Además, las personas con AOS utilizaron más recursos sanitarios. De manera promedio, acudieron con mayor frecuencia a servicios de atención primaria, tuvieron más consultas ambulatorias y acumularon más días de hospitalización que los individuos sin la condición. Esto indica no solo un mayor impacto clínico, sino también una carga adicional para los sistemas de salud.
¿Hay forma de tratarlo?
Aunque existen tratamientos recomendados (como las engorrosas máquinas CPAP, que mantienen abiertas las vías respiratorias durante el sueño), la apnea sigue estando infradiagnosticada y, en muchos casos, insuficientemente tratada. Este panorama complica la prevención de complicaciones y aumenta el riesgo de consecuencias a largo plazo.
Los autores del estudio destacan que los resultados refuerzan la importancia del control de peso corporal. “En adultos, la apnea obstructiva del sueño se asocia a un mayor riesgo de eventos cardiovasculares o mortalidad por todas las causas, especialmente entre personas con obesidad, incluso tras ajustar por factores de confusión”, dijo Heather Fitzke, coautora del estudio e investigadora del Imperial College Health Partners (Reino Unido), en un comunicado de prensa. “Estos hallazgos subrayan la necesidad de un manejo eficaz de la obesidad y resaltan la importancia de la detección temprana y el diagnóstico oportuno”.
Añadió: “Hasta donde sabemos, este es el estudio de casos y controles emparejados más grande sobre apnea obstructiva del sueño realizado fuera de Estados Unidos hasta la fecha”. De cara al futuro, los investigadores proponen ampliar el cribado de AOS, especialemte entre personas con obesidad u otros factores de riesgo cardiovascular. Una mejor identificación de los casos permitiría intervenir antes y, potencialmente, reducir tanto las complicaciones clínicas como los costos sanitarios.
Los resultados de este estudio serán presentados en el Congreso Europeo de Obesidad ECO 2026, evento que se llevará a cabo del 12 al 15 de mayo en Estambul, Turquía. Es importante mencionar que este estudio fue patrocinado por Eli Lilly and Company, y que tres de los seis investigadores que participaron en el estudio son empleados de esta farmacéutica, misma que fabrica medicamentos para la obesidad y la diabetes.