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Pie de foto, Información del artículo- Autor, Amir Azimi
- Título del autor, BBC News
- Fecha de publicación 27 agosto 2026, 03:53 GMT
Estados Unidos afirma haber lanzado una "ofensiva económica contra las conexiones financieras de Irán en todo el mundo".
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, indicó en una rueda de prensa realizada esta semana que las sanciones abarcan activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo.
Añadió que cualquier país que establezca asociaciones financieras con Irán quedará aislado.
Sin embargo, el anuncio de Bessent, al que calificó como un "Día D económico", pudo haber sonado más dramático en Washington que en Teherán.
Poco después del anuncio, el ministro de Economía iraní, Ali Madanizadeh, lo calificó como "el mismo discurso de siempre" y aseguró que Irán estaba preparado para "cualquier escenario". Señaló que Teherán ya esperaba estas medidas y que tiene planes para afrontarlas.
Su reacción apunta a la principal pregunta que probablemente se estén haciendo los líderes iraníes: ¿qué puede hacer ahora Estados Unidos que no haya intentado ya?
¿Nueva fórmula?
Bessent ha amenazado con ampliar las llamadas sanciones secundarias contra países, bancos y empresas que sigan haciendo negocios con Irán.
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Pie de foto,Pero la política de fondo no es nueva. Irán lleva años enfrentando sanciones estadounidenses, incluidas penalizaciones contra compañías extranjeras que comercian con el país.
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Lo que realmente importa ahora para Teherán es si Washington puede aplicar las sanciones de manera más amplia y efectiva que en el pasado.
El bloqueo estadounidense ya ha tenido efectos. Ha reducido la capacidad de Irán para exportar por mar tanto petróleo como antes y ha dificultado la importación de bienes y equipos.
Irán posee extensas fronteras terrestres con siete países y cuenta con años de experiencia utilizándolas para sortear las sanciones. Sin embargo, las rutas terrestres no pueden reemplazar fácilmente el comercio marítimo, especialmente las exportaciones de petróleo.
Por ello, la presión podría volverse mucho más seria si Washington logra cerrar los canales que sobrevivieron a rondas anteriores de sanciones, particularmente aquellos que involucran a China y a los países vecinos de Irán.
No obstante, se trata de una tarea complicada.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de China declaró el martes que se opone firmemente a las sanciones, calificándolas de ilegales.
Si las sanciones fracasan, el anuncio de Bessent podría fortalecer a quienes dentro de Irán se oponen a un acuerdo con EE.UU.
Estos sectores podrían argumentar que Washington ha vuelto a echar mano de la presión económica porque sus otras opciones son limitadas. Una nueva campaña militar implica riesgos, mientras que años de sanciones no han logrado obligar a Irán a aceptar las exigencias estadounidenses.
Washington también ha dejado poco margen para la diplomacia.
Aunque Pakistán y otros mediadores siguen intentando reactivar las conversaciones, Estados Unidos no ha descartado llevar a cabo nuevos ataques. Las renovadas amenazas podrían debilitar a los funcionarios iraníes que favorecen alcanzar un acuerdo.
Un país acostumbrado a las sanciones
La economía iraní ya atravesaba graves dificultades antes de la guerra, con una inflación elevada y una moneda en rápida depreciación, y la situación ha empeorado desde que comenzaron los combates tras los ataques aéreos estadounidenses e israelíes del 28 de febrero.
La depreciación de la moneda iraní, el rial, se está notando de forma aguda y generalizada. Las importaciones son más costosas, las empresas tienen dificultades para planificar y los ahorros de la población están perdiendo valor. Las restricciones a las exportaciones de petróleo también han reduccido el acceso del gobierno a divisas extranjeras.
Negin, nombre ficticio, es una mujer de 34 años que afirma que sus ingresos mensuales son ahora el equivalente a unos US$100 dólares.
"No voy al cine, al teatro ni a conciertos. No compro regalos para nadie. No asisto a fiestas de cumpleaños. Solo puedo comprar carne con el cupón de subsidio del gobierno; de lo contrario, no podría permitírmelo", le dijo a la BBC.
Mona, ama de casa y madre de dos hijos, afirma que su esposo está desempleado desde el comienzo de la guerra.
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Pie de foto,"Tenemos miedo, especialmente después desde que las sanciones entraran en vigor. Desde que empezó la guerra, mi esposo no ha vuelto al trabajo. Solía trabajar en barcos", explica.
Y añade: "Estamos intentando administrar lo que gastamos lo mejor posible, pero sin duda hemos tenido que reducir todos los gastos extra y los pequeños lujos."
Mirando a noviembre
Irán podría considerar que el tiempo juega en contra del presidente estadounidense Donald Trump. Una mayor interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz podría impulsar al alza los precios del petróleo y la gasolina, aumentar la inflación en Estados Unidos y convertirse en un problema político antes de las elecciones legislativas que se celebrarán en noviembre.
Esto ofrece a Teherán una fecha clave a la que prestar atención, aunque centrar las esperanzas en los comicios estadounidenses supone una apuesta arriesgada.
Para entonces, la economía iraní podría encontrarse en una situación mucho más débil.
Además, más allá de las elecciones de mitad de mandato, existe otro problema. Como Trump no buscará la reelección en 2028, en la recta final de su mandato el gobierno podría sentirse con mayor libertad para mantener la confrontación con Irán y asumir sus costos.
Por lo tanto, Irán tiene el ojo puesto en dos relojes.
Uno es político y está en Washington. El otro es económico e interno. Cada mes de caída de las exportaciones de petróleo, comercio interrumpido y presión sobre su moneda hace que esperar un acuerdo para poner fin al conflicto resulte más costoso.
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Pie de foto,Esto deja a los líderes iraníes ante una decisión difícil. Hacer concesiones ahora podría parecer una rendición ante la presión y podría fortalecer a los sectores más duros, que sostienen que Washington solo exigirá más cesiones.
Mientras, esperar podría mejorar la posición de Irán si la estrategia de Trump encuentra obstáculos políticos o económicos.
Pero Teherán también podría verse obligado a negociar más adelante con una economía debilitada.
Mucho depende ahora de lo que ocurra fuera de Irán.
Si los bancos chinos, los socios comerciales regionales y las empresas empiezan a retirarse porque creen que Washington los castigará, la campaña de Bessent podría alterar los cálculos estratégicos de Teherán.
Aunque también podría suceder lo contrario. Los iraníes que se oponen a cualquier compromiso argumentarán que Washington ha jugado otra carta supuestamente decisiva sin modificar el equilibrio de fuerzas y que Irán debería seguir esperando o resistiendo.
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