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La muerte de David Hockney ha hecho que me dé cuenta de que sus luminosos cuadros me ponen de buen humor
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La muerte de David Hockney ha hecho que me dé cuenta de que sus luminosos cuadros me ponen de buen humor

Regala esta noticia Añádenos en Google Una piscina municipal en Sevilla. (EP)

Juan Bas

25/06/2026 a las 00:03h.

Tono, comediógrafo y humorista gráfico, formó parte junto a Miguel Mihura, Jardiel Poncela o Edgar Neville, entre otros, de la que se llamó la otra ... generación del 27. Era característica común de aquellos autores la práctica de un brillante sentido del humor con frecuente carga surrealista. Prueba de ello y del ingenio específico de Tono es su chiste de un señor muy rico que tenía tres piscinas: una con agua fría, otra con agua caliente y la tercera sin agua, para los días que no quería bañarse. Decía la leyenda que Dean Martin convirtió su piscina en un colosal 'dry martini'. La llenó de ginebra y le añadió una botella de vermut blanco y una aceituna.

Todo lo contrario de las impolutas piscinas de Hockney es la verdosa y llena de hojas flotando de 'La ciénaga' (2001), buena y malsana película de Lucrecia Martel que transcurre en un paraje inhospitalario del norte de Argentina. Varias parejas maduras pasan el día de fiesta repantingadas alrededor de la sucia piscina, fumando y poniéndose en pedo bebiendo sin parar vino con hielo. Graciela Borges se cae al llevar varias copas vacías a la vez y se llena de cortes el escote del traje de baño.

Al hilo de la piscina cenagosa, en 1967, un año antes de entrar en el colegio de los maristas en Bilbao, estuve un curso en un colegio de Getxo (creo que se llamaba Santa Ana) que era un caserón al parecer con poco fuste académico. Creo recordar, pero puede ser un falso recuerdo, que un día a la semana cantábamos el 'Cara al sol' y otros himnos fascistas. Pero de lo que sí me acuerdo como si lo viera, es de un gran rectángulo, como del tamaño de una piscina pequeña y de pongamos medio metro de profundidad, lleno de perenne barro. Una cosa surrealista que habría encantado a Tono. Por supuesto, cada día caía, o era arrojado, alguno de nosotros a la piscina de lodo y salía cubierto de perfecta negrura.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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