Domingo, 05 de abril de 2026 Dom 05/04/2026
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Política

Polizones a la fuerza

Polizones a la fuerza
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Durante un tiempo, cuando Podemos estaba en su prime, sus movimientos políticos obedecían a pautas exclusivamente televisivas. Era una manera también de hacer de la necesidad virtud: negociaciones al límite, disidencias, purgas, nimiedades, debates internos, cambios de residencia... todo se supeditaba a la lógica del show business de la política para deleite de las audiencias. Su especialidad era el montaje y desmontaje de tramoyas.

Entonces, el pícaro Iglesias y su troa de pancistas habían generado cierta adicción en la concurrencia, que clickeaba compulsivamente cualquier cosa que saliera del universo morado. Después, él se convirtió en un vicepresidente holgazán y desidioso e Irene Montero, en una caprichosa y pueril cumpleañera a la que se agasajó con la nefasta ley del sólo sí es sí. El programa de Podemos penetró hasta el tuétano del PSOE y Sánchez fagocitó a sus votantes. Podemos se quedó en las raspas pero su élite extractiva se instaló cómodamente en los medios, Bruselas y el Congreso.

Podemos se unió a Sumar tan a regañadientes como lo hace ahora a Por Andalucía. En aquel momento, era cuestión de tiempo -y, en todo caso, antes de que Sumar se desintegrase- que sus diputados abandonasen el artificioDíaz. La diferencia de hoy es que IU se ha crecido y Belarra va de polizón.

Hay otra diferencia notable respecto de situaciones anteriores: las partes ni se molestan en aparentar unas mínimas diferencias programáticas o estratégicas, aunque Belarra balbucee una tímida y carrilera justificación de sus renunicas: para priorizar la "defensa de la Sanidad y la vivienda". El único criterio que rige en la integración in extremis lo fijan Excel y la calculadora de restos. La operación, con el beneplácito u orden de La Moncloa, que saca a Delgado de la contienda, es puramente cabalística. Como cuarta candidatura de izquierda, Podemos no tenía recorrido. Ahora, se piensa, Por Andalucía aspira a mantener sus puestos y a que los restos no perjudiquen al PSOE, que compite con Delgado, no con Maíllo. Para Podemos, son migajas -cabeza de lista en Jaén y escaños en el aire-, pero algo más que nada. Lo que hacen Belarra, Montero e Iglesias es socializar o disimular el fracaso.

Para Izquierda Unida es un desquite: resurge y pasa página tras años de servidumbre a Iglesias, iniciados con la indecorosa pleitesía y traición de Garzón. Maíllo saca pecho y siglas -Izquierda Unida liderará cuatro provincias en la que las izquierdas vasallas del PSOE tienen ya escaño-. Desde su retiro, Teresa Rodríguez lo ve con distancia e intacta dignidad. Ella siempre fue, desde el principio, algo más noble y auténtico: erráticamente auténtico; un mejunje donde el ingrediente anticapi ha cedido ante el empuje identitario andaluz. Adelante Andalucía sube en las encuestas. Tampoco debe resultar extraño si la alternativa por la izquierda la constituyen María Jesús Montero, abanderada de Illa y del privilegio fiscal para Cataluña, y Rufián, flotador de Versace al que se agarran los votantes de Sumar en plena zozobra. Para nacionalismo sintético... el andaluz.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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