Miércoles, 11 de febrero de 2026 Mié 11/02/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

¿Por qué se desploman las tasas de fertilidad? Tiene que ver con los roles de género

¿Por qué se desploman las tasas de fertilidad? Tiene que ver con los roles de género
Artículo Completo 1,396 palabras
Gran parte de la decisión de las mujeres graduadas de tener hijos depende de cómo esperan que se comporten sus maridos. Leer
Financial Times¿Por qué se desploman las tasas de fertilidad? Tiene que ver con los roles de género
  • MARTIN WOLF
11 FEB. 2026 - 11:17Unos niños con sus niñeras en Nantes, al oeste de Francia, uno de los países de la UE con una de las tasas de fertilidad más altas.EFEEXPANSION

Gran parte de la decisión de las mujeres graduadas de tener hijos depende de cómo esperan que se comporten sus maridos.

El descenso de la fertilidad se ha producido en casi todos los países del mundo. Además, como señala la premio Nobel Claudia Goldin en su artículo de 2023 "El lado negativo de la fertilidad", todos los miembros de la OCDE (a excepción de Israel) tienen una tasa de fertilidad total (número medio de hijos por mujer a lo largo de la vida) inferior a 2,1 (la tasa de reemplazo). Además, esto no es nada nuevo, dado que los bajos niveles de fertilidad han existido en muchos países actualmente desarrollados desde mediados de la década de 1970.

Esta transformación de la fertilidad es lo opuesto a lo que predijo Thomas Malthus en su "Ensayo sobre el principio de la población". La humanidad goza de una prosperidad sin precedentes y, sin embargo, tiene muchos menos hijos en relación con su número que antes. Analicé las causas en mayo de 2024, en "Del baby boom a la caída de la natalidad". Una de ellas es que un número mucho mayor de niños sobrevive hasta la edad adulta, lo que reduce la necesidad de tener muchos hijos de forma sucesiva. Otra es que hemos logrado separar los placeres del sexo de las cargas de la crianza. Otra es que las personas han llegado a preferir unos pocos hijos de "calidad" (en cada uno de los cuales invierten más) a una gran cantidad.

Sin embargo, estos cambios no explican totalmente lo que está sucediendo, en particular las tasas de fecundidad notablemente más bajas de las mujeres graduadas y los colapsosde la tasa de fertilidad en economías de rápido crecimiento con normas de género tradicionales, en concreto que las esposas deben cuidar de los hijos. En estos países, no solo los costes de crianza tienden a ser elevados, sino que recaen abrumadoramente sobre las mujeres.

En general, las mujeres graduadas en EEUU (y en otros lugares) tienen una probabilidad mucho mayor de casarse que las no graduadas y han tenido una mayor probabilidad de tener hijos dentro del matrimonio. Por lo tanto, para las graduadas universitarias, en concreto, gran parte de su decisión de tener hijos depende de cómo esperan que se comporten sus esposos. La cuestión, simple (y obvia), es que las mujeres con estudios que terminan asumiendo la responsabilidad total del cuidado de varios hijos tienen relativamente más que perder que sus pares sin estudios universitarios. Por esto es más probable que insistan en el matrimonio. También es la razón por la que tienden a tener menos hijos (aunque esto último se debe también a que empiezan más tarde).

Goldin argumenta que las mujeres que obtienen ingresos profesionales están en mejor situación y tienen mucha más autonomía. Pero para lograrlo, necesitan posponer el trabajo para continuar su educación, algo que hacen cada vez más. Una vez que han terminado sus estudios y se incorporan al mercado laboral, deben elegir si tener hijos y con quién. Para trabajar con éxito después de tenerlos, dependerán de la ayuda activa de sus parejas. Pero no pueden estar seguras de que estas últimas sean de fiar. Su pareja puede ser una ayuda fiel, pero podría dejarla.

Si su apoyo falla, a las mujeres les resultará difícil mantener su carrera profesional. Por tanto, las mujeres graduadas se protegen. No solo insisten en el matrimonio, sino que tienen pocos hijos, a menudo uno o ninguno

Goldin utiliza este análisis para explicar lo que lleva tiempo sucediendo en Estados Unidos. Así, "la tasa de natalidad se desplomó hace algún tiempo en el país, debido a que las mujeres tenían mayor autonomía, tenían más opciones, y debido a que los ingresos relativos de los trabajadores con estudios universitarios aumentaron considerablemente, sus opciones se volvieron más valiosas. El costo de oportunidad de tener hijos para las mujeres con mayor educación aumentó. Las mujeres necesitaban mayores garantías de que el cuidado de sus hijos se compartiría con el padre".

Pensemos ahora en los casos de países que experimentaron un enorme crecimiento económico desde una base baja, como en el sur de Europa y el este de Asia. Allí, argumenta, las costumbres sociales a menudo se quedan atrás de las realidades contemporáneas. Los hombres aún añoran las normas patriarcales de una sociedad tradicional. Las mujeres disfrutan de la liberación de una economía moderna. Goldin señala que los países especialmente afectados por este desajuste de expectativas (como Japón, Corea del Sur y, sospecho, China) también tienen altas tasas de infertilidad femenina.

Otro factor relevante al que alude es la "carrera de ratas". Tener hijos de calidad es caro en todas partes, pero en algunos países lo son de forma exorbitante. En sociedades donde las aspiraciones de tener hijos son universalmente altas y compartidas, los padres compiten entre sí por un número limitado de puestos prioritarios para su descendencia. El resultado es una tutoría intensiva, una forma exquisita de tortura tanto para los hijos como para los padres, y sobre todo para las madres. Esto incrementa los costes directos e indirectos de tener hijos para las mujeres hasta un grado desmesurado. Por ello, muchas no los tienen.

La principal sugerencia de Goldin es que los hombres deben mejorar, aunque también recomienda un mayor apoyo estatal a los padres. Pero nada parece probable que eleve las tasas de fertilidad de las sociedades modernas por encima del nivel de reemplazo. En lo que sí estoy de acuerdo es en que la idea de la derecha reaccionaria de que la solución es devolver a las mujeres a la cocina y la guardería es perversa y estúpida. Solo los talibanes creen que es inteligente privar a las mujeres de educación. Es más, si ni siquiera el Partido Comunista Chino puede obligar a las mujeres a tener hijos que no desean, nadie puede. Es más, solo un imbécil pensaría que se tendrían más hijos argumentando que las mujeres deben tratar a sus maridos como a sus señores, una vez más. Lo que conseguiríamos sería aún menos matrimonios y menos hijos.

Las normas de género deberán ser aún más igualitarias y la ayuda social para cubrir los gastos de los hijos aún mayor si se quiere tener alguna esperanza de aumentar las tasas de fertilidad. Pero un aumento considerable parece improbable. Una disminución de la población parece inevitable en un gran número de países ricos, si se descarta la inmigración masiva. ¿Sería ese el desastre que algunos temen? No. Pero ese es un tema para otra columna.

© The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribución, copia o modificación. EXPANSIÓN es el único responsable de esta traducción y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.

McKinsey cede el control de su polémica gestora de activos internaCómo afectará el apocalipsis del SaaS al capital riesgoParamount mejora su oferta de compra por Warner Bros. Discovery Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir