- ADELA BALDERAS
- Por qué debería mantener la mirada de Peter Pan
- La pasión (como la de Rosalía) no está de moda en la oficina
Un líder que cuida los detalles respira coherencia. No sólo habla de valores, los encarna.
Escucho a Guitarricadelafuente cantar "la vida es tan hermosa que parece de verdad en la mañana de Navidad" y me atraviesa con una sencillez casi perfecta. Aunque hay contrastes que duelen, que rompen la magia, que destrozan el hechizo. Desde ayer me ronda, como una melodía desafinada, una cifra devastadora: una de cada tres personas mayores pasa estas fiestas en soledad. Ya no brindan, ya no cocinan, ya ni siquiera esperan. Porque probablemente no son sólo estas fechas, son todas las fechas... Esa grieta entre la lírica y la soledad real me recuerda algo fundamental y me hace cuestionar qué vínculos estamos construyendo si, al final del camino, el olvido gana. Los detalles no son minúsculos: son esas huellas que nos devuelven la humanidad.
La sonrisa de La Gioconda, los primeros acordes de Wonderwall, la sal de la tortilla, el érase una vez de los cuentos, el olor a langostinos en la Navidad de mi infancia, el azul del mar, el tacto del terciopelo, la mirada inocente de mi perrita Greta, agarrarse de la mano por un susto, compartir un postre, la manta de los domingos de invierno, poder llamar a mi amiga. Siempre, a cualquier hora... Estas son sólo algunas de las pequeñas cosas que son grandes. Que marcan la diferencia. Que dejan huellas que a veces ni se notan, pero que duelen cuando no están.
Vivimos rodeados de grandes discursos, de objetivos ambiciosos, de KPI implacables, de metas imposibles, de eslóganes y frases motivadoras que nos repetimos y luego dejamos a un lado, como un mensaje de voz a doble velocidad que nunca oímos de verdad. Pero la vida -la de verdad- se construye desde lo íntimo, desde lo básico. Quizá por eso el liderazgo no se revela en los discursos grandilocuentes sino en los hábitos cotidianos. En esos gestos mínimos, que parecen invisibles, se esconde la fuerza que sostiene equipos, que inspira confianza, que transforma relaciones. Los detalles crean conexiones, generan confianza, transmiten valores y hacen que las relaciones y las metas compartidas tengan un significado real.
Un líder que entiende el poder de los detalles transforma una simple interacción en algo inolvidable. Se trata de mirar, de escuchar, de preguntar, de reconocer, de acompañar. Se trata de estar. Son estas acciones las que hacen que un objetivo deje de ser un número y se convierta en propósito las que sostienen la cultura invisible de una organización. Porque las tormentas, siempre llegan.
La estrategia es vital, sí. Pero ¿de qué sirve el mapa si perdemos la brújula? Cada vez resuenan más alto (y, ojalá, más claro) voces, opiniones, informes y hasta canciones que afirman que necesitamos una vuelta a lo humano, a la espiritualidad, entendida como conexión auténtica ...o como queramos entenderla. Y es que gestionar personas no es solo trazar rutas, sino saber por qué y para quién trazamos esas rutas. Ideo, consultora global pionera en el diseño centrado en el ser humano, presenta su visión 2026 bajo el liderazgo de Mike Peng y la guía de Tim Brown como presidente emérito, proponiendo el concepto de "ralentizar para acelerar". Este enfoque defiende que, en plena era de la inteligencia artificial, el éxito estratégico requiere detenerse a pensar y priorizar la perspectiva humana y las relaciones auténticas como motores de innovación. Al situar la empatía y la reflexión por encima de la eficiencia tecnológica, la compañía redefine lo humano como el activo indispensable para navegar la incertidumbre, tanto la presente como la futura.
Y situar la empatía requiere mirar con detalle, porque un líder que cuida los detalles respira coherencia. No sólo habla de valores, los encarna. No sólo pide compromiso, lo inspira. No sólo busca resultados, impulsa personas. Y es ahí donde surge el liderazgo que transforma. Porque lo humano, la mirada a las personas nunca debe ser el plan B.
El poder de un gesto
Todos recordamos (o a veces conviene parar para recordarlo) un gesto que lo cambió todo: alguien que nos dedicó tiempo cuando no tenía por qué, que nos abrió una puerta cuando pensábamos que estaban todas cerradas, que confió en nosotros antes de que nosotros mismos lo hiciéramos, que, en un mal momento, preguntó: ¿qué necesitas? Los detalles son la forma más honesta de demostrar que las otras personas importan. Y, paradójicamente, son la manera más inteligente de construir equipos fuertes, motivados y comprometidos. El neurólogo, psiquiatra y filósofo Viktor Frankl decía que "el ser humano se realiza a sí mismo en la medida en que se trasciende". Quizás por eso liderar no es una foto en solitario en la cima. Cuidar los detalles no es un barniz de cortesía, no es amabilidad superficial, no es el resultado de un pódcast escuchado de camino al trabajo, no son técnicas de motivación exprés, no son flores a destiempo. Liderar desde lo pequeño es, en realidad, una declaración de principios, una mirada a la acción; es atención y cuidado a los vínculos que se construyen. La académica de la Universidad de Houston Brené Brown recuerda que "la conexión auténtica requiere valentía", porque mostrarse humano no debilita: une.
Un detalle puede sostener la cultura, reforzar la misión, recordar y servir como guía, porque en lo concreto se revela lo auténtico y se construye la confianza son la arquitectura emocional de un equipo. Y un equipo emocionalmente cuidado rinde más, innova más, se atreve más y permanece más. Marco Aurelio decía: "La calidad de tus pensamientos determina la calidad de tu vida". En la empresa, como en la vida, la calidad de nuestros gestos dibuja la calidad de las relaciones. Los detalles construyen memoria. Y la memoria construye compromiso. Por eso, en un mundo que corre, que exige, que parece vivir con déficit de atención permanente, el liderazgo más revolucionario es el que se detiene, mira, escucha y comprende que lo pequeño no es un adorno: es la esencia.
En mi lista de propósitos para 2026 quiero mirar más allá, prestar atención a lo pequeño, cuidar a los demás y cuidarme recordándome lo que canta Valeria Castro: "Tiene que ser más fácil el quererse". Quiero valorar más los gestos, agradecer los silencios que acompañan y acompañar los silencios de los otros en este mundo imperfecto. Mientras, suena de fondo Guitarricadelafuente, "puede que parezca un loco, esta vida sabe a poco"... Por un año en el que el olvido no gane y lo humano sea, de una vez por todas, el único plan.
Adela Balderas es doctora ADE. Profesora Investigadora Deusto Business School. Investigadora Universidad de Oxford. Profesora Afiliada City Science MIT Media Lab.
Así actualiza un legado centenario la CEO de Delaviuda y El AlmendroEl año en el que se replanteó la alta cocina¿Cuánto dinero ha ganado Carlos Alcaraz con Ferrero como entrenador? Comentar ÚLTIMA HORA-
13:18
El Gobierno anuncia una norma para limitar los intereses de los créditos al consumo y ChatGPT para pymes
-
12:36
¿Cuánto suben las pensiones y los salarios en 2026?
-
11:33
Donald Trump se revuelve contra George Clooney por convertirse en ciudadano francés
-
11:31
El consorcio vasco liderado por Kutxabank y BBK compra Ayesa Digital por 480 millones
-
11:03
Decenas de personas muertas en el incendio de un bar en Suiza