Los gimnasios en septiembre están llenos de optimistas. «Sobreestimamos el gasto calórico de las típicas actividades veraniegas»
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 22/09/2026 Actualizado a las 00:45h.Están los gimnasios llenos de gente este mes. Hemos vuelto de las vacaciones con ganas... de adelgazar. Coger unos kilitos de más en verano no ... es ningún mito pese a que muchos días hayamos hecho el doble de los pasos recomendados por jornada. Porque sí, mucha playa, mucha tumbona y mucha terracita... pero no paramos. Entonces ¿cómo es posible lo que nos dice la báscula o la cinturilla del pantalón?
Los resultados de las investigaciones no sorprenden al experto en fitness Jorge Garmendia. Y la explicación la tiene clara:nos movemos más, pero también comemos (y bebemos) más. O diferente. «Durante el verano abundan los tentempiés y las comidas fuera de casa: a los helados y las tapas del bar se suman los desayunos, almuerzos o cenas en restaurantes, que suelen cocinar con mucho aceite. Todo esto se traduce en un aporte considerable de grasas y azúcares que incrementan nuestro cómputo de calorías ingeridas». Y esto no solo lo hacemos un día, sino que es nuestra rutina, aunque solo dure una o dos semanas.
El helado que nos tomamos no se compensa con la caminata por la playa, el pateo por el casco histórico, o las carreras tras nuestros hijos pequeños por el pueblo. «Tendemos a sobreestimar el gasto calórico asociado a actividades típicas del verano, como nadar en la piscina o caminar sin descanso, pero a la hora de la verdad no pueden compararse con el ejercicio físico propiamente dicho. A eso hay que sumar que dejamos de entrenar varias semanas», añade. Dos más dos...
No por sudar más...
Vamos, que somos unos optimistas de campeonato. Otro ejemplo: creemos que el cansancio es lo que marca cuántas calorías quemamos y según Garmendia, para nada. «Aunque a veces existe una correlación entre sobreesfuerzo y quema de calorías, lo habitual es que no tengan nada que ver». Si crees que ese paseo por la montaña que te ha dejado exhausto justifica que te metas entre pecho y espalda unos callos con patatas fritas, ¡error!.
Tampoco lo que hayas sudado es un justificante válido para ello. «En verano sudamos más porque hace más calor, pero eso no equivale a un mayor gasto de calorías ni a pérdida de grasa. Es más, en días de altas temperaturas o tras un ejercicio intenso, nuestro cuerpo tiende a rebajar su gasto energético como mecanismo de compensación o defensa: te hace sentir con menos ganas de moverte para evitar que te pases o te dé un golpe de calor». Esto, por cierto, también nos vale para el 'gym':no porque tengas la camiseta empapada vas a adelgazar más. Influyen muchos más factores.
El tercer elemento que nos lleva a confiarnos y al que debemos (en parte) ese michelín veraniego que ahora no se quiere ir son los relojes y pulseras inteligentes. «Si el 'smartwatch' te dice que has quemado 300 calorías dando un paseo, lo lógico es pensar que tenemos más margen para darnos un capricho, pero es erróneo», desliza Garmendia. Al parecer, la mayoría de los cálculos de gasto calórico que hacen son tan optimistas como nosotros.
¿Tenemos entonces que renunciar (también) a los caprichos en vacaciones? «Los caprichos son permisibles siempre que sigamos la regla del 80-20, que es aplicable a muchos aspectos de la vida», responde el experto en fitness. Y esto consiste en que «el 80% de nuestro tiempo comamos sano y dediquemos el 20% restante a esos caprichillos». Sin olvidarnos, claro, de hacer ejercicio de verdad. Quizá no consigamos volver más finos de lo que fuimos, pero al menos no nos echaremos las manos a la cabeza cuando nos subamos a la báscula al regresar y nos devuelva una cifra que no nos guste.
Esos kilitos... no son todos de grasa
Esos kilitos de más de las vacaciones tienen una explicación, pero ¿de qué están hechos?, ¿de felicidad? Cristina López, directora del Departamento de Odontología y Biomedicina de la Universidad Europea de Andalucía, dice que son síntoma de «vínculo social, recompensa y ritual». En vacaciones cambian las costumbres y baja el autocontrol y es normal que el peso fluctúe. Pero no hay que confundirse, «parte del aumento inicial en la báscula no es grasa, sino glucógeno, agua y retención por ingesta de sal». Eso, al volver a nuestra rutina, suele irse poco a poco porque dejamos los ultraprocesados, nos servimos raciones más pequeñas y volvemos al 'gym'. Así que tampoco te martirices y no caigas en restricciones extremas, aconseja la docente.
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