria.

Pedro J. Ramírez. Para mí es una alegría que JAS esté hoy en la sede de EL ESPAÑOL. Entre nosotros se da una situación singular: él dio sus primeros pasos como periodista junto a mí y aprendió lo que era la empresa informativa. Y cuando tuvimos que fundar EL ESPAÑOL como medio nativo digital, la referencia a la que queríamos parecernos era al Confi. Ahora me alegro de que tenga tantas canas y tan elegantes, porque así no se sabe quién es el padre y quién el hijo.

José Antonio Sánchez. Eso lo dice él siempre. Pero él es más mi padre que yo el suyo, ¡está claro! Casi todo lo que soy en el ámbito periodístico se lo debo a él. Y esa figura paterna se entiende así: me ha tutelado, a veces sin saber que nos iba a traer hasta aquí.

“Vi que aquel chaval de 18 años sentía el periodismo como yo: como una forma de vida y de anteponer el deber ante la sociedad”

- Pedro J. Ramírez

¿Esto es un halago o una vara de medir?

PJ. En la época de los medios impresos era más difícil la colaboración entre competidores, pero en el ámbito digital hay una gran concurrencia. Diría que estamos en una competición colaborativa, y esta competición es con alguien a quien tengo aprecio. Y, lo voy a decir: yo a José Antonio le quiero [ríe].

JAS. ¡Yo también!

PJ. Bueno, pues ya está dicho. Ya podemos empezar a debatir.

Hay mucha gente que no conoce esta amistad, que se remonta a cuando nombran a Pedro J. director de Diario 16 en 1980 y tú, José Antonio, estabas en el equipo de documentación. ¿Cómo surge esa mirada mutua?

JAS. Pedro es una persona clave en mi vida. En el año 76 yo quiero ser periodista, me presento en Diario 16 y me contratan. Y ese niño tiene una vocación que, cuando Pedro J. llega como director cuatro años después, me permite desarrollar. Me procura una beca en Estados Unidos, que es determinante en mi experiencia, tengo la suerte de reunirme con Ben Bradlee en The Washington Post en el 85...

PJ. Anda, eso no lo sabía.

JAS. Sí, esa experiencia me marcó, también el Watergate. Después, con 25 años, me nombra redactor jefe de Economía. Hasta que en el verano del 88, con 27 años, me tienta el mundo de la comunicación, algo que se suma al agotamiento prematuro del periodismo. En ese momento cometo el error de irme al mundo de la comunicación... una decisión que me recriminó.

Pedro y JAS conversan en las oficinas de este periódico

¡Afortunadamente hemos evolucionado!

PJ.Hay una tarea que solo se aprende ejerciéndola: coordinar capacidades muy diferentes. Hay un director que se sube al podio y tiene la batuta, pero los que tocan son los violinistas —los periodistas de investigación—, la percusión y el viento —los columnistas— y muchas personas que realizan labores menos visibles. Concitar todo eso requiere habilidad y empatía.

Pedro, te tentaron en su momento para entrar en política. JAS, tú militabas en un partido de extrema izquierda. ¿En qué momento viene la conversión?

JAS. Yo soy de la izquierda, siempre, de ahí vengo con orgullo, pero Estados Unidos marca un antes y un después. Hay una adaptación a una nueva realidad. Y, realmente, la mirada que tenemos Pedro J. y yo en las conversaciones es muy compartida: la enseñanza de los principios, de los valores y del rol de contrapoder de los medios. Todo lo demás sobra, incluso la ideología. Nadie sabe qué ideología tenemos ni mi familia ni yo. Jamás he preguntado a mis periodistas dónde militan.

PJ. Nadie dudará de que, si hubiera un gobierno del PP incurriendo en corrupción o abuso de poder como lo está haciendo el Gobierno de Sánchez, El Confidencial o EL ESPAÑOL lo denunciaríamos igual. A mí me echó de Diario 16 un gobierno de izquierdas y de El Mundo, uno de derechas.

JAS. A lo mejor nos pueden echar de otra manera, porque la situación es tan perversa que los niveles de riesgo de la industria coinciden con un momento en el que la presión es más fuerte que nunca.

“Hemos tenido castigos y actitudes que no se corresponden con el Estado de derecho”

- José Antonio Sánchez

¿Cuáles son esas presiones? ¿Y cuándo sienten que empiezan?

PJ. Un gobierno, mientras conserve las apariencias democráticas, te puede tumbar por la cuenta de resultados o presionando a accionistas. Creo que a José Antonio y a mí nos han dejado por imposibles. Pues muy bien. Nosotros seguimos, tampoco les necesitamos. El Confidencial y EL ESPAÑOL dependemos de la diversidad de los anunciantes, nuestras actividades y del apoyo de los lectores. Creo que los medios independientes que hemos logrado una audiencia y un apoyo real en la sociedad somos más fuertes que los tradicionales cuando estalló la crisis financiera y la irrupción de internet.

