El capital ya no es el único límite del crecimiento. BlackRock apuesta 100 millones por la formación técnica manual, consciente de que la falta de electricistas y fontaneros frena la innovación.
Oficios, formación profesional y nuevos perfiles convertidos en noticia estratégica... No es habitual que esto vaya asociado a la mayor gestora de activos del mundo. Pero es lo que ha conseguido BlackRock con el anuncio de Future Builders, una iniciativa de 100 millones de dólares para formar a 50.000 profesionales en oficios como electricidad, fontanería, calefacción y aire acondicionado, o trabajo estructural y técnico con hierro y acero durante los próximos cinco años.
El programa no se limita a financiar cursos. Y revela algo más profundo: BlackRock está diciendo que el gran cuello de botella de la nueva economía ya no es sólo el capital. Es la mano de obra cualificada capaz de construirla.
El propio Larry Fink, presidente y consejero delegado de BlackRock, explicaba la semana pasada en The Wall Street Journal que sólo en Estados Unidos hacen falta 10 billones de dólares de inversión en infraestructuras hasta 2033 para modernizar sistemas envejecidos y levantar nuevas infraestructuras energéticas, digitales y de IA.
Oficios emergentes
BlackRock sostiene que el empleo en oficios vinculados a infraestructuras crecerá en la próxima década por encima de la media y que la demanda de electricistas, técnicos de calefacción y aire acondicionado, fontaneros y profesionales especializados en trabajos de hierro y acero se está acelerando.
Este desequilibrio de oferta y demanda no es una percepción corporativa aislada. La Agencia Internacional de la Energía, en su informe World Energy Employment 2025, sostiene que "la escasez de trabajadores cualificados se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las empresas, especialmente en funciones técnicas aplicadas". Las carencias son especialmente agudas en perfiles como electricistas, técnicos especializados en tuberías industriales, instaladores, operarios de red e ingenieros.
La AIE -Asociación Internacional de la Energía- señala que estas dificultades ya están generando retrasos de proyectos, mayores plazos, sobrecostes y presiones salariales.
La escasez tiene, además, un componente cuantitativo muy claro, pues los trabajadores técnicos aplicados ya representan el 54% de la fuerza laboral energética, más del doble que su peso en la economía general. Dentro de ese grupo, los oficios cualificados forman el mayor subsector ocupacional y han registrado el mayor incremento interanual; desde 2015 han sumado cerca de 1,6 millones de trabajadores, hasta alcanzar 18,9 millones en 2024. Y la AIE subraya un punto clave para entender la decisión de BlackRock: la inversión en IA y digitalización no reduce la demanda de estos perfiles en construcción, operaciones y mantenimiento, porque se trata de tareas mayoritariamente manuales y presenciales.
Ahí aparece la primera gran clave del fenómeno: la economía de la IA necesita mucho trabajo físico. Los centros de datos requieren potencia eléctrica, refrigeración, cableado, subestaciones, obra civil y mantenimiento. La electrificación del transporte exige redes, cargadores y técnicos. La rehabilitación energética de edificios requiere instaladores, soldadores, fontaneros y especialistas en saneamiento y calefacción. Todo tiende a concentrarse en chips, modelos fundacionales y software, pero el despliegue real ocurre sobre hormigón, cobre, acero y sistemas térmicos.
Cuello 'blanco' y 'azul'
Otra clave de la apuesta de Blackrock coincide con un momento de mayor ansiedad en una parte del empleo de oficina. Un post reciente de Tamara Basic Vasiljev, economista asociada a LinkedIn, señalaba que los trabajadores de administración de oficina encabezan el uso de la función Open to Work (abierto a nuevas oportunidades laborales), seguidos por perfiles de servicios de TI, consultoría, infraestructura de datos y analítica y consultoría de negocio. En el extremo opuesto, entre los menos proclives a activar esa señal de búsqueda de empleo, aparecían retail, arquitectura y, de forma llamativa, escritores y editores. La autora advertía que no hay señales sistemáticas de desplazamiento masivo por IA en estos sectores, pero sí una presión muy visible: la contratación puede haberse enfriado.
Un uso más alto de Open to Work no equivale a destrucción de empleo. Mide la presión percibida, la competencia y quizá una mayor intensidad de búsqueda. Pero esa señal encaja con un panorama más amplio descrito por LinkedIn en su Labor Market Report de enero de 2026: la contratación global sigue un 20% por debajo de los niveles prepandemia, y la empresa insiste en que la desaceleración actual no puede atribuirse mecánicamente a la inteligencia artificial, sino a una combinación de incertidumbre macroeconómica y ajustes del mercado. Al mismo tiempo, LinkedIn recomienda a las empresas recurrir más a la movilidad interna y al upskilling, y sostiene que las organizaciones que desarrollan capacidades de IA entre su plantilla avanzan más deprisa.
Ese contraste entre ansiedad de cuello blanco y escasez de cuello azul no es casual. La OIT ha refinado su índice global de exposición de las ocupaciones a la IA y mantiene que los puestos administrativos siguen estando entre los más expuestos.
A una escala global, el 24% de los trabajadores está en puestos con algún grado de exposición a la inteligencia artificial y una fracción mucho menor se sitúa en el tramo de exposición más alta. El punto relevante es que donde la IA entra primero y con más facilidad es en el trabajo de oficina rutinario, documental y codificable, no en la instalación de un cuadro eléctrico o en la reparación de un sistema de climatización en obra.
El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial estima que hasta 2030 la transformación del mercado laboral moverá el equivalente al 22% del empleo formal actual: 170 millones de nuevos puestos y 92 millones desplazados, con un saldo neto positivo. Pero dentro de esa reasignación, los roles administrativos figuran entre los más rápidamente decrecientes. El informe cita expresamente a cajeros y empleados de ventanilla.
Nuevas habilidades
En Bridging Skill Gaps for the Future: New Jobs Creation in the AI Age, el FMI concluía este mismo año que la demanda y la oferta de nuevas habilidades -especialmente habilidades de tecnología de la información y de IA- están reconfigurando los salarios y la contratación. Aproximadamente una de cada diez vacantes en economías avanzadas ya exige al menos una habilidad profesional nueva. Y el documento sostiene que estas nuevas habilidades elevan salarios y empleo promedio, aunque profundizan la polarización, beneficiando sobre todo a trabajadores de mayor cualificación y, por efecto de la demanda de servicios, también a ciertos empleos de menor cualificación, mientras los perfiles de habilidades medias quedan rezagados.
Esto ayuda a entender por qué la operación de BlackRock es una apuesta por el middle class work del futuro (empleo que permite un nivel de vida estable: salario suficiente, cierta seguridad, beneficios, movilidad social y capacidad de sostener vivienda, ahorro y consumo sin alta precariedad).
Los oficios cualificados ofrecen atributos que hoy ganan valor simultáneamente: escasez, barreras de entrada basadas en certificación real y baja automatización a corto plazo. En una economía en la que parte del trabajo de oficina se encarece en incertidumbre y competencia, electricistas, técnicos de redes, soldadores, fontaneros o instaladores calefacción no son dinosaurios del viejo mercado laboral, sino una verdadera infraestructura humana imprescindible para el nuevo.
Los grandes inversores empiezan a asumir que la rentabilidad de sus tesis en energía, digitalización e infraestructuras depende también de resolver ese déficit de talento técnico.
Hace falta más dinero
La pregunta incómoda es si 100 millones de dólares bastan. Y no es suficiente. La AIE -Asociación Internacional de la Energía- sostiene que la necesidad de fuerza laboral energética crecería en casi 15 millones de personas hasta 2035. Además, los cuellos de botella actuales ya afectan a plazos, costes y capacidad operativa. Por eso el valor de la operación no reside sólo en el volumen, sino en el mensaje: si BlackRock se mete en desarrollo de la fuerza laboral empuja a empresas, gobiernos, sindicatos, y agentes de formación a tratar la formación de oficios como política industrial, no como un apéndice social. La combinación de IA, transición energética y 'boom' de infraestructuras fuerza a una revisión de la perspectiva tradicional de que el futuro del trabajo estaría en empleos abstractos, digitales y universitarios, mientras el trabajo manual tendería a perder peso.
Un nuevo mapa de habilidades: así muta su profesión en la era de la IAIESE quiere formar a los directores financieros del futuroProfesiones que prosperan en un mundo cada vez más conflictivo Comentar ÚLTIMA HORA-
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