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Portugal estrena el primer bosque terapéutico de la Península: sólo hay cuatro en el mundo

Portugal estrena el primer bosque terapéutico de la Península: sólo hay cuatro en el mundo
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Portugal acaba de estrenar el primer bosque terapéutico certificado de la Península Ibérica. La Mata Nacional do Buçaco fue certificada como bosque terapéutico por la Healing Forest-International Certification Office. Leer
ViajesPortugal estrena el primer bosque terapéutico ibérico, uno de los cuatro del mundo
  • CRISTINA ACEBAL
Actualizado 27 AGO. 2026 - 08:04La Mata Nacional do Buçaco, en la freguesia de Luso (municipio de Mealhada), fue certificada como bosque terapéutico por la Healing Forest-International Certification Office, el 17 de julio de 2026. Es el primero de la Península Ibérica.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El 17 de julio, un bosque portugués de poco más de un centenar de hectáreas recibió una distinción que hasta entonces solo tenían otros tres lugares en todo el planeta. La Mata Nacional do Buçaco, en la freguesia de Luso (municipio de Mealhada), fue certificada como bosque terapéutico por la Healing Forest-International Certification Office, con sede en Rostock (Alemania). Con ese sello, válido hasta 2031, Buçaco se convierte en el primer bosque terapéutico de la Península Ibérica y en el cuarto del mundo, junto al de la abadía de Göttweig (Benediktinerstift), en Austria, y los alemanes de Lahnstein y Bad Nauheim.

El cedro de Buçaco, en Príncipe Real, es el árbol más antiguo catalogado en la capital portuguesa debido a su reconocido interés público. A partir de 1850 se introdujeron especies exóticas como cedros, secuoyas, araucarias, eucaliptos… entre ellas este célebre cedro del Buçaco, símbolo del lugar.

Que solo existan cuatro da la medida de lo exigente que es la etiqueta. Y que uno de ellos esté en el centro de Portugal, a unas pocas horas de carretera desde España, lo pone al alcance de cualquiera que quiera comprobar de primera mano qué significa eso de que un bosque “cura”.

Ya tuvo fama en la Guerra de la Independencia

España, con su enorme superficie forestal, no cuenta todavía con ningún bosque que ostente esta certificación internacional. El más cercano está ahora al otro lado de la raya, en el distrito de Aveiro, en pleno corazón de Portugal. Buçaco se levanta en el extremo noroeste de la sierra que lleva su nombre, a 549 metros de altitud, y ese emplazamiento le regala un microclima propio: temperaturas suaves, lluvias generosas y nieblas matinales frecuentes que alimentan una biodiversidad poco habitual en la región.

El Bosque Nacional de Buçaco posee una increíble colección de 180 ejemplares de Camelia (Camellia japonica). Esta colección data de 1884 y fue un regalo de Alfredo Allen, vizconde de Quinta Villar d'Allen. Las camelias de Buçaco pueden verse en todo el Bosque, pero especialmente junto a los jardines del Palacio de Bussaco y alrededor de la Fuente de S. Silvestre y el gran lago del Bosque de Buçaco.

No es un rincón anónimo. Estas laderas fueron escenario, el 27 de septiembre de 1810, de la batalla de Buçaco, uno de los episodios de la Guerra de la Independencia en los que el ejército angloluso frenó el avance napoleónico. La historia compartida de la Península se respira aquí tanto como el aroma de los árboles.

Un arboreto con casi dos siglos de plantación

Buçaco no es un bosque cualquiera al que un día se decidió colgar una placa. Sus 105 hectáreas albergan una de las colecciones dendrológicas más completas de Europa: cerca de 250 especies de árboles y arbustos. La reforestación la iniciaron hace siglos las monjas carmelitas descalzas, y a partir de 1850 se introdujeron especies exóticas como cedros, secuoyas, araucarias, eucaliptos… entre ellas el célebre cedro del Buçaco, símbolo del lugar.

El Palace Hotel do Bussaco es uno de los más bellos edificios neomanuelinos de Portugal. Mandado construir por el rey Carlos I como pabellón de caza y hoy hotel en funcionamiento. Todo el conjunto está protegido en Portugal con la categoría de Monumento Nacional, y la fundación que lo gestiona ya trabaja en su candidatura a Patrimonio Mundial de la Unesco.

El recinto se organiza en cuatro paisajes bien diferenciados. El Arboreto ocupa el 80 % de la superficie; los Jardines y el Valle de los Helechos se diseñaron a finales del siglo XIX; la Floresta Relíquia conserva vegetación autóctona anterior a la ocupación humana; y el Pinhal do Marquês se recupera todavía de una plaga y del paso de un ciclón en la última década. Entre la espesura asoman fuentes, portales, escalinatas y, en el Valle de los Helechos, el Palace Hotel do Buçaco, mandado construir por el rey Carlos I como pabellón de caza y hoy hotel en funcionamiento. Todo el conjunto está protegido en Portugal con la categoría de Monumento Nacional, y la fundación que lo gestiona ya trabaja en su candidatura a Patrimonio Mundial de la Unesco.

Qué distingue a un bosque terapéutico

Un bosque terapéutico no es simplemente una masa de árboles grande y bonita. La Healing Forest-International Certification Office lo define como un espacio boscoso diseñado para usos terapéuticos concretos, donde profesionales cualificados acompañan programas adaptados a cada persona, capaces de servir de apoyo en el abordaje de enfermedades e incluso de complementar tratamientos convencionales.

