Estrategias para afrontar los conflictos y frustraciones en el deporte infantil
Escucha el artículo. 5 min
Escucha el artículo. 5 min
Regala esta noticia Añádenos en Google 29/05/2026 Actualizado a las 18:08h.Hugo tiene 15 años y lleva tres en el equipo de fútbol. Desde hace varias semanas pasa más tiempo en el banquillo que en el ... césped. Cada domingo, tras el partido, regresa a casa más callado y más irritable. «No sé qué hacer ya. Paso». Sus padres deciden entonces ir a hablar con el entrenador. Hugo es uno de los protagonistas de 'Cuando la vida te sienta', una suerte de manual práctico sobre cómo afrontar los conflictos y frustraciones en el deporte infantil que ha autoeditado el psicólogo José Ortiz Gordo.
En segundo lugar, el psicólogo advierte de que no hay que ir a la reunión «de parte del hijo sin escuchar al entrenador» y tampoco convertir ese encuentro «en un juicio con frases del tipo: 'Mi hijo es de los que más se esfuerzan', 'Fulanito juega más porque es el enchufado'... ya que de ese modo el entrenador se cerrará, el club se pondrá a la defensiva y tu hijo quedará en medio, pasando vergüenza y con sensación de lío».
Para concertar la reunión, Ortiz Gordo recomienda utilizar el canal que el club haya marcado (correo, app, coordinador…) y hacer la petición lo más concreta posible: «Nos gustaría hablar 15-20 minutos sobre cómo está nuestro hijo con su rol en el equipo. ¿Qué día y horario le viene mejor?». Si el menor tiene 11 o 12 años, mejor que vayan solo los padres, pero Hugo, que ya tiene 15, podría perfectamente asistir. Ir con suposiciones, aunque estas solo estén en la cabeza y no se verbalicen («le tiene manía a mi hijo»), no ayuda, como sí lo hace repasar los hechos que nos han llevado a pedir la entrevista. «En los últimos cuatro partidos solo ha jugado diez minutos». En todo caso, a ese encuentro «no se va a pedir más minutos de juego», sino a analizar la situación del chaval en el equipo y cómo mejorarla.
Discutir alineaciones
La conversación no debe discurrir por el lado emocional, sino por el deportivo-educativo: «Se puede empezar así: 'Gracias por sacar este rato. No venimos a discutir alineaciones, sino a entender qué está viendo de nuestro hijo y qué puede hacer él para estar mejor'». Para ello, la familia puede preguntar: '¿Qué objetivos se ha marcado para esta temporada?' –y no, '¿por qué no pone más a mi hijo'–, '¿qué cosas cree que le están alejando de tener más minutos?', 'si Hugo quiere tener más opciones, ¿en qué dos o tres aspectos concretos cree que debería centrarse?'. «Son preguntas abiertas, que no atacan y dejan al entrenador explicar su mirada», reconoce el psicólogo.
En cuanto a las actitudes que facilitan el diálogo... «escuchar sin interrumpir, aunque no estés de acuerdo, reconocer lo que se hace bien –'agradecemos la paciencia que ha tenido con Hugo'–, matizar sin acusar –'él nos dice que siente que apenas le mira en los entrenamientos. ¿Cómo lo ve usted?'. Y no hablar en nombre del vestuario con fórmulas tipo 'todos los padres piensan que…'».
Alejo García-Naveira. Psicólogo del deporte
«Con los chavales no debe hacerse una asignación de minutos de juego rígida»
Alejo García-Naveira acumula 25 años de trayectoria en psicología del deporte. Y advierte de que el reparto por igual de minutos en el campo entre los chavales no es necesariamente la mejor opción.
– ¿Cómo puede hacer el entrenador para que el equipo rinda bien sin dejar de lado a los que menos juegan o peor rinden?
– Este es uno de los grandes retos del deporte formativo. La clave está en cambiar la idea de 'igualdad de minutos' por la de 'igualdad de desarrollo'. Los minutos de juego y las experiencias competitivas son necesarios, pero no debe hacerse una asignación rígida de minutos, sino asignar roles dentro del equipo, ofrecer objetivos individuales a cada jugador y diseñar entrenamientos donde todos puedan progresar, aunque a ritmos diferentes.
– ¿Cómo manejar la frustración, ira o baja autoestima de un niño o niña que juega menos minutos y siente que no cuentan con él en el equipo?
– Esa reacción es normal. Para un niño el deporte no es solo una actividad física, también es un espacio donde construyen su identidad y su sensación de pertenencia. Hay que validar la emoción en lugar de minimizarla con frases como 'no pasa nada'. A partir de ahí, el foco debe ponerse en lo que sí pueden controlar: su esfuerzo, su actitud en los entrenamientos y los aspectos concretos que pueden mejorar. Es clave que el entrenador ofrezca un feedback claro para que el jugador sepa qué necesita para tener más oportunidades para jugar el partido.
– ¿Hasta qué edad debe favorecerse que jueguen todos por igual independientemente de que a unos se les dé mejor y a otros peor?
– No existe una edad exacta, pero aproximadamente hasta los 12 años, el objetivo principal debería ser la participación, el aprendizaje y el disfrute. En esas edades es importante que todos jueguen mucho y tengan oportunidades similares. A medida que los niños crecen, especialmente a partir de la preadolescencia, el enfoque puede ir evolucionando hacia una mayor diferenciación en función del rendimiento, pero siempre de forma progresiva y educativa.
comentarios Reportar un error