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Adobe Stock Vivir | Salud ¿Podemos hacer algo para no envejecer tan rápido?No se puede parar, pero los efectos son «modulables»
Miércoles, 14 de enero 2026, 19:08
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Intentamos tomarnos los primeros signos de envejecimiento con resignación y hasta con humor. De hecho, ya es un género humorístico en las redes sociales ('un ... día eres joven y al siguiente se te escapa una ventosidad al reírte', 'sabes que estás viejo cuando dejas de buscar el sentido de la vida para buscar las llaves del coche', etc.), aunque, desengañémonos, gracia no nos hace. Ni pizca. Empezamos a envejecer desde el momento en que nacemos –sí, sí, esa frase tan famosa y tan tramposa–, pero todos sabemos a qué nos referimos: a ese momento de la llamada mediana edad (de los 40 a los 50 y pico) en la que percibimos de forma clara que el deterioro ha comenzado. Y nos preguntamos si podemos hacer algo para frenar esos primeros signos, por lo que nos lanzamos a cosméticos, cambios de look, tratamientos, terapias, suplementos, actividades deportivas, dietas raras... ¡Nos volvemos locos!
«Tendemos a normalizar los cambios como 'cosas de la edad' cuando en realidad son avisos de que determinados sistemas —metabólico, inflamatorio, hormonal o circadiano— están perdiendo resiliencia. El problema no es envejecer, sino no escuchar al cuerpo y no actuar cuando todavía estamos a tiempo de modular el proceso». Pues bien, somos todo oídos... Murillo se lanza a matizar: «No podemos detener el paso del tiempo, pero sí influir de forma muy significativa en cómo envejecemos. La ciencia muestra que hay hábitos que pueden acelerarlo o ralentizarlo».
Tal y como explica, estamos en un momento privilegiado para mantenernos jóvenes más tiempo, ya que la ciencia sabe más que nunca del tema, pero, paradójicamente, en nuestro día a día vamos de mal en peor: comemos mal y a deshora, dormimos poco, vivimos estresados, somos sedentarios y buscamos soluciones rápidas. «El gran error es pensar que el envejecimiento se arregla con un suplemento o una intervención puntual. En realidad es el resultado acumulativo de decisiones cotidianas», resume el experto. Y es que nuestro estilo de vida y las cosas que hacemos para estar mejor influyen en un 70% en nuestra esperanza de vida y en el envejecimiento..., solo el 30% restante es genético.«La clave no es cuántos años tienes, sino cómo funcionan tus sistemas internos», que en cada persona se deterioran a un ritmo diferente. Por eso lo aconsejable es identificar los puntos débiles de nuestra maquinaria y actuar sin pérdida de tiempo sobre ellos (sin desatender a los demás, claro). Veamos cuáles son.
1
Pérdida de energía
Se debe principalmente a la sarcopenia (pérdida de masa y fuerza muscular), algo que afecta a la movilidad y la autonomía. Por eso, cuando empezamos a envejecer, notamos con alarma que ya no tenemos tanta correa como antes. Y también nos asusta constatar que tenemos una menor capacidad de recuperación tras el esfuerzo y que una caminata, una noche de fiesta o una sesión dura de gym nos dejan hechos polvo..., a veces para varios días. ¿Cómo se puede contrarrestar? Desde muchos flancos. El principal, con ejercicios de fuerza e ingesta de proteínas de calidad en cada comida. De modo regular, claro. Y un consejo extra: no tirar del tándem café-azúcar en busca de subidones de energía. Crean picos que luego nos dejan peor.
2
Peor calidad del sueño
Con la edad dormimos peor. Y esto no es solo molesto, porque resulta que dormir bien y las horas suficientes nos 'repara'. La falta de sueño causa, a la larga, problemas de memoria, dolores musculares, debilidad del sistema inmune, pérdidas de tejido cerebral, falta de coordinación o de concentración y envejecimiento prematuro. Esto se debe a que durante el sueño se liberan hormonas encargadas de la renovación de los tejidos. Si notamos que no descansamos bien, debemos tomar cartas en el asunto (cambiar de hábitos, tomar suplementos, practicar relajación), porque necesitamos resetear. Posiblemente, ya no durmamos más de seis horas, pero al menos deberían no estar fragmentadas.
3
Cambios en la composición corporal
A partir de los 45 años, aproximadamente, el cuerpo empieza a consumir unas 15 calorías menos al día por cada año y adelgazar empieza acostarnos más esfuerzo. La grasa va a la tripa. También perdemos agua. A partir de los 57 años, la proporción corporal de líquido se reduce un 10%. En los varones se queda en un 50% y en las mujeres en un 45% en la década de los 50 y 60. También hay una pérdida de la masa ósea del 30% en las mujeres y de más del 17% en los hombres. El contraataque: buenos hábitos alimenticios, hidratarse mucho y moverse.
4
Menor tolerancia metabólica a los excesos
Los estudios han demostrado que reducir un 25% las calorías y tener una dieta sana nos hace vivir más y mejor. Además, como vamos perdiendo la capacidad para hacer digestiones complicadas, nos vendrá bien. Y el alcohol nos hace más daño, tenemos peores resacas, lo eliminamos peor... ¿Alguien lo ha notado ya? Buen momento para comer menos y no pasarse con la bebida.
5
Menor tolerancia al estrés
Cuando se sufre durante un periodo largo, el cuerpo se 'defiende' segregando más cantidad de cortisol, epinefrina o adrenalina, que intervienen en el proceso de envejecimiento. Científicos de la Universidad de Michigan realizaron pruebas atendiendo a la longitud de los telómeros de ADN de 250 médicos que cumplían su primer año de residencia (es decir, estaban agobiados). ¿La conclusión? ¡Habían envejecido seis veces más de lo normal! Con la edad, el escudo hormonal para defendernos del estrés va a menos. Si notamos que no tenemos el aguante de antes, hay que trabajar para reducir la ansiedad.
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