“Nos vimos en la necesidad de trabajar con la gestión integral del riesgo porque los fenómenos naturales han aumentado en intensidad y periodicidad. Esto implica hacer estructuras más resistentes, no solo constructivas, sino también productivas y ambientales, que puedan resistir estas amenazas”, explica Isadora Hastings García, arquitecta y coordinadora general de Cooperación Comunitaria, en entrevista con WIRED en Español.
Después del huracán Otis en 2023, esa forma de trabajo llegó a Cacahuatepec, en la zona rural de Acapulco, Guerrero. Varias comunidades volvieron a utilizar materiales que ya conocían pero que habían dejado de trabajar: el adobe, la madera, la teja y el bajareque, una técnica tradicional que usa tierra sobre una estructura de varas o carrizos. El proceso se apoyó en formas de organización que ya existían en el territorio, como las asambleas, los recorridos comunitarios y el trabajo colectivo.
El caso ocurre en un país donde los desastres ya han obligado a muchas personas a dejar sus hogares. El primer Diagnóstico Nacional sobre el Desplazamiento Forzado Interno por Cambio Climático y Desastres en México, elaborado por la Secretaría de Gobernación, a través de Conapo, en colaboración con ACNUR, identificó 1,037,910 desplazamientos entre 2013 y 2023; la mayoría estuvo asociada con huracanes, inundaciones y tormentas.
Una casa destruida o muy dañada puede obligar a una familia a irse. También puede hacerlo la pérdida de las cosechas, el trabajo, el acceso al agua o los espacios donde se cocina y se cuida, porque quedarse depende de que la vida cotidiana pueda sostenerse después de una emergencia.
24 localidades del Núcleo Agrario.Fideicomiso Fuerza México reconstruyó 4,898 viviendas unifamiliares a cargo de desarrolladores privados.Las familias afectadas podían usar las tarjetas de apoyo para comprar una casa a una constructora o fundación, pagar reparaciones o reconstruir por su cuenta con asistencia técnica. En la práctica, muchas terminaron con una vivienda básica de una planta, con dos habitaciones, sala, cocina y baño pequeños. Eran casas hechas con materiales económicos y bajo un modelo “llave en mano”, es decir, entregadas como un producto terminado.
Unión Hidalgo y Juchitán, en Oaxaca, estuvieron entre los municipios más golpeados por los sismos de 2017. Ahí, el modelo de reconstrucción levantó casas muy parecidas entre sí que, según el diagnóstico, se adaptaban poco al calor, la humedad, las lluvias fuertes, los vientos, los sismos y la forma de vida de las familias. Ese proceso también hizo que se comenzaran a perder las formas tradicionales de construir.
Hastings recuerda que en 2017 los apoyos estaban pensados para comprar materiales industrializados en tiendas de proveedores. La arquitecta explica que para poder construir con materiales naturales y locales, Cooperación Comunitaria tuvo que buscar otros caminos y completar los recursos con donaciones.