Martes, 18 de agosto de 2026 Mar 18/08/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

Por qué Bach era el compositor favorito de Steve Jobs

Por qué Bach era el compositor favorito de Steve Jobs
Artículo Completo 1,460 palabras
El trabajo y la constancia fueron dos elementos que definieron el éxito del compositor alemán. Gracias a esta disciplina, Bach llamó la atención de uno de los empresarios más influyentes y estableció una nueva perspectiva de trabajo. Leer
Liderazgo de leyendaPor qué Bach era el compositor favorito de Steve Jobs
  • ADELA BALDERAS
Actualizado 18 AGO. 2026 - 00:38Johann Sebastian Bach, con 61 años, en un retrato de Elias Gottlob Haussmann.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El trabajo y la constancia fueron dos elementos que definieron el éxito del compositor alemán. Gracias a esta disciplina, Bach llamó la atención de uno de los empresarios más influyentes y estableció una nueva perspectiva de trabajo.

Steve Jobs tenía gustos musicales eclécticos. Admiraba a Bob Dylan, encontraba inspiración en The Beatles y apreciaba la música contemporánea. Sin embargo, cuando quería pensar, idear, concentrarse o simplemente detener el tiempo, volvía una y otra vez a Johann Sebastian Bach. En su biografía, Walter Isaacson relata cómo Jobs escuchaba con frecuencia las Variaciones Goldberg en las dos legendarias grabaciones de Glenn Gould. En ellas veía algo más que una interpretación musical.

Resulta revelador que uno de los empresarios más innovadores de nuestro tiempo encontrara inspiración en un compositor nacido en el siglo XVII. Quizá porque Bach no solo escribía música. Construía orden dentro de la complejidad.

Johann Sebastian Bach nació en 1685 en Eisenach, en una familia de músicos. Desde muy joven conoció el oficio y la disciplina. A lo largo de su vida fue organista, compositor, maestro y director musical. Cuando llegó a Leipzig en 1723 para ocupar el puesto de Kantor de Santo Tomás, asumió una tarea exigente: debía proporcionar música para los servicios religiosos, enseñar a los alumnos de la escuela, dirigir a los músicos y responder a las necesidades musicales de la ciudad.

El musicólogo Christoph Wolff, profesor de la Universidad de Harvard, dedicó buena parte de su vida a reconstruir la obra de Bach y a definir al hombre que había detrás de ella. En El universo musical de Bach (Acantilado) aparece un Bach muy alejado de la imagen romántica del genio al que la inspiración visita de repente. Detrás de aquella música había una formación extraordinaria, un conocimiento profundo de la tradición y una disciplina constante.

Estudiaba, analizaba, enseñaba, experimentaba y perfeccionaba. Había talento, pero también mucha dedicación y oficio. Hay una frase que Wolff recoge al hablar de la infancia de Bach: "El amor de nuestro pequeño Johann Sebastian por la música era extraordinario, incluso a tan corta edad". Antes de las grandes obras, del reconocimiento, antes incluso de que pudiera imaginar dónde le llevaría aquel camino, había ya algo más sencillo: amor por lo que hacía. Quizá la excelencia empiece mucho antes del reconocimiento y el aplauso: en esa decisión, casi íntima, de hacer bien aquello que queremos hacer.

Wolff recoge un episodio transmitido por Johann Nikolaus Forkel, primer biógrafo de Bach. Cuenta que, cuando años después preguntaban a Bach cómo había conseguido dominar el arte de la música hasta alcanzar un grado tan elevado, solía responder: "Tuve que ser aplicado. Quien sea igualmente aplicado llegará igualmente lejos". La respuesta sorprende por su profunda humildad. Bach no atribuía su maestría a unas capacidades excepcionales, sino a la constancia y el trabajo.

John Eliot Gardiner, director de orquesta, afirma en La música en el castillo del cielo. Un retrato de Johann Sebastian Bach (Acantilado) que su música nos ofrece "destellos que alumbran las terribles experiencias al quedarse huérfano, en su solitaria adolescencia, y al llorar la muerte de sus seres queridos como marido y padre. Nos muestra cuán intensamente le desagradaba la hipocresía y su impaciencia ante el falseamiento de cualquier tipo; pero revela también la profunda simpatía que sentía por quienes sufren o se sienten tristes de un modo u otro, o luchan con sus conciencias o sus creencias".

