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¿Podrá Europa construir un nuevo avión de combate tras la retirada de Alemania?

¿Podrá Europa construir un nuevo avión de combate tras la retirada de Alemania?
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El fracaso del proyecto de 100.000 millones de euros con Francia deja a los países en una encrucijada Leer
Financial Times¿Podrá Europa construir un nuevo avión de combate tras la retirada de Alemania?
  • SYLVIA PFEIFER, LAURA PITEL, LEILA ABBOUD Y BARNEY JOPSON
Actualizado 11 JUN. 2026 - 09:23Un avión de combate Eurofighter expuesto en el Salón Aeronáutico ILA de Berlín 2026 en Schoenefeld, Alemania.FILIP SINGEREFE

El fracaso del proyecto de 100.000 millones de euros con Francia deja a los países en una encrucijada

Después de un año en estado crítico, el joint venture europeo de aviones de combate, valorado en 100.000 millones de euros, ha acabado fracasando.

El canciller alemán, Friedrich Merz, comunicó al presidente francés,Emmanuel Macron, que sería mejor poner fin a la alianza en el elemento central del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS, por sus siglas en inglés), ante el estancamiento entre las empresas líderes de ambos países, Dassault Aviation y la filial de defensa alemana de Airbus.

Los ejecutivos del sector creen que aún podrían salvarse algunos elementos del FCAS, en concreto un sistema de software de mando y control bautizado como la "nube de combate".

Sin embargo, la decisión de abandonar el proyecto deja a Airbus, Dassault y su socio español, Indra Sistemas, en una encrucijada. Tras más de siete años de esfuerzos infructuosos, ¿deberían seguir adelante por su cuenta o buscar nuevos socios? El riesgo que corren —y sus respectivos gobiernos— es quedarse atrás en la carrera por construir las armas del futuro.

¿Qué está en juego?

Concebido por París y Berlín en 2017 —Madrid se incorporó al proyecto en 2019—, el objetivo era desarrollar un sistema que combinara un caza de sexta generación con armamento avanzado y drones no tripulados. Este sistema sustituiría a los cazas Dassault Rafale y Eurofighter Typhoon hacia 2040.

El fracaso del proyecto del caza insignia supone un revés para la colaboración paneuropea en un momento en que la región intenta reconstruir su capacidad militar y reducir la fragmentación de la industria ante la amenaza rusa. El distanciamiento de Estados Unidos de Europa bajo la presidencia de Donald Trump no ha hecho sino aumentar la tensión.

Esta semana, ejecutivos de la industria recalcaron que el fracaso del proyecto no significa que Francia y Alemania no sean capaces de colaborar. "No es un problema entre Francia y Alemania", insistió Olivier Andriès, CEO de la francesa Safran, en su calidad de presidente de la asociación comercial francesa GIFAS. Safran ha estado colaborando con la alemana MTU Aero Engines en el motor del avión.

Sin embargo, la lista de joint ventures entre Berlín y París que han fracasado no ha hecho más que crecer, según Cédric Perrin, senador francés y presidente de la comisión de Asuntos Exteriores y Defensa.

"Ni un solo proyecto franco-alemán se ha completado durante las presidencias de Emmanuel Macron. Esto es un problema real", afirmó. ¿Podrá la industria alemana cumplir con lo prometido?

Boris Pistorius, ministro de Defensa alemán, declaró que su país ahora tiene cuatro opciones. Las dos primeras serían comprar más cazas F-35 de quinta generación de fabricación estadounidense o unirse a un proyecto internacional como el Programa Aéreo de Combate Global (GCAP) de Reino Unido, Italia y Japón, aunque evitó mencionar esta alianza.

La tercera opción, según explicó, era "fabricar uno nosotros mismos bajo liderazgo alemán" a través de Airbus y otros socios. Añadió, misteriosamente, que "podría surgir una cuarta opción, pero no quiero hablar de eso ahora". Algunos expertos del sector interpretaron esto como una referencia a la posibilidad de colaborar con Suecia.

La industria alemana asegura estar preparada para suministrar lo necesario. Un grupo de ocho empresas de defensa y aeroespaciales —compuesto por Airbus Defence and Space, Autoflug, Diehl Defence, Hensoldt, Liebherr, MBDA, MTU Aero Engines y Rohde & Schwarz— presentó a principios de esta semana un documento en Berlín para defender una alternativa europea al FCAS.

Existen dudas sobre la facilidad con la que Alemania podría fabricar su propio avión. Torben Schütz, director de investigación del think-tank Edina, afirmó que "con suficiente tiempo y recursos, probablemente podrían lograrlo, sobre todo si pueden recuperar tecnología del FCAS", pero añadió que "me cuesta imaginar que puedan hacerlo en un plazo razonable".

