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¿Por qué recibes mails en tu buzón para gente que se llama como tú pero no son para ti?

¿Por qué recibes mails en tu buzón para gente que se llama como tú pero no son para ti?
Artículo Completo 883 palabras
Este fenómeno se llama 'misdirected email', es decir, 'correo mal dirigido', y no es una trampa que oculte feroces virus troyanos, es un error que te puede meter en problemas
¿Por qué recibes mails en tu buzón para gente que se llama como tú pero no son para ti?

Este fenómeno se llama 'misdirected email', es decir, 'correo mal dirigido', y no es una trampa que oculte feroces virus troyanos, es un error que te puede meter en problemas

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Julio Arrieta

27/06/2026 Actualizado a las 19:03h.

Cada mañana, abres tu cuenta de correo personal y te encuentras con que, junto a los mails dirigidos a ti, más o menos deseados, aparecen ... otros varios y misteriosos mensajes 'extra'. Un día es una notificación de un banco en Bogotá; otro, un aviso de cobro de una tienda en Ciudad de México, una consulta sobre una gestión pendiente en la Universidad de Ica, Perú, o un documento legal de un juzgado en Buenos Aires. Y todo ello parece estar dirigido a ti. O por lo menos, a alguien que se llama como tú. A varios 'álguienes', de hecho. ¿Qué sucede? ¿Estamos ante un fallo de seguridad, un ataque informático o ante un capricho de la red?

La causa más inmediata es sorprendentemente simple. Este fenómeno «pasa porque la gente a veces al teclear direcciones se equivoca, sin más», resume Borja Marcos, responsable de seguridad de Sarenet. «Es habitual que un usuario confunda el proveedor –escribir Gmail en vez de Hotmail, por ejemplo– o las extensiones territoriales. Todos lo hemos hecho más de una vez: escribes '.es' en vez de '.com', por ejemplo».

La gravedad de la privacidad

Sin embargo, el problema no se queda en un simple error de dedo. «Lo malo de esto es que se ha quedado en el caché del navegador. Por ejemplo, se memorizan los valores que hemos metido en un formulario», que se pueden replicar en otros formularios, «con lo cual el problema se perpetúa», apunta Marcos.

Además del error humano, está el técnico. En algunas plataformas, el problema se agrava por una cuestión de diseño que muchos desconocen: el sistema ignora los puntos en los nombres de usuario. Por ejemplo, para esas plataformas 'julioarrieta@' y 'julio.arrieta@' son iguales, razón por la cual el autor de estas líneas ha recibido hoy mismo una consulta sobre el «estado situacional de la carretera Canchaque - Huancabamba», en Perú, destinada a un tocayo suyo que debe de ser ingeniero de caminos.

Explicado el fenómeno, más allá de la molestia que supone, ¿hay algún problema con esto? «Sí, puede haberlo. En algunos casos, como que recibamos un extracto bancario, un informe médico o un documento legal que son de otra persona, estamos teniendo acceso a información privada y confidencial de esa persona». Marcos advierte de riesgos legales que van más allá de la privacidad: «Si esa persona, el destinatario real, se ve involucrado en un delito o en un procedimiento de algún tipo y alguien pide una orden judicial... a lo mejor podemos encontrarnos con una orden en la que se nos pide un volcado de nuestros correos. Como mínimo te vas a ver salpicado».

Más allá del descuido, la responsabilidad recae en las empresas que no verifican los datos de sus clientes. «Cuando alguien te da una dirección de correo electrónico para darse de alta en algo, lo que debería hacer la empresa, banco, clínica, agencia, lo que sea, es confirmar que la dirección de correo electrónico efectivamente es de esa persona», sentencia Marcos.

La carga invisible

Esta negligencia crea lo que Rader denomina una «carga invisible» para el receptor, sobre el que cae la tarea de gestionar una información sensible ajena que nunca pidió. Marcos insiste en que para el emisor esto es un problema legal: «El enviarte a ti datos de otra persona, aunque sea un error, es una violación de la legislación de protección de datos».

¿Qué hacer ante esa situación? Marcos recomienda «dividir la reacción por categorías». Para casos graves, como reclamaciones de deudas o temas legales, sugiere contactar con la policía, lo que puede hacerse a través del formulario de colaboración ciudadana. Escribir a los remitentes aclarando la situación es otra opción. «Si te siguen enviando mails, especialmente si es un banco o una empresa grande y no te hacen ningún caso, entonces dirígete a la Agencia de Protección de Datos y diles que esa organización te está enviando información privada de otra persona y no responde a tus avisos». Para asuntos menos críticos, que parezcan simples confusiones puntuales, el experto propone una solución más sencilla: «Mandar el mail directamente a la carpeta de spam, o poner un filtro, y ya está».

Compartir apellido en la era de internet ya no es una anécdota; es un recordatorio de que nuestra identidad digital es un traje que a veces le queda grande a la tecnología. Mientras las empresas no mejoren sus procesos de verificación, nos tocará seguir siendo los guardianes accidentales de la privacidad ajena.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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