Wolff señala que Bach había sido educado desde sus primeros años en las virtudes de la perseverancia y del trabajo constante. Pero había algo más: una curiosidad que no parecía tener límite. Su deseo de aprender le llevó a explorar y dominar el repertorio disponible en toda su amplitud y profundidad; le impulsó a interesarse por los conocimientos de ingeniería mecánica y tecnología empleados en la construcción de órganos; y desde sus primeras composiciones, a descubrir cómo ir más allá de sus modelos y aventurarse hacia nuevos horizontes.

Cumplir no es suficiente

Cuando escuchas La Pasión según San Mateo, te sientes pequeño, casi intimidado ante una música que parece estar en un lugar al que todavía no sabemos llegar y pienso en ese quiet quitting, esa renuncia silenciosa de quien decide trabajar habiéndose rendido, con la idea de que cumplir es suficiente. En el absentismo laboral. En el burnout. En organizaciones que confunden cuidar a las personas con llenar espacios de manzanas, cuando también significa crear entornos en los que podamos hacer bien nuestro trabajo, con sentido y orgullo. La responsabilidad que cada uno tenemos sobre aquello que hacemos. Quizás la excelencia tenga menos que ver con hacer algo extraordinario que con negarse a hacer algo de cualquier manera.

Bach no esperaba a que llegara la inspiración; la encontraba trabajando. Los estudiosos Wolff y Gardiner coinciden en describir a Bach como un hombre de una disciplina extraordinaria. Detrás de cada una de sus composiciones había un conocimiento profundo de la técnica, un estudio constante y una voluntad casi obsesiva de perfeccionamiento. La creatividad no sustituía al oficio; nacía de él. Y quizá por eso músicos, matemáticos, físicos, ingenieros, sienten y han sentido una fascinación especial por Bach y su perfección.

Bajo la aparente belleza de sus partituras existe una estructura rigurosa que demuestra que el orden y la creatividad no son conceptos opuestos, sino profundamente complementarios. Goethe, después de escuchar música de Bach al órgano, escribió a su amigo el compositor y director Carl Friedrich Zelter describiendo aquella experiencia: "Era como si la armonía eterna conversara consigo misma, tal como pudo haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo".

En buena parte de las partituras de Bach aparecen tres letras: S.D.G., Soli Deo Gloria. Más allá de su significado religioso, esas iniciales expresan una forma de entender el trabajo que hoy es casi revolucionaria: la obra importa más que el autor, el oficio por encima del reconocimiento. Bach componía para servir a algo más grande que su éxito. Su propósito era más firme que él mismo: era su guía, su brújula, su aplauso.

No es casualidad que, en medio de tanta tecnología, hayamos vuelto la mirada hacia la espiritualidad, el silencio o la filosofía. No necesariamente porque tengamos menos respuestas que antes, sino porque empezamos a comprender que algunas preguntas no se resuelven acumulando más información, y que el camino no se encuentra con un simple GPS. Tal vez sigamos necesitando una brújula. No para decirnos cómo llegar, sino para recordarnos hacia dónde queremos ir.

Bach nos recuerda que la técnica, por extraordinaria que sea, necesita una dirección. Que el talento, necesita un propósito. Y que avanzar no siempre significa estar más cerca de donde queremos llegar. Quizás por eso su música sigue hablándonos, como le hablaba a Steve Jobs. Porque no siempre necesitamos más respuestas. A veces necesitamos volver a encontrar la pregunta esencial, el principio de todo propósito: para qué queremos hacerlo.

Adela Balderas es doctora ADE, profesora investigadora en la Deusto Business School, investigadora en la Universidad de Oxford, profesora afiliada en el City Science MIT Media Lab.

Ana García (Bankinter): "Hay una correlación clara entre bienestar y productividad"Microsoft redobla su inversión en IAKraft Heinz y los límites del control extremo Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir