Diversos estudios muestran que el cuerpo modifica su química según los sonidos que percibe. La música placentera aumenta la liberación de dopamina; las alarmas o ruidos amenazantes activan la amígdala, la región que interpreta el miedo (piensa en la alerta sísmica). Este nuevo reporte añade algo más: incluso los sonidos inaudibles pueden generar respuestas fisiológicas. Y como muchas de estas vibraciones se producen en entornos cotidianos, vale la pena considerarlas al estudiar los espacios donde vivimos.
zumbido era imperceptible, pero físicamente presente en la sala. Al terminar, los voluntarios entregaron muestras de saliva y completaron cuestionarios sobre su estado emocional.Los resultados arrojaron que nadie detectó conscientemente el infrasonido, pero su cuerpo sí reaccionó. Quienes estuvieron expuestos mostraron niveles más altos de cortisol, la hormona del estrés fisiológico, y reportaron sentirse más irritables, más tristes y menos interesados en la música.
Este rechazo inconsciente coincide con investigaciones previas en animales, donde el infrasonido también provoca estrés y conductas de alerta. Aunque aún es pronto para identificar un mecanismo fisiológico específico, los autores sugieren que estas vibraciones actúan como un irritante ambiental, capaz de alterar el estado afectivo sin que la persona lo note.
Los infrasonidos están en todas partes, incluso en esa casa dizque encantada
Los infrasonidos forman parte del paisaje invisible que nos rodea. Surgen de fuentes naturales. como temblores, tormentas, erupciones o cascadas; y de fuentes artificiales como turbinas, maquinaria industrial, tráfico, ductos o sistemas de ventilación. Igual que la contaminación acústica de alto volumen afecta nuestra calidad de vida, un zumbido inaudible también podría elevar el cortisol y generar malestar o aversión hacia un espacio.
Los autores incluso plantean que un sonido por debajo del espectro audible podría contribuir a que ciertos lugares se sientan incómodos o inquietantes. En la cultura popular, los sitios “embrujados” suelen asociarse con cambios súbitos en el estado de ánimo. Pero muchos de esos espacios, como sótanos, edificios viejos, hospitales u hoteles abandonados, tienden a ser lugares cercanos a tuberías o maquinaria, que son fuentes comunes de vibraciones de baja frecuencia.
“Si te dijeran que el edificio estaba embrujado, podrías atribuir esa agitación a algo sobrenatural. En realidad, es posible que simplemente hayas estado expuesto al infrasonido”, dijo Rodney Schmaltz, coautor del estudio, en un comunicado.