No es una crisis ni estás siendo desleal, «el cerebro humano está programado para buscar la novedad, es un rastreador constante de estímulos nuevos», dicen los expertos
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Regala esta noticia (Adobe Stock) 28/04/2026 Actualizado a las 16:26h.Sentir un flechazo por un extraño no es el fin del mundo ni el acta de defunción de tu relación. Es, sencillamente, que estás viva. ... Te explicamos por qué tu cerebro se vuelve loco por lo nuevo y por qué el olor o una voz grave tienen la culpa de tu próximo desvelo. Admitámoslo: vas por la calle, en el metro o en la oficina y, de repente, pum. Un tsunami. Un desconocido te remueve el estómago y te entran los sudores fríos. Y ahí aparece ella: la culpa. «¿Esto es ser infiel?», «¿Significa que ya no quiero a mi pareja?», «¿Soy un monstruo?». STOP. Respira. Antes de que te fustigues con el látigo del arrepentimiento, escucha a la ciencia. «¡Es algo incontrolable! El cerebro humano está programado para buscar la novedad, es un rastreador constante de estímulos nuevos», tranquiliza Eva Moreno, sexóloga y terapeuta de parejas.
¿Cuándo hay que preocuparse? Vale, sentir atracción es inevitable, pero qué haces con ella ya es cosa tuya. La clave, según Moreno, está en el espacio que ese «alguien» ocupa en tu mente. Si empiezas a buscar excusas para coincidir, si fantaseas más con el vecino que con quien tienes al lado en el sofá... ahí es cuando toca encender las luces de emergencia. No para montar un drama, sino para ponerle un poco de razón al asunto y marcar límites. Calma: no siempre que hay chispa quieres terminar en un revolcón. «Si la persona por la que nos sentimos atraídos empieza a ocupar demasiado espacio en la mente –buscamos coincidir, fantaseamos o prestamos más atención a su presencia que a la propia pareja–, puede ser una señal de que algo requiere nuestra atención». Es decir, es el momento de ponerse manos a la obra para colocar esa atracción en su sitio, es decir «poner un poco de razón a la emoción sin montar un número o una catástrofe y establecer límites (¡si quieres, claro!)».
Para ello es útil saber algo más sobre la atracción. Además de «que no deja de ser una respuesta automática», conviene aclarar que no siempre implica querer tener algo sexual. De hecho, se han descrito nueve formas distintas de atracción y solo una de ellas es de índole carnal, el resto responde a cuestiones amistosas, emocionales, estéticas o intelectuales, por ejemplo. Así que, calma, no es que queramos culminar siempre esa atracción con un revolcón.
Los más vulnerables
La gente más proclive a sentir estas punzadas de atracción son, indica la sexólga, personas extrovertidas «que enseguida conectan y las que necesitan vínculos», aunque sentir más o menos atracciones depende, más que de neustro carácter, del momento de la vida en que nos encontremos. Así, moreno dice que nuestra historia pesonal es determinante en esta cuestión: «En una situación de estrés, con el cortisol elevado, es muy difícil que nos atraiga alguien, ya que el deseo de conexión se reduce».
Pero, dicho esto, se abre el eterno gran debate, una cuestión espinosa ligada a este asunto: si sentimos atracción por alguien que no es nuestra pareja... ¿debemos contárselo o mejor nos lo callamos? En este punto, cada uno es de una 'escuela' y, sobre todo, cada cual sabe cómo se lo va a tomar la otra parte... «Ay, yo que soy la gran defensora de la comunicación en las parejas... en este caso creo que no hay por qué contarlo todo. Tenemos que preguntarnos antes para qué lo vamos a decir y si va a afectar a la relación. Lo del 'sincericidio' no lo veo. Aunque también es cierto que, ojo, algunas parejas fantasean con otras personas y se lo cuentan al otro porque eso les gusta», explica la especialista. En resumen: mejor que sepas el terreno que pisas antes de lanzarte a explicar lo de la atracción por otras personas.
Qué nos hace atractivos a los ojos de los demás
Los expertos en el tema, como la neurocientífica Emilia Redolar, recalcan que si bien «la novedad es uno de los principales impulsores que nos hacen atractivos a ojos de los demas –la dopamina que nos genera lo nuevo tiene la 'culpa'–, hay otros factores que nos hacen irresistibles y que no tienen que ver con el físico»..
Voz
El sonido y cómo la modulamos es muy importante. las graves y seguras resultan más atrayentes. Las chillonas, sin embargo, transmiten nerviosismo y 'alejan' a los demás.
Mirar a los ojos
Es un arma muy potente: si miras a los ojos (con naturalidad, no en plan psicópata asesino), estamos mostrando accesibilidad. «Genera confianza, deseo de ayudar y de conectar... en definitiva crea el deseo de volver a estar contigo», apunta Eva Moreno. Sonreír y acercarse al interlocutortambién causa ese efecto.
Olor
«Hay estudios que han determinado que a veces nos sentimos atraídos por una persona debido a su olor porque con esa persona determinada tendríamos descendencia con mayor variabilidad en el sistemaa inmunitario, lo cual es deseable –explica Emilia Redolar–. No es que vayamos oliendopersonas para ver cuál nos gusta, pero es un sentido muy importante en la atracción». Según un estudio publicado en el 'Personality and Social Psychology Bulletin' vinculamos el olor desagradable de una persona con falta de respeto, bajo estracto social y hasta enfermedad. Así, es algo «inconsciente», como nuestra preferencia por personas «con mayor simetría corporal y facial».
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