Viernes, 24 de abril de 2026 Vie 24/04/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Por qué cada vez más adultos cambian el cubata por los dados

Por qué cada vez más adultos cambian el cubata por los dados
Artículo Completo 1,071 palabras
Los juegos de mesa ya no son para niños, son un fenómeno que muestra el cambio social, demográfico y económico de la sociedad

Ampliar

Adobe Stock Vivir | Ocio Por qué cada vez más adultos cambian el cubata por los dados

Los juegos de mesa ya no son para niños, son un fenómeno que muestra el cambio social, demográfico y económico de la sociedad

Ekaitz Vargas

Jueves, 23 de abril 2026, 19:20

Escucha la noticia

4 min.

Una mesa compartida, varias horas por delante y una partida en marcha. Esta imagen se repite desde hace ya algún tiempo en locales de toda ... España. Y los que están en el interior, alrededor del tablero, no son niños, sino adultos. Tienen entre 30 y 40 años, trabajo, responsabilidades y cada vez menos interés por salir de fiesta. No son cuatro frikis, sino el ejemplo de un nuevo fenómeno social: el auge de los juegos de mesa entre adultos.

«Jugar ya no se ve como algo infantil, sino como una forma consciente de hacer una pausa y reconectar con los demás», explican en Distrito Zero, otro local centrado en los juegos estratégicos. Para muchos adultos, sentarse a jugar es «ese momento especial del día o de la semana en el que pueden dejar de lado sus preocupaciones». Durante años, fue cosa de niños pero esa percepción ha cambiado: «La gente ha perdido la vergüenza a enseñar lo que de verdad le gusta hacer», señalan desde La Plaza.

La cifra

25 %

del mercado global del juguete (en el que se integran los juegos de mesa) son adultos, no niños. Y no para de crecer.

Ese cambio también lo han vivido los propios jugadores. Erasmo Seebold lo resume con ironía: «Puede que de los 17 a los 25 años no tocase un juego de mesa. Hasta que vi a una panda de señores jugando al Terraforming Mars y pensé: 'yo quiero jugar a eso'». Desde entonces, no ha parado. Hoy, los juegos forman parte de su rutina social. «Es una forma de estar con gente de manera cómoda: sentados, calientes y con picoteo». Una alternativa sencilla, accesible y, sobre todo, distinta.

Porque, aunque no todos lo ven como sustituto directo de otros planes, sí introduce matices. «Al salir de fiesta buscas desinhibirte, pero los juegos te hacen pensar», subraya. Dos formas de ocio que conviven, pero que responden a necesidades diferentes. 

Ocio sin resaca

Para muchos jugadores, el cambio no es solo cultural, también práctico. Menos noches largas, más planes tranquilos. Menos consumo, más tiempo compartido. «Es una alternativa genial para personas a las que no les gusta ese tipo de ambiente. En un país como el nuestro, donde salir de bares está tan normalizado, se agradece tener otros planes», explica Saioa Irazola, de 26 años.

El factor económico también pesa. «Con un único juego puedes estar horas y días», añade. Frente a un ocio basado en el gasto constante, los juegos ofrecen algo más sostenible. Seebold lo plantea en términos muy claros: «Si lo comparo con irme de bares, bebes y comes menos al estar concentrado en el juego». Y, además, hay otro elemento clave: el clima. «Una tarde de juegos cuando está lloviendo es bastante más apetecible».

Pero si hay algo que se repite en todos los testimonios es la palabra comunidad. En Bilbohammer, una asociación centrada en Warhammer, han pasado de 23 a más de 100 socios. «Es como una familia», explica Antón Basozabal. «Se han hecho grandes amistades». Incluso viajes, torneos y planes que van más allá del propio juego. Ese componente social es, para muchos, el verdadero motor. «No hace falta sacar temas de conversación, el juego rompe el hielo», explica Irazola. Y a partir de ahí, todo fluye. David, de 40 años, lo lleva más lejos: «Lo que empieza en una partida puede acabar en una parrillada a 100 kilómetros».

Menos niños, más juegos

El auge no es casual. La industria lo ha entendido rápido. Menos niños, más adultos con capacidad de consumo. El factor demográfico tiene mucho que ver en el cambio –la natalidad en España está en mínimos históricos con poco más de 300.000 nacimientos al año–, lo que ha obligado al sector a buscar nuevos públicos más allá de la infancia. «Las editoriales ya no piensan solo en niños, sino en adultos que buscan experiencias más complejas», explican desde Distrito Zero.

Otra variable que juega a favor del fenómeno es la creciente necesidad de socializar. Algunos espacios funcionan como tienda y como punto de encuentro: «No es solo comprar un juego, es todo lo que lo rodea». También hay una transformación en el propio producto. Juegos más complejos, más narrativos, más pensados para adultos. «Ahora ofrecen experiencias que encajan perfectamente con lo que busca este público», indican desde Distrito Zero. El resultado es un círculo que se retroalimenta: más jugadores, más oferta, más mercado.

Ampliar

Adobe Stock

Si me animo, ¿a qué se puede jugar?

El crecimiento del juego entre adultos ha impulsado una oferta cada vez más variada, pensada para distintos perfiles de jugador. Los juegos estratégicos, como Terraforming Mars o Catan, requieren planificación, gestión de recursos y partidas largas donde cada decisión cuenta. En los juegos de cartas coleccionables, como Magic o Lorcana, se combina la competición directa con la construcción de mazos y la búsqueda de nuevas estrategias. Los 'wargames', con Warhammer como principal exponente, van un paso más allá: no solo se juega, también se montan y pintan miniaturas. Por último, los llamados 'party games' o juegos sociales ganan peso entre grupos de adultos que buscan partidas más rápidas, dinámicas y accesibles.

Límite de sesiones alcanzadas

El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.

Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Sesión cerrada

Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.

Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.

Iniciar sesión Más información

¿Tienes una suscripción? Inicia sesión

Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir