- EDWARD LUCE
El sentir de la opinión pública y de las élites se ha vuelto en contra de Netanyahu.
¿Quién en Estados Unidos recuerda a Isaac Rabin? Es casi seguro que pocos menores de 40 años recordarán al valiente primer ministro de Israel que buscó la paz con los palestinos. Su asesinato en 1995a manos de un extremista israelí impulsó el giro a la derecha del país y el inicio de la era de Benjamin Netanyahu. No debería sorprender que los jóvenes estadounidenses sean tan propalestinos hoy como sus predecesores fueron en su momento proisraelíes. Rabin arriesgó su vida por la paz. ¿Qué dirá la posteridad de Netanyahu?
El cambio en la opinión pública estadounidense es, sin embargo, claro. Según Pew, el 60% de los estadounidenses tiene ahora una opinión desfavorable de Israel. Cuanto más jóvenes son, mayor es ese porcentaje. Tres cuartas partes de los jóvenes de entre 18 y 29 años simpatizan más con los palestinos que con los israelíes, según una encuesta publicada por la NBC el fin de semana pasado. A medida que la generación del baby boom fallece, es probable que la postura antiisraelí de Estados Unidos se acentúe. Cada vez menos estadounidenses ven a Israel como David enfrentándose al Goliat del mundo árabe. Más y más lo asocian con un militarismo autoritario.
Incluso existe un riesgo nada trivial de que Israel se distancie del presidente Donald Trump. En algún momento, Trump llegará a un acuerdo con el régimen iraní para poner fin a la Operación Furia Épica. Sean cuales sean los términos, es casi seguro que Israel se opondrá. Los estadounidenses han tomado nota de la influencia de Netanyahu al convencer a Trump de que atacar a Irán era una buena idea. Los grupos proisraelíes han malgastado mucha buena voluntad acusando a quienes señalan la influencia de Netanyahu de difundir estereotipos antisemitas. Eso convertiría en antisemitas a millones de estadounidenses sionistas.
Seamos claros, Trump es el único responsable de involucrar a Estados Unidos en esta guerra caprichosa. Pero, como informó The New York Times, la voz más prominente que instó a Trump a seguir adelante fue la de Netanyahu. Los propios asesores de Trump, incluidos el secretario de Estado, Marco Rubio, el vicepresidente, J.D. Vance, el director de la CIA, John Ratcliffe, y Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, expresaron distintos grados de escepticismo. Netanyahu no era un titiritero que moviera los hilos. Pero su capacidad de persuasión sobre Trump fue fundamental.
Otra tendencia drástica contra Israel se observa entre los demócratas. La semana pasada, 40 de los 47 senadores demócratas votaron en contra de la venta de armas estadounidenses a Israel. Hace unos años, los demócratas buscaban con avidez financiación del Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC), el lobby proisraelí más poderoso del país. El AIPAC aún se presenta como bipartidista. Ahora, los demócratas se comprometen a no aceptar lo que consideran dinero sucio.
Los aspirantes demócratas a la Casa Blanca también compiten por ver quién puede distanciarse más de Israel. El ritmo lo marca Rahm Emanuel, exalcalde de Chicago, quien se ha comprometido a poner fin al subsidio anual de 3.800 millones de dólares (3.200 millones de euros) que Estados Unidos destina a Israel. Según sostiene, Israel puede comprar armas a precio de mercado como cualquier otro aliado. Añade que, si Israel infringiera las reglas de la guerra, Estados Unidos debería imponer un embargo. Otros demócratas amenazan con suspender la venta de armamento defensivo, incluido el destinado a la Cúpula de Hierro israelí.
A excepción de Bernie Sanders, este tipo de política habría sido impensable hace unos años. El hecho de que el segundo nombre de Emanuel sea "Israel" y que fuera durante un breve espacio de tiempo voluntario civil en las Fuerzas de Defensa de Israel no hace sino reforzar este cambio. Pero Netanyahu se lo ha buscado. Cuando Emanuel era jefe de gabinete de Barack Obama en 2009, Netanyahu supuestamente lo llamó "judío que se odia a sí mismo". El pecado de Emanuel fue oponerse a los nuevos asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada.
Estas tácticas han preparado el terreno para la reacción actual. La disputa de Netanyahu con Emanuel ilustra las acusaciones desiguales de la llamada doble lealtad. Cualquiera que insinúe que un judío estadounidense prominente tiene vínculos tanto con Estados Unidos como con Israel corre el riesgo de ser acusado de antisemitismo por el AIPAC y otros aliados de Netanyahu. Sin embargo, cuando una figura judía estadounidense como Emanuel tiene una visión divergente de los intereses nacionales de Estados Unidos, se la tacha de desleal o algo peor. Los demócratas, incluyendo a la mayoría de los senadores judíos, están alerta ante este doble rasero. A la mayoría también le preocupa la mala aplicación de uno de los prejuicios más letales de la historia. De hecho, el uso abusivo de estas acusaciones aumenta el desencanto de Estados Unidos con Israel.
El siguiente acto serán los esfuerzos de Trump por encontrar una salida de Furia Épica. Es difícil imaginar cómo logrará un acuerdo entre Estados Unidos e Irán mucho mejor que el que Obama negoció en 2015.Netanyahu rompió el precedente al declarar ante el Congreso que el acuerdo nuclear entre Irán y Estados Unidos era "muy malo". También influyó en 2018 para persuadir a Trump de que se retirara del acuerdo.
La mayor parte de los aproximadamente 440 kg de uranio altamente enriquecido de Irán —suficiente para unas 10 armas nucleares— se enriquecieron desde entonces. Trump busca una suspensión indefinida del enriquecimiento, frente a los 15 años que estableció Obama.Pero si el plan de Trump no logra frenar el programa de misiles balísticos de Irán ni romper sus lazos con sus milicias regionales, Netanyahu lo odiará casi con la misma intensidad.
Por otra parte, tanto Estados Unidos como Israel se enfrentan a elecciones a finales de este año. Netanyahu es demasiado astuto como para arriesgarse a una campaña sin el apoyo de Trump. Sin embargo, el instinto de supervivencia de Trump probablemente le impedirá arriesgarse a sufrir numerosas bajas estadounidenses enviando tropas terrestres a Irán. El dilema de Netanyahu, por lo tanto, está ya planteado. De lo único que puede estar seguro es de que quien suceda a Trump probablemente será mucho menos amigable.
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