Miércoles, 15 de abril de 2026 Mié 15/04/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

Por qué el tiempo juega a favor de Irán

Por qué el tiempo juega a favor de Irán
Artículo Completo 1,291 palabras
A la crisis energética mundial que apenas comienza le seguirá la inestabilidad política. Leer
Financial TimesPor qué el tiempo juega a favor de Irán
  • GIDEON RACHMAN
Actualizado 15 ABR. 2026 - 00:34Personas caminan junto a una valla publicitaria que muestra a los fallecidos líderes supremos de Irán, los ayatolás Ali Khamenei y Ruhollah Jomeini, en Teherán.EFE

A la crisis energética mundial que apenas comienza le seguirá la inestabilidad política.

Donald Trump se ha autoproclamado un maestro del "arte de la negociación". Pero la paciencia a la hora de negociar no va con él. Tras un fin de semana de conversaciones de paz fallidas con Irán, Estados Unidos ha decidido una escalada en el conflicto anunciando un bloqueo.

Es probable que esta última táctica resulte contraproducente. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha provocado un aumento vertiginoso de los precios de la energía a nivel global. Pero un bloqueo estadounidense ya está elevando aún más los precios del petróleo y el gas. También aumenta el riesgo de que Irán responda atacando la infraestructura energética en el Golfo.

Los iraníes creen que el tiempo corre a su favor en este enfrentamiento y, probablemente, tengan razón. Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho de Ormuz, más aumentará la presión económica y política sobre Estados Unidos y sus aliados. Como resultado, es probable que la posición negociadora de Irán se fortalezca, si es que se reanudan las conversaciones de paz.

Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de Energía, ha llegado a calificar la pérdida de cerca del 20% del suministro energético mundial como la "mayor amenaza a la seguridad energética global de la historia". Ha advertido que la crisis actual podría eclipsar los efectos combinados de las crisis de petróleo de la década de 1970, que provocaron varios años de inflación, recesiones y racionamiento de combustible.

El impacto económico del actual conflicto se consiguió amortiguar durante un tiempo porque gran parte del petróleo y el gas del Golfo ya se encontraba en el mar cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán el 28 de febrero. Pero los efectos del cierre del estrecho —y de los ataques iraníes contra la infraestructura energética del Golfo— se están notando ahora.

El aumento del precio de la gasolina en las gasolineras es solo el principio. La escasez de combustible para aviones afectará al transporte aéreo, lo que perjudicará al turismo justo antes de la temporada de verano en Europa. La falta de helio —gran parte del cual se produce en Catar— podría paralizar la producción de semiconductores. La producción de alimentos se verá perjudicada por la escasez de fertilizantes, lo que provocará una mayor inflación. El Banco Asiático de Desarrollo ha pronosticado que la crisis energética podría reducir el crecimiento en más de un punto porcentual este año en los países en desarrollo de Asia.

Sin duda, Trump espera que la presión económica ejercida sobre Irán mediante el bloqueo obligue a la república islámica a ceder. Pero el régimen iraní cuenta con recursos, es implacable y está luchando por su supervivencia. Irán también dispone de un colchón de ingresos generados por sus recientes ventas de petróleo a precios inflados y puede generar algunos ingresos mediante la exportación de gas por gasoducto.

Si el bloqueo de Trump no logra doblegar a Irán a la voluntad de Estados Unidos, el país se enfrentará a decisiones muy difíciles. El presidente ha planteado la posibilidad de devastar la infraestructura iraní y, en ocasiones, sugiere que una operación militar para abrir el estrecho sería sencilla.

Pero la verdad es que, si estas opciones fueran viables, ya se habrían llevado a cabo. Incluso si Estados Unidos logra enviar algunos buques de guerra a través del estrecho, eso no garantizará la seguridad del transporte marítimo comercial. Irán no tiene por qué hundir o bloquear todos los petroleros. Unos ataques selectivos con drones o lanchas rápidas seguirían haciendo que el tráfico seguro de petroleros sea prácticamente imposible de garantizar.

Si Estados Unidos decidiera escalar aún más en el conflicto—cumpliendo las amenazas de Trump de destruir centrales eléctricas y plantas desalinizadoras iraníes—, Irán ha amenazado con atacar instalaciones similares en el Golfo. Sin el agua potable generada por las plantas desalinizadoras, la vida en los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí sería prácticamente imposible.

El oleoducto que cruza Arabia Saudí hasta el Mar Rojo —y que ofrece una alternativa a la exportación a través del estrecho— ya ha sido blanco de ataques que podrían repetirse. Las estaciones de bombeo saudíes en la costa también son vulnerables. Los hutíes, aliados de Irán, podrían intentar bloquear las exportaciones de energía a través del Mar Rojo, atacando buques en el estrecho de Bab el-Mandeb.

Las nefastas consecuencias políticas y estratégicas de esta guerra se extienden mucho más allá de Oriente Medio. Las protestas por el precio del combustible en Irlanda casi paralizaron el país la semana pasada, lo que llevó al gobierno a desplegar al ejército para reabrir carreteras y puertos y a anunciar ayudas al combustible que ascienden a 505 millones de euros.

Es probable que Irlanda sea solo el primer país en experimentar este tipo de disturbios. Y es improbable que los gobiernos menos solventes de Asia y Europa tengan la capacidad fiscal para sobornar a los manifestantes. Francia, fuertemente endeudada —con un historial de protestas por el precio del combustible—, ya se prepara para afrontar problemas de cara a las elecciones presidenciales del próximo año.

Antes de que se anunciara el bloqueo estadounidense, gran parte del sector del petróleo ya parecía haberse resignado tácitamente a pagar peajes a Irán por el paso a través del estrecho. A menudo se menciona un cargo de un dólar por barril de petróleo

La Administración Trump insiste en que un sistema de peaje iraní sería inaceptable. Estados Unidos tiene razón al afirmar que las consecuencias para la navegación mundial y el equilibrio de poder en Oriente Próximo serían desastrosas. Un solo país, Irán, controlaría de forma lucrativa el suministro mundial de petróleo y gas, convirtiéndose en una versión más extrema y concentrada del cártel de la OPEP. Podría utilizar esos ingresos para reconstruir sus redes de aliados y su programa nuclear.

Negociar el fin de la guerra —y la crisis energética que está provocando— requerirá visión estratégica, paciencia y la capacidad de comprender las ventajas y desventajas, así como de forjar alianzas. Cualidades de las que Trump carece. Un panorama desolador.

© The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribución, copia o modificación. EXPANSIÓN es el único responsable de esta traducción y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.

Zug, en Suiza, se convierte en refugio para las fortunas del Golfo PérsicoCómo es la vida en Irán sin internetLos riesgos del plan de Donald Trump para bloquear el estrecho de Ormuz Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir