«Se piensa que es James Bond y se parece más al Pequeño Nicolás, segunda parte; le ha faltado decir que era agente de la TIA», dijo de Víctor de Aldama el Gobierno tras su primera confesión ante la Justicia en noviembre de 2024. El Ejecutivo puso entonces en marcha una operación política y mediática para desacreditar al empresario que fue refrendada por el propio presidente, que tildó de «menuda inventada» todo su testimonio.
Aldama interpeló a Pedro Sánchez como nunca antes un investigado en un caso de corrupción lo había hecho a un jefe de Gobierno. Dijo que no se preocupara, que si quería pruebas, las iba a tener, y comenzó a ejecutar su amenaza, con la que se libraba una enconada confrontación entre la palabra del Ejecutivo y la suya.
Aldama salió de la cárcel, en la que había ingresado por el caso Hidrocarburos, tras alcanzar un acuerdo de colaboración con la Fiscalía Anticorrupción que se fraguó al margen del entonces fiscal general, contrario a la excarcelación. Su libertad abrió una grieta entre el Ejecutivo, que consideraba un farsante al investigado, y un Ministerio Público que había decidido apostar por la veracidad de un testimonio que señalaba directamente al presidente como conocedor de las prácticas corruptas que había desplegado su mano derecha en el partido y su hombre fuerte en el Gobierno.
El intento de descrédito comenzó aferrándose a una afirmación realizada por Aldama en la Audiencia Nacional, en la que recordó que había sido un estrecho colaborador de la misma Guardia Civil que le había detenido y que incluso había mantenido relación con responsables de la Inteligencia de Estados Unidos.
EL MUNDO desveló a las pocas horas el vídeo de la ceremonia en la que la Unidad Antiterrorista del Instituto Armado le condecoró con la Orden del Mérito de la Guardia Civil por sus «profundos valores» y sus «tributos»de «forma altruista» en favor de «los intereses de España».
Internamente la UCE-2 justificó la condecoración por haber facilitado a los agentes, entre otras cuestiones, el «acceso»a la «cúpula de Huawei, de Globalia o de Correos» para llevar a cabo diversas investigaciones. Y se vio obligada a admitir, a la vista de las imágenes que publicó este diario, que el empresario había sufragado de su bolsillo monterías para agasajar a la élite de la CIA y el FBI en España.
Acreditada pronto su estrecha relación con las Fuerzas de Seguridad del Estado, la ofensiva gubernamental se concentró en las acusaciones autoincriminatorias que había lanzado sobre destacados miembros del Gobierno socialista. Su proximidad a Sánchez, negada tajantemente por el líder del PSOE, quedó en evidencia con la fotografía que puso sobre la mesa este periódico, tomada por Koldo García, en el mitin celebrado en 2019 en el Teatro La Latina. En ese momento, el partido reaccionó equiparando la instantánea con cualquier selfie que un ciudadano pueda hacerse por la calle con un dirigente del partido.
Pero el escenario se fue complicando al profundizarse en las operaciones que había realizado con el ex ministro José Luis Ábalos y la coincidencia de su acusación de haber entregado hasta 4 millones en efectivo al dirigente con la constatación por parte de la UCO de que manejó habitualmente dinero en metálico sin justificar. Pero, sobre todo, al escuchar los audios grabados por Koldo García en los que todos los investigados abordaban el reparto del botín.
Contó hace año y medio Aldama, y ratifca ahora con una mayor profusión de detalles, que se amañaban concursos en Transportes a cambio de mordidas y aportó listados con anotaciones realizadas de su puño y letra por el ex asesor de Ábalos.
Pese a que Koldo negó su autoría, un peritaje desmontó pronto la coartada, que también quedó desvirtuada por las horas de grabaciones registradas por él mismo, en las que llegó a prometer a Ábalos, ya apartados los dos del ministerio, que lograría una adjudicación de Adif -obviamente trucada- para que ambos se retiraran felizmente y que ya sólo quedara, Koldo dixit, «llevarle el ataúd -a Ábalos- cuando muriera».
También fue considerada una invención mayúscula que Cerdán, quien ostentaba tras la caída de Ábalos la secretaría de Organización del partido, pudiera ser un corrupto. El empresario relató cómo dirigía un «cupo vasco» para trucar las licitaciones en el norte de España y cobraba en efectivo en un bar frente a Ferraz.
Lo que era una nueva «inventada» quedó de nuevo refrendado cuando la UCO descubrió que Cerdán era al mismo tiempo mano derecha del presidente y constructor a cambio de coimas.
Aldama afloró un contrato de alquiler con opción de compra sobre un piso de lujo en La Castellana con las firmas del propio Ábalos para quedárselo a bajo precio y un sinfín de mensajes con Koldo en los que presionaba a ministros y presidentes autonómicos para que comprar material sanitario a Aldama.
Pero todavía quedaba el enésimo fuera de juego gubernamental. Negó hace unos díasMaría Jesús Montero que Aldama tuviera credibilidad cuando decía que pujó por el cuartel general de la Sepi. Bien, pues el empresario ofreció 250 millones por carta con sello de la Sepi. Y ahí Montero enmudeció.