- ANDREW ENGLAND
Teherán no hizo concesiones tras las sanciones de "máxima presión" de hace ocho años. Pocos esperan que ceda en esta ocasión.
Mientras Donald Trump buscaba aumentar la presión sobre Irán, prometió imponer sanciones económicas del "máximo nivel" para obligar a Teherán a someterse a las exigencias estadounidenses de un nuevo acuerdo nuclear.
"La acción de hoy envía un mensaje crucial: Estados Unidos ya no hace amenazas vacías", advirtió Trump.
Pero eso fue en mayo de 2018, cuando el presidente estadounidense en su primer mandato anunció que se retiraba del acuerdo nuclear de 2015 firmado entre Teherán, Washington y otras potencias mundiales. El anuncio marcó el inicio de la campaña de "máxima presión" de Trump, que dio lugar a cientos de sanciones a Irán penalizando a las entidades que comerciaban con la república islámica.
Ahora, ocho años después, Trump amenaza a Irán con un "Día D económico", lo que su secretario del Tesoro, Scott Bessent, describió como "la mayor ofensiva financiera jamás lanzada contra un adversario".
Tras seis meses de conflicto, este es el último intento de Washington para obligar al régimen a ceder a sus demandas y liberar el control sobre el estrecho de Ormuz. Al igual que en la campaña anterior de Trump, busca aislar aún más a Irán y cortarle el acceso a sus socios comerciales mediante la amenaza de sanciones secundarias.
Sin embargo, en ese momento la "máxima presión" no logró forzar concesiones. Más bien provocó una postura más intransigente en Teherán, que reforzó drásticamente su actividad nuclear y elevó las tensiones con Occidente.
En teoría, la última campaña de Trump sitúa a China —el mayor socio comercial de Irán y el único comprador importante de petróleo iraní— en el punto de mira de EEUU. También supone una advertencia para algunos aliados de Washington, en particular los Emiratos Árabes Unidos y Turquía, que han servido como centros neurálgicos para las empresas iraníes.
Pero Danny Citrinowicz, exanalista de Irán en la inteligencia militar israelí, afirmó que las sanciones secundarias son difíciles de aplicar.
Añadió que la nueva campaña plantea interrogantes sobre la estrategia de Trump, ya que la administración se ha enredado en un pulso con el régimen islámico.
"Ya aplicaron la campaña de máxima presión, así que la pregunta es: ¿cuál es el objetivo final de la administración? Tendrían que generar fricción política con países como China y Turquía; no veo que tengan prisa por llegar a eso", explicó Citrinowicz.
"Además, los iraníes ya saben cómo lidiar con las sanciones secundarias, creando empresas fantasma y cosas por el estilo", añadió.
Al anunciar la iniciativa el lunes, Bessent no fijó un plazo para que quienes comercian con Irán la cumplan. Afirmó que Washington les daría tiempo para "corregir su mala conducta", y se preguntó: "¿Por qué querría yo hacer estallar el sistema financiero global?".
Esto pareció ser un reconocimiento tácito de que la táctica corre el riesgo de reavivar una guerra comercial con China, un mes antes de la reunión prevista entre Trump y el presidente chino Xi Jinping en Washington. Pekín ha advertido a EEUU que tomará "todas las medidas necesarias" para protegerse de cualquier ampliación de las sanciones secundarias.
Aunque las grandes refinerías estatales chinas cumplen en gran medida con las sanciones al crudo iraní, Pekín permite que las refinerías privadas importen y procesen petróleo iraní. Estados Unidos impuso sanciones a algunas de estas refinerías en mayo, pero el país asiático ordenó a las empresas nacionales que no las acataran. Varias entidades vinculadas a China han sido sancionadas desde 2018 por sus vínculos con Irán.
China fue el principal socio comercial de Irán durante el año fiscal iraní que finalizó en marzo, importando bienes por valor de 11.000 millones de dólares, principalmente crudo y productos derivados del petróleo, y exportando 13.400 millones de dólares.
Le siguieron los Emiratos Árabes Unidos, con un comercio total con Irán de 21.000 millones de dólares, mientras que Turquía, miembro de la OTAN y compradora de gas de la república, registró un comercio de 13.500 millones de dólares, según datos de Teherán.
Los Emiratos Árabes Unidos, un estrecho aliado de Estados Unidos, anunciaron la semana pasada la suspensión de "todos los intercambios comerciales y transacciones financieras con Irán... hasta nuevo aviso".
La decisión se tomó horas después de acusar a Irán de disparar dos misiles balísticos contra el estado del Golfo, y un día antes de que Trump declarara por primera vez la "guerra económica".
Los Emiratos Árabes Unidos adoptaron una postura intransigente hacia Teherán durante los primeros meses de la guerra, después de que Irán disparara casi 3.000 misiles y drones contra el estado del Golfo. Sin embargo, Abu Dhabi había intentado desde entonces relajar tensiones mediante la diplomacia.
Esto incluyó permitir la reanudación de los vuelos iraníes a Dubái, el regreso de los iraníes con residencia en los Emiratos Árabes Unidos y la reactivación del comercio.
Como resultado, Irán no había disparado directamente contra los Emiratos Árabes Unidos desde mediados de mayo. En Teherán informaron esta semana que las aerolíneas iraníes siguen volando a Dubái.
Es probable que Turquía también se tome en serio la amenaza de sanciones secundarias y sea cautelosa para no irritar a Trump, sobre todo porque el presidente Recep Tayyip Erdoan ha intentado mejorar las relaciones, afirmó Galip Dalay, de Chatham House.
Sin embargo, añadió que "Irán es un país vecino; habrá comercio, nunca se reducirá a cero".
Tras aplicar Trump la máxima presión, la economía iraní se contrajo drásticamente durante dos años. Las exportaciones de petróleo se desplomaron, el rial se devaluó y la inflación se disparó. Irán ha estado aislado de las finanzas globales y desde entonces se enfrenta a una crisis económica.
Pero, a excepción de algunos medicamentos especializados, hubo pocas carencias, ya que el régimen impulsó la producción nacional y aumentó las exportaciones no petroleras, como el acero y los productos petroquímicos.
Entidades públicas y empresarios iraníes desarrollaron redes de rutas comerciales para eludir las sanciones, utilizando empresas fantasma y oficinas en paraísos fiscales en países vecinos, como Turquía, Omán y los Emiratos Árabes Unidos.
Pero ahora, tras haber sufrido dos guerras en un año, la economía iraní se encuentra en una situación mucho más grave que en 2018.
El rial alcanza mínimos históricos frente al dólar casi a diario. La inflación se dispara hasta el 90%, y varias plantas siderúrgicas y petroquímicas han resultado dañadas o destruidas por la guerra. Estados Unidos mantiene un bloqueo naval.
Funcionarios iraníes reconocen el sufrimiento que padece el país de unos 90 millones de habitantes.
Abdolnaser Hemmati, gobernador del banco central de Irán, declaró esta semana que la situación económica de los últimos seis meses "ha sido muy difícil". Días antes, había afirmado que las exportaciones de petróleo de Irán habían llegado a "cero".
Sin embargo, añadió que "las últimas medidas de Estados Unidos no nos harán colapsar".
Indicó que Irán ha estado tomando medidas de contingencia, como el depósito de divisas "en varios lugares", para asegurar que Teherán cuente con reservas para comprar alimentos y medicinas.
Expertos en Irán afirman que es muy poco probable que una nueva presión económica obligue al régimen iraní a capitular. En cambio, podría endurecer su postura, ya que considera la campaña un intento de fomentar la inestabilidad social e impulsar un cambio de régimen.
"Irán no colapsó con la política de "máxima presión" de Trump y no lo hará esta vez", afirmó Saeed Laylaz, analista iraní. "Tiene más experiencia que en 2018; el mundo está más polarizado que antes y hay economías como las de Irak y Afganistán que dependen de la economía iraní".
El riesgo, según los analistas, es que si la presión estadounidense agrava los problemas económicos de Irán, esto podría desencadenar otra escalada militar.
Mohsen Rezaei, máximo responsable de seguridad de Irán, advirtió esta semana que el régimen consideraría "la participación o el apoyo de cualquier país a la guerra económica de EEUU contra el pueblo iraní como un acto de guerra".
Citrinowicz concluyó que "si el régimen llega a un punto en el que debe elegir entre capitular o intensificar el conflicto, sin duda optará por la escalada. Si no se produce ningún cambio y Trump se impacienta, intentará presionar a Irán por otros medios, como retomar algún tipo de acción militar. Nos encontramos en un punto muerto".
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