Cualquiera que haya dado el paso al veganismo, por las razones que sean, sabe que lo más difícil no es renunciar al queso o a la carne, sino enfrentarse a la cena de Navidad con la familia o a la barbacoa del domingo con los amigos, puesto que la comida es un acto con un gran componente social. De esta manera, cuando alguien decide cambiar radicalmente los hábitos de consumo en un mundo predominantemente omnívoro, no solo cambia el plato, sino también las relaciones sociales. Ahora la ciencia ha determinado las tácticas que desarrollan estas personas para poder sobrevivir a las fricciones sociales.
Los datos. El estudio, publicado en septiembre de 2025, no se limita a hacer una encuesta entre las personas veganas para poder analizar el impacto en sus relaciones sociales. Lo que hicieron fue un trabajo de campo exhaustivo entre 2017 y 2022, combinando entrevistas en profundidad, observación y netnografía, que es el análisis de comportamiento de las comunidades online donde surgen debates al respecto.
Aquí el objetivo no era otro que entender exactamente dónde y cómo se "rompen" las interacciones cotidianas. Y sobre todo cómo se trataban de compensar de manera casi innata.
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Unos investigadores chinos creen haber descubierto un "truco" sencillo para perder peso: comer verduras crudas
Fracturas sociales. Las investigadoras aquí identificaron que las tensiones en una relación social no nacen de una simple diferencia de opinión sobre la dieta más ética, sino de lo que han denominado "fracturas relacionales", que se dividen en tres áreas muy claras:
• Co-ejecución: El simple acto de cocinar junto a otra persona, como la pareja, o compartir una comida se vuelve logísticamente complejo. Lo que antes era un ritual fluido, ahora requiere planificación, sartenes separadas y negociación constante para llegar a un plato común.
• Co-aprendizaje: Las tradiciones familiares, como heredar la receta secreta de las albóndigas de la abuela, sufren un cortocircuito. Esto hace que el intercambio de conocimientos culinarios entre omnívoros y veganos a menudo se paralice.
• Actividades que pueden ser cotidianas, como es ir a comprar o elegir un restaurante con otras personas, se transforman en campos de minas logísticos donde hay que equilibrar las necesidades éticas de uno con las preferencias del resto para elegir, por ejemplo, un restaurante con una carta acorde para todos.
Kit de supervivencia. De esta manera, si las relaciones se fracturan, ¿cómo evitan los veganos quedarse aislados? Las investigadoras aquí descubrieron que, para mantener la paz social y navegar por estas aguas turbulentas, los veganos desarrollan cuatro "competencias relacionales" específicas que a veces aparecen sin que se den cuenta, y que son las que vemos a continuación.
Descodificación. Esta es la capacidad de "análisis", es decir, que los veganos aprenden a anticipar cómo reaccionarán los demás ante su dieta y evalúan si el entorno es seguro, hostil o simplemente curioso. Dependiendo de la impresión que se tenga, el comportamiento se irá adaptando al ambiente al ser más o menos abiertos con el tema.
Desvinculación. El segundo pilar consiste en separar deliberadamente la comida de la relación social, ya que significa que uno comerá su plato vegano mientras otro come productos de origen animal, priorizando la compañía y la conversación por encima de la fricción dietética.
Efecto camaleón. La tercera adaptación consiste en integrarse para no llamar la atención en el grupo. Esto puede implicar, por ejemplo, llevar la comida desde casa a una reunión social o pedir una ensalada básica en un asador sin hacer comentarios, todo para evitar que el veganismo se convierta en el tema central de conversación de la velada.
Abandono. La última adaptación que se ha podido detectar en algunos veganos es donde directamente se renuncia a diferentes planes compartidos, como por ejemplo dejar de ir a ciertos restaurantes o eventos sociales. Incluso, en casos extremos, se ha podido detectar un distanciamiento en una relación interpersonal, puesto que esta se vuelve tóxica por culpa de las tensiones que se generan.
En Xataka
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No nace de la nada. Una de las investigadoras lleva años explorando la "moralidad en los mercados" y esto le hizo llegar a hablar sobre las prácticas de consumo indígena y animal. De esta manera, el veganismo es algo que se ha escrutado durante mucho tiempo en diferentes estudios, puesto que no se trata solo de elegir qué comer, sino que es una postura ética que el entorno omnívoro a menudo percibe como un desafío hacia sus propias costumbres sociales y culturales.
La gran conclusión que se puede sacar de todo esto es que la transición hacia una dieta basada en plantas no requiere únicamente aprender a leer etiquetas nutricionales o descubrir nuevas recetas, sino que exige una profunda reeducación social y emocional. El éxito de un estilo de vida vegano a largo plazo depende tanto de la resiliencia en el supermercado como de la diplomacia en la mesa del comedor.
Imágenes | Anna Pelzer
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La noticia
Pensábamos que el gran reto del veganismo era la vitamina B12. Un estudio apunta a que son las relaciones sociales
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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Pensábamos que el gran reto del veganismo era la vitamina B12. Un estudio apunta a que son las relaciones sociales
El veganismo no solo cambia el plato de comida, sino que también puede alterar las relaciones sociales
Cualquiera que haya dado el paso al veganismo, por las razones que sean, sabe que lo más difícil no es renunciar al queso o a la carne, sino enfrentarse a la cena de Navidad con la familia o a la barbacoa del domingo con los amigos, puesto que la comida es un acto con un gran componente social. De esta manera, cuando alguien decide cambiar radicalmente los hábitos de consumo en un mundo predominantemente omnívoro, no solo cambia el plato, sino también las relaciones sociales. Ahora la ciencia ha determinado las tácticas que desarrollan estas personas para poder sobrevivir a las fricciones sociales.
Los datos. El estudio, publicado en septiembre de 2025, no se limita a hacer una encuesta entre las personas veganas para poder analizar el impacto en sus relaciones sociales. Lo que hicieron fue un trabajo de campo exhaustivo entre 2017 y 2022, combinando entrevistas en profundidad, observación y netnografía, que es el análisis de comportamiento de las comunidades online donde surgen debates al respecto.
Aquí el objetivo no era otro que entender exactamente dónde y cómo se "rompen" las interacciones cotidianas. Y sobre todo cómo se trataban de compensar de manera casi innata.
Fracturas sociales. Las investigadoras aquí identificaron que las tensiones en una relación social no nacen de una simple diferencia de opinión sobre la dieta más ética, sino de lo que han denominado "fracturas relacionales", que se dividen en tres áreas muy claras:
Co-ejecución: El simple acto de cocinar junto a otra persona, como la pareja, o compartir una comida se vuelve logísticamente complejo. Lo que antes era un ritual fluido, ahora requiere planificación, sartenes separadas y negociación constante para llegar a un plato común.
Co-aprendizaje: Las tradiciones familiares, como heredar la receta secreta de las albóndigas de la abuela, sufren un cortocircuito. Esto hace que el intercambio de conocimientos culinarios entre omnívoros y veganos a menudo se paralice.
Actividades que pueden ser cotidianas, como es ir a comprar o elegir un restaurante con otras personas, se transforman en campos de minas logísticos donde hay que equilibrar las necesidades éticas de uno con las preferencias del resto para elegir, por ejemplo, un restaurante con una carta acorde para todos.
Kit de supervivencia. De esta manera, si las relaciones se fracturan, ¿cómo evitan los veganos quedarse aislados? Las investigadoras aquí descubrieron que, para mantener la paz social y navegar por estas aguas turbulentas, los veganos desarrollan cuatro "competencias relacionales" específicas que a veces aparecen sin que se den cuenta, y que son las que vemos a continuación.
Descodificación. Esta es la capacidad de "análisis", es decir, que los veganos aprenden a anticipar cómo reaccionarán los demás ante su dieta y evalúan si el entorno es seguro, hostil o simplemente curioso. Dependiendo de la impresión que se tenga, el comportamiento se irá adaptando al ambiente al ser más o menos abiertos con el tema.
Desvinculación. El segundo pilar consiste en separar deliberadamente la comida de la relación social, ya que significa que uno comerá su plato vegano mientras otro come productos de origen animal, priorizando la compañía y la conversación por encima de la fricción dietética.
Efecto camaleón. La tercera adaptación consiste en integrarse para no llamar la atención en el grupo. Esto puede implicar, por ejemplo, llevar la comida desde casa a una reunión social o pedir una ensalada básica en un asador sin hacer comentarios, todo para evitar que el veganismo se convierta en el tema central de conversación de la velada.
Abandono. La última adaptación que se ha podido detectar en algunos veganos es donde directamente se renuncia a diferentes planes compartidos, como por ejemplo dejar de ir a ciertos restaurantes o eventos sociales. Incluso, en casos extremos, se ha podido detectar un distanciamiento en una relación interpersonal, puesto que esta se vuelve tóxica por culpa de las tensiones que se generan.
No nace de la nada. Una de las investigadoras lleva años explorando la "moralidad en los mercados" y esto le hizo llegar a hablar sobre las prácticas de consumo indígena y animal. De esta manera, el veganismo es algo que se ha escrutado durante mucho tiempo en diferentes estudios, puesto que no se trata solo de elegir qué comer, sino que es una postura ética que el entorno omnívoro a menudo percibe como un desafío hacia sus propias costumbres sociales y culturales.
La gran conclusión que se puede sacar de todo esto es que la transición hacia una dieta basada en plantas no requiere únicamente aprender a leer etiquetas nutricionales o descubrir nuevas recetas, sino que exige una profunda reeducación social y emocional. El éxito de un estilo de vida vegano a largo plazo depende tanto de la resiliencia en el supermercado como de la diplomacia en la mesa del comedor.