La traducción de Temprano de 'The last of the Mohicans' muestra al ser humano en toda su capacidad de violentar
Regala esta noticia Añádenos en Google Portada de 'The last of the Mohicans' de Black Cat. (Black Cat) 25/08/2026 a las 00:00h.En 1826, hace ahora doscientos años, se publicó en Nueva York 'The Last of the Mohicans', una novela firmada por James Fenimore Cooper, antiguo alumno ... de la universidad de Yale —de donde lo echaron en el tercer curso— y exoficial de la U.S. Navy. Fue gracias a esto último, y mientras servía en el lago Ontario, como se familiarizó con el escenario de la historia, las zonas boscosas del norte del estado de Nueva York. En cada página se percibe el conocimiento directo del autor de todos los paisajes que describe, y en los que se enmarca la peripecia del explorador blanco Hawk-eye y sus dos amigos delaware, Chingachgook y Uncas, con el trasfondo de las guerras entre franceses e ingleses, y sus respectivos aliados nativos, a mediados del siglo XVIII.
Quien sienta curiosidad por hacer su propia apreciación al respecto, lo tiene fácil gracias a la nueva traducción al español —de Miguel Temprano García— recién publicada por Ediciones del Viento con motivo del bicentenario. Una iniciativa que no puede ser más digna de celebrarse, en tanto que vuelve a poner a disposición del lector español una extraordinaria novela de un excelente escritor, y que para quien suscribe supera con mucho a la por lo demás meritoria película de Mann. Cediendo a una de esas exigencias de Hollywood, el cineasta se inventa un romance tan gratuito como postizo entre Hawk- eye y Cora Munro, la hija del jefe militar inglés, que abarata a ambos personajes y hurta al espectador la grandeza que alcanzan en el relato de Cooper.
La traducción de Temprano, pese a alguna errata y alguna repetición evitable —Cooper, cuyo léxico es exquisito, jamás cae en ellas—, traslada todo el sabor de una narración que explora con crudeza pero a la vez con genuina emoción y aliento épico un tiempo y unos hechos que muestran al ser humano en toda su capacidad de violentar a aquellos a quienes percibe como «los otros», y a la vez de alcanzar con ellos la más conmovedora y profunda fraternidad. Los monólogos finales de Chingachgook y de Hawk-eye, escritos en una prosa vibrante, tan alejada de la chata escritura hoy tan extendida, erizan la piel. «Los dones de tu color y el mío pueden ser diferentes, pero Dios nos ha puesto a andar por el mismo sendero», dice el explorador. Doscientos años después, sus palabras siguen removiendo a quien las lee.
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