Lo que antes era sinónimo de diversión y camaradería se ha convertido en un foco de incidentes que preocupa a las autoridades locales y empaña la imagen de algunos de los destinos invernales más famosos de Europa
Imágenes de las peleas.- NACHO LABARGA
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El après-ski, ese momento de relajarse tras un día de nieve, está dejando demasiadas resacas violentas en los Alpes. Lo que antes era sinónimo de diversión y camaradería se ha convertido en un foco de incidentes que preocupa a las autoridades locales y empaña la imagen de algunos de los destinos invernales más famosos de Europa.
La policía y los servicios de emergencia de Austria, Suiza y Francia han tenido que intervenir en varias ocasiones por peleas y agresiones derivadas del exceso de alcohol y las aglomeraciones en bares y terrazas a pie de pista. En Söll (Tirol), un turista resultó herido tras recibir varios golpes en la nuca con una jarra de cerveza. En Sölden, los enfrentamientos fueron más allá: esquís y botas se convirtieron en armas improvisadas.
El fenómeno no es nuevo, pero sí va a más. Cada temporada se repiten los altercados y los medios regionales —como NL Times o Discover SWNS— recogen episodios que evidencian una tendencia preocupante. El caso más viral, el de la monumental pelea en Val Thorens, solo ha puesto la guinda a un problema que ya se extiende por toda la franja alpina.
En Tirol, la policía ha intensificado las patrullas para contener a quienes confunden diversión con descontrol. Y las autoridades suizas y francesas también han tenido que reaccionar, reforzando la seguridad en las zonas de ocio y preparando nuevas medidas de regulación. Entre ellas, la posibilidad de limitar el consumo de alcohol en espacios abiertos y promover campañas de concienciación dirigidas tanto a turistas como a negocios.
Porque el esquí sigue siendo, en esencia, naturaleza y descanso. Pero las imágenes de fiestas desbocadas, música a todo volumen y turistas ebrios tambaleándose entre la nieve amenazan con cambiar esa percepción. Cada vez más municipios se preguntan cómo mantener el equilibrio entre ocio y convivencia, entre la fiesta y el respeto al entorno.
En España, el après-ski mantiene otro pulso: más relajado, con música, buena gastronomía y ambiente de montaña. Sierra Nevada o Baqueira siguen defendiendo la fórmula del disfrute responsable. Se puede bailar, brindar y celebrar… sin cruzar la línea.
Los ejemplos alpinos, sin embargo, sirven de aviso: cuando el exceso se impone, la montaña deja de ser refugio y se convierte en escenario de riesgo. Y quizás sea momento de preguntarse si ese es el après-ski que queremos.
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