¿Podrá Airbus imponerse en el GCAP?

Una opción para Airbus sería unirse al GCAP. Berlín aportaría fondos muy necesarios en un momento en que el presupuesto de defensa británico está bajo presión.

"Si los alemanes se presentan con una cuantiosa cantidad de dinero y un pedido de 150 aviones de combate, tal vez les hagan un hueco en el programa", afirmó Douglas Barrie, miembro sénior de tecnología aeroespacial militar en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS)

Sin embargo, permitir la entrada de Alemania requeriría un "largo periodo de negociación.. lo que inquietaría a Tokio", dada la ambición del GCAP de tener un caza supersónico en servicio para 2035.

Berlín ya ha indicado que espera una contraprestación por su inversión. Un borrador de la nueva estrategia de aviación alemana establece que "la participación de la industria aeroespacial alemana debe corresponder a la contribución financiera de Alemania, tanto en calidad como en cantidad".

Algunos creen que puede ser demasiado tarde para que Airbus consiga un papel importante en el proyecto, pero sugieren que una opción podría ser que la empresa colabore con Reino Unido en el desarrollo de drones y otros sistemas no tripulados.

¿Se podrá convencer a la sueca Saab para que se asocie con ellos?

Aliarse con Saab, fabricante del avión Gripen, podría ser una opción más directa. Según fuentes del sector, Airbus y Dassault ya han contactado con el gigante sueco de la defensa como posible socio, aunque una persona cercana a Saab restó importancia a la seriedad de las conversaciones.

Saab está realizando un trabajo de exploración para el Gobierno sueco sobre un proyecto de próxima generación que sucedería al Gripen. Dado que se espera que el avión esté en servicio hasta 2060, el país tiene tiempo para definir su estrategia.

El jefe de la Fuerza Aérea Sueca, el general de división Jonas Wikman, afirmó que las fuerzas armadas están llevando a cabo una revisión exhaustiva sobre cómo deberían ser los sistemas de combate aéreo del futuro.

Sin embargo, no está claro cómo encajaría el calendario de Suecia con los planes de Berlín, ya que la Fuerza Aérea Sueca prevé finalizar su informe en dos años. La industria alemana presiona para que se tome una decisión este año sobre el avión de próxima generación del país.

¿Qué hará ahora la francesa Dassault?

El fracaso de FCAS plantea interrogantes sobre qué harán ahora Francia y Dassault, el contratista principal de su fuerza aérea. Francia se beneficia de contar con empresas nacionales, como Safran y el grupo de electrónica de defensa Thales, que tienen el conocimiento necesario para fabricar lo que se requiere, aunque la situación financiera es precaria.

El deterioro de las finanzas públicas ya dificulta que Francia financie el desarrollo de sus ejércitos, y otras prioridades nacionales también compiten por los fondos.

Las fuerzas armadas ya han presupuestado fondos para que Dassault modernice el Rafale a un nuevo estándar de quinta generación para 2030.

Sin embargo, los analistas se preguntan si Francia podrá financiar por sí sola un caza de sexta generación y todo el sistema para 2045. Para entonces, incluso el Rafale actualizado carecerá de capacidades clave como la tecnología furtiva.

La única forma de cuadrar las cuentas es mediante la firma de contratos de exportación, tal como sucedió con el Rafale, que Dassault convirtió en una fuente de ingresos gracias a sus ventas a países como India y Egipto. Élie Tenenbaum, analista del think-tank Ifri, cree que Francia probablemente tendría que buscar nuevos socios —posiblemente entre países que ya poseen el Rafale— para compartir los costos de desarrollo y comprometerse con las compras. "El problema es que ahora es muy difícil vislumbrar un Plan B tanto para Francia como para Dassault", sostiene.

El CEO, Éric Trappier, declaró en su momento que las exportaciones "son la única forma de financiar la soberanía de los sistemas de defensa en nuestro país"..

¿Qué ocurrirá con la española Indra?

España, el socio más joven de los tres, lamentó el fin del proyecto y, con una franqueza poco habitual, lo calificó como un fracaso de la cooperación europea.

Margarita Robles, ministra de Defensa, lo calificó de "muy preocupante". Declaró que España —que también necesita un caza de sexta generación pero no tiene la capacidad para construirlo por sí sola— seguía abierta a iniciar un nuevo proyecto con Francia, Alemania y otros países.

Como mínimo, afirmó, aún podría haber colaboración en el desarrollo de una "nube de combate", que describió como "totalmente esencial".

"En este caso, se ha dado prioridad a los intereses de la industria sobre los de la seguridad y la defensa de Europa, y eso me preocupa mucho", concluyó Robles.

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Fuente original: Leer en Expansión
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