Buçaco no es un bosque cualquiera al que un día se decidió colgar una placa. Sus 105 hectáreas albergan una de las colecciones dendrológicas más completas de Europa: cerca de 250 especies de árboles y arbustos. En la imagen, Fuente Fría del Palace Hotel do Buçaco, el hotel de cinco estrellas situado en el corazón del bosque.

Para lograr el sello, el bosque debe cumplir requisitos precisos: estructuras naturales que amortigüen el ruido y ofrezcan protección visual y frente al viento, senderos con distintos grados de dificultad, presencia regular de terapeutas forestales u otros profesionales sanitarios y áreas específicas para aplicaciones terapéuticas y ejercicios de relajación. Se valora incluso la cercanía a un hospital o centro de rehabilitación. La certificación llega tras varias fases: documentación, inspección sobre el terreno e informes independientes de expertos forestales y médicos, y tiene caducidad, de modo que no se conquista para siempre.

Lo que dice la ciencia

El baño de bosque, traducción del japonés shinrin-yoku, nació en 1982 dentro de un programa nacional de salud en Japón para reducir el estrés de la población. Es una práctica guiada de bienestar y atención plena, sin necesidad de indicación médica, comparable a comer sano o hacer ejercicio.

A lo largo de la última década, sobre todo en países asiáticos, se han medido efectos concretos de la exposición al bosque: reducción del estrés, la ansiedad y la depresión, descenso de la presión arterial, mejora de la calidad del sueño y refuerzo del sistema inmunitario. El investigador japonés Qing Li documentó un aumento de la actividad de las células NK -las “asesinas naturales”, claves frente a virus y células tumorales- tras estancias en el bosque, acompañado de una caída de las hormonas del estrés. Otros trabajos han asociado el contacto forestal con bajadas de tensión, más marcadas en personas con hipertensión moderada, y con mejoras en pacientes con insuficiencia cardíaca crónica.

Conviene, eso sí, la prudencia del buen naturalista: son beneficios reales pero moderados, medidos en estudios todavía en expansión, y funcionan como complemento, nunca como sustituto de la medicina. El bosque no cura por arte de magia; ayuda, y ya es mucho.

Baño de bosque o terapia de bosque

La terapia de bosque, en cambio, está más formalizada desde el punto de vista clínico: la dirigen terapeutas acreditados y se asocia a veces a indicaciones concretas -enfermedades cardiovasculares, respiratorias, psicosomáticas, ortopédicas o neurológicas-. Es este segundo modelo, el más riguroso, el que sostiene la certificación de Buçaco.

Los dos conceptos parten de la misma intuición: el entorno forestal sienta bien, pero no son sinónimos. El baño de bosque, traducción del japonés shinrin-yoku, nació en 1982 dentro de un programa nacional de salud en Japón para reducir el estrés de la población. Es una práctica guiada de bienestar y atención plena, sin necesidad de indicación médica, comparable a comer sano o hacer ejercicio. La terapia de bosque, en cambio, está más formalizada desde el punto de vista clínico: la dirigen terapeutas acreditados y se asocia a veces a indicaciones concretas -enfermedades cardiovasculares, respiratorias, psicosomáticas, ortopédicas o neurológicas-. Es este segundo modelo, el más riguroso, el que sostiene la certificación de Buçaco.

Cuatro bosques, un mismo sello

En el monte Eichberg, junto a la abadía benedictina de Göttweig (Paudorf, Baja Austria), se extiende el primer bosque terapéutico certificado de Austria. Inaugurado en junio de 2025 tras un riguroso aval científico y con el sello internacional de calidad forestal, el Heilwald Göttweig abarca 53 hectáreas gestionadas por la abadía, cerca de Krems y del valle de Wachau. Su singularidad es que une la terapia de bosque moderna con la tradición benedictina, reservando espacios de silencio e introspección.A las afueras de Lahnstein, en pleno Valle del Rin Medio, se extiende este bosque terapéutico certificado. Inaugurado en septiembre de 2025, fue el primero de Renania-Palatinado y el primero de Alemania con el sello internacional "Healing Forest". En sus cerca de 230 hectáreas reparte más de cincuenta estaciones y senderos para el bienestar, con un camino de atención plena, ejercicios de respiración y puntos para el sistema cardiovascular. De acceso libre para todos, incluye incluso un bosque terapéutico infantil.El bosque terapéutico Waldpark Skiwiese, en la histórica ciudad-balneario de Bad Nauheim (Hesse, Alemania), fue distinguido en diciembre de 2023 y ocupa unas 34 hectáreas. Ofrece un sendero para caminar descalzo, una “sala de baño de bosque” con hamacas, una bañera forestal y doce estaciones terapéuticas, que pueden recorrerse por libre o en sesiones guiadas con supervisión médica. En una ciudad dedicada desde hace más de un siglo a la salud del corazón y los pulmones, el bosque se suma como una herramienta terapéutica más.

Que el cuarto bosque terapéutico del mundo haya nacido en la Península, y no en Japón, Escandinavia o Norteamérica, dice algo sobre el momento que vivimos: la naturaleza vuelve a entenderse como aliada de la salud, no como mero paisaje de fondo. Buçaco comparte ese selecto sello con solo otros tres lugares: el bosque de la abadía benedictina de Göttweig, en Austria, y los alemanes de Lahnstein y Bad Nauheim, las cuatro únicas arboledas del planeta reconocidas como bosques terapéuticos. Pero, para quien vive en España, hay una diferencia que pesa: mientras aquellas quedan lejos, Buçaco ofrece, a unas horas de carretera, una arboleda de casi dos siglos donde detenerse, respirar hondo y recordar algo que las prisas nos hacen olvidar: que caminar despacio entre árboles nunca fue perder el tiempo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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