JAS. Lo que nos ha traído hasta aquí es un buen hacer profesional y la contribución a una sociedad más libre y mejor informada, con lectores suficientes y financiación diversificada. La siguiente cuestión es la no dependencia de nadie: jamás he pedido un crédito. Jamás a lo largo de 25 años un gobierno había censurado antes. Y aquí lo que se utiliza es el castigo: “Oye, te quito la publicidad”. Bien, lo acepto, pero son actos reaccionarios, fascistas. El Confidencial, que está en la AMI (Asociación de Medios de Información), representa el 2,2% del total de la industria. De los 100 millones de euros que se estima de inversión pública a los medios en general, lo que hemos recibido no llega a 70.000, cuando tendríamos derecho a dos millones de euros. Hemos sido castigados, la presión es más fuerte que nunca, pero lo hemos superado gracias a otras acciones como la suscripción. Y en 25 años con El Confidencial, siendo un medio duro con cuatro gobiernos, nunca he estado en Moncloa invitado por un presidente.

“Un gobierno, mientras conserve las apariencias democráticas, te puede tumbar por la cuenta de resultados o presionando a accionistas. Creo que a José Antonio y a mí nos han dejado por imposibles”

- Pedro J. Ramírez

Toda esta situación ha llevado a EL ESPAÑOL a la ONU y al Consejo de Europa por la cancelación de publicidad, el reparto arbitrario. Pedro, ¿no echas en falta más medios?

PJ. Creo que cada medio tiene su manera de tocar la campana para que la sociedad sea consciente de lo que está pasando. Nuestra iniciativa es complementaria a la denuncia diaria. Llevamos años peleando para que la Administración entregue criterios de adjudicación de campañas: te marean meses, luego te dan datos incompletos y descubrimos parámetros surrealistas, carentes de profesionalidad, para perjudicar a medios críticos y nativos. Podían haberse ahorrado todo y dicho: “Programar a todos los que tengan audiencia menos EL ESPAÑOL y El Confidencial”.

JAS. Pedro, yo opté por otra estrategia: soterrar más el aprendizaje y actuar. Lo denuncié hace más de dos años y anuncié que prepararía una demanda. Tiene su complejidad, pero llegará. Ahora estamos haciendo públicos documentos secretos del 23-F y, sin embargo, carecemos de información sobre cómo se adjudica la publicidad pagada con nuestros impuestos. Y con los míos, porque yo pago desde El Confidencial más de un millón de Impuesto de Sociedades todos los años.

PJ. Y no es un derecho de los editores, ¡es un derecho de nuestros lectores!

JAS. Ahí está el ilícito. Y este es el drama que denuncio como demócrata convencido y militante: tener que soportar y vivir un momento como este después de medio siglo de democracia.

Ambos tenéis relaciones distintas con el poder: Pedro, tú haces deporte con algún presidente, cenas con los Botín en Suiza… En cambio, JAS, te mantienes al margen. ¿Dónde está el punto medio?

PJ. Probablemente necesitaríamos, en un mismo periódico, estar los dos juntos otra vez. Yo siempre he sido nada más y nada menos que un periodista, y quiero estar donde ocurren las cosas, ¡aunque sea debajo de una mesa!

¿Se puede ser libre con quién se cena en casa?

PJ. Los hechos demuestran que sí, al menos en mi caso. Las relaciones con los gobernantes tienen su ciclo: cuando llega un gobierno nuevo es como una luna de miel, quieres conocerlo porque el factor humano te ayuda a interpretar sus conductas. Luego, viene un periodo de ni fú ni fa; y, cuando el gobernante va a lo suyo, el periodista cumple con su obligación y es ahí cuando llega inevitablemente el desencanto y el conflicto: unas veces será más agrio, como ocurre en estos momentos, y otras más civilizado, como cuando gobernaba Zapatero. Es una never ending story.

JAS. Yo admiro esa capacidad de Pedro J., que ha buscado ese nivel de conocimiento a través de la relación personal. Yo he vivido un proceso distinto. Cuando monto El Confidencial, tras una etapa en Telefónica montando Terra, impulso un proyecto con amigos periodistas con más talento que yo. Si me arrepiento de algo es de haber abandonado el periodismo cuando él, en una comida en El Retiro en el 88, me advirtió del coste. Sacrifiqué mi vocación y me convertí en empresario-editor. Mi rol ha sido empresarial, con una separación de poderes muy nítida: el director ejerce con plenos poderes y yo he intervenido poquísimas veces en decisiones editoriales.

El Confidencial celebra 25 años y EL ESPAÑOL acaba de cumplir diez. ¿Cómo os hubierais imaginado este momento?

JAS. Mirando a Pedro y a EL ESPAÑOL, su éxito como líder en usuarios y lectores no me sorprende; confirma su talento. El mío me ha sorprendido mucho más. No solo porque a veces he tenido el síndrome del impostor: cuando fundamos El Confidencial en 2001 pensaba en conectar 15.000 o 20.000 centros de poder y crear una audiencia que no existía. Alcanzar 100.000 usuarios únicos —de esos que llamo parroquianos— en 2006 ya fue un hito; llegar a donde estamos 25 años después era inimaginable para mí.

PJ. La cuestión no es lo bien que lo hemos hecho, sino el precipicio al que nos volvemos a asomar. En estas dos décadas se ha construido un nuevo modelo basado en transmitir contenidos a través de dispositivos digitales. Pero ese nuevo modelo que creíamos que estaba consolidándose se encuentra ahora con otro terremoto: la llegada de la inteligencia artificial y los cambios de conducta de las grandes plataformas de distribución de contenidos. Esto nos obliga a una reinvención radical.

JAS. La IA no nos sorprende. Coincidimos en dos cosas: hay una “bomba atómica” que lleva años gestándose y cuyos efectos hemos ido observando, sobre todo en relación con la industria. En nuestro caso, hemos construido un proyecto periodístico basado siempre en contenido de valor. Ese enfoque es el que ha generado una audiencia más alineada con el periodismo que Pedro y yo defendemos, y que da sentido a nuestro lema “lectores influyentes”. La gran pregunta es si en una democracia tiene sentido una prensa libre. Yo creo que sí, que sigue siendo esencial para proteger la democracia y que es más necesaria que nunca ante bulos, fachosferas, fangos… Con la aparición de la IA, la credibilidad, la firma y la reputación del periodista serán aún más valiosas. Lo que está en crisis es el negocio: el lector no está dispuesto a pagar lo que vale la prensa libre, unos 15 céntimos diarios. Y, si eso no cambia, habrá que replantear parte de nuestro modelo y diversificar las fuentes de ingresos.

¿Tiene sentido plantear una fusión?

PJ. Ya estamos fusionados de alguna manera: muchas historias parecen hechas entre nuestros equipos. Ahora bien, en cuanto a los procesos de consolidación en el mundo digital, no tiene el menor sentido si se aplica la lógica empresarial tradicional. Sería facilísimo fusionar EL ESPAÑOL y El Confidencial, pero ni ganaríamos lectores significativamente, ni nuestro volumen de negocio se incrementaría.

JAS. Lo que tenemos es una conexión y espíritu que marca nuestra conducta. La cuestión es cómo desempeñamos cada cual con sus hábitos, su estilo y su personalidad. No digo que en el futuro las escalas pudieran no ser convenientes para defender estructuras y grupos pero, hoy por hoy, no veo la fusión.

Pedro habló abiertamente de relevo, apuntando a Cruz Sánchez de Lara como sucesora editorial. ¿Qué plan tiene El Confidencial?

PJ. ¡Si es un chaval! [ríe].

JAS. Cumpliré 66, ¡pero no se nota! ¿Cuál sería el plan...? Para mí la prioridad es la estabilidad. Yo no soy importante para garantizar el futuro del medio, porque está basado en un equipo muy potente y con una regeneración del tejido. Y tanto Pedro J. como yo, si fuéramos por el lado personal, tenemos familiares con vínculos afectivos que pueden tomar el relevo. Sinceramente, no lo he pensado. Pero cualquiera valdría para que…

PJ. En eso no estoy de acuerdo. Fíjate en qué ha quedado The Washington Post de Ben Bradlee y el de Katharine Graham. ¡Han vendido el periódico a Bezos! Recuerda el momento culminante del diario, cuando amenazaron con quitar la financiación si seguía publicando los ‘Papeles del Pentágono’, luego vino el Watergate, y ella se plantó y dijo: “Afrontamos las dificultades y saldremos adelante”. La cuestión es si sus descendientes han estado o no a la altura.

JAS. Cada día hacemos lo que está al alcance de nuestra mano y el futuro ya vendrá. La clave está en crear equipos que sean capaces, sin nuestra presencia, de cumplir con un deber.

De Pedro hay rastro infinito de artículos en web; de ti, ninguno. ¿Es discreción o cierto síndrome del impostor?

PJ. Es como el magnate legendario en El aviador...

JAS. La creación de El Confidencial me obliga a dar un paso al lado y meterme en un despacho para construir un modelo de negocio y establecer dónde debe estar el protagonismo. Y este se lo adjudico a mi director y a los periodistas con los que tengo el privilegio de trabajar. Soy un joven periodista que ha tenido que aprender a construir una empresa con un grupo de personas con mucho más talento que yo y ahí aparece con frecuencia el síndrome del impostor.

También es difícil leer a las mujeres en la sección de opinión.

PJ. Tienes el caso de Marta García-Aller, Lorena G. Maldonado, el tuyo... De todas formas, si cogemos la cúpula de la empresa, de los cinco puestos más importantes de la compañía, tres los ocupan mujeres. Pero... ¡a ver si el único que no va a tener el síndrome del impostor soy yo!

JAS. Estoy de acuerdo. Es una carencia; es algo que tenemos que buscar. Y me encantaría descubrir e incorporar el talento de más mujeres.

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Fuente original: Leer en El Español
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