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Preocupación en la policía por el aumento de armas y tiroteos: «Tenemos una bomba de relojería bajo los pies»

Preocupación en la policía por el aumento de armas y tiroteos: «Tenemos una bomba de relojería bajo los pies»
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Los dos últimos incidentes con pistolas en Málaga capital en menos de una semana han incrementado la alarma social, a pesar de las estadísticas y la eficacia policial
Preocupación en la policía por el aumento de armas y tiroteos: «Tenemos una bomba de relojería bajo los pies»

Los dos últimos incidentes con pistolas en Málaga capital en menos de una semana han incrementado la alarma social, a pesar de las estadísticas y la eficacia policial

Regala esta noticia Añádenos en Google Despliegue policial en Muelle Uno tras el último tiroteo. (M. J. Díaz Alcalá)

Juan Cano y María José Díaz Alcalá

Málaga

23/09/2026 Actualizado a las 23:09h.

Las reglas del crimen organizado han cambiado. La situación no es nueva ni exclusiva de la provincia, pero la realidad es que las bandas se ... han vuelto cada vez más violentas y manejan armamento propio de conflictos bélicos. Y muestran una evidente sensación de impunidad, o de asunción del riesgo como parte de su 'modus vivendi', como lo demuestran la muerte de Nacho, un chaval malagueño de 20 años ajeno a la delincuencia que fue ajusticiado porque unos delincuentes lo percibieron como una amenaza, o el tiroteo en un restaurante del Muelle Uno en presencia de multitud de clientes que solo querían pasar una velada tranquila.

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      • una entrevista con este periódico un policía nacional que dedicó su carrera a la lucha contra grandes capos. Hasta la última organización en hacerse un hueco en el tablero del hampa, de origen galo, ya ha sido detectada en la provincia.

        El comisario principal Luis Esteban, que es jefe superior de Andalucía Oriental, no escondió la magnitud de la amenaza. «Tenemos una bomba de relojería bajo los pies», reconoció este miércoles en su visita a Málaga para entregar el bastón de mando al nuevo responsable de la Policía Nacional en la provincia, el también comisario principal Roberto Rodríguez, que venía ejerciendo el cargo en comisión de servicio. «Y necesitamos más medios materiales y técnicos», sentenció Esteban, que es responsable del cuerpo en la mitad este de Andalucía (Málaga, Granada, Almería y Jaén).

        Las unidades que se dedican a luchar contra el crimen organizado llevan años advirtiendo de que el paradigma del narcotráfico ha mutado, principalmente por la aparición de los vuelcos (robos de droga o dinero entre delincuentes), lo que ha derivado en un incremento de la violencia. En consecuencia, las bandas se han armado «hasta los dientes» y defienden los alijos con sangre, la misma moneda de cambio que se utiliza para ajustar cuentas con los ladrones. También cuentan con la ventaja de una mayor financiación y, en consecuencia, con el acceso a más y mejores medios.

        Más armas en las calles

        Los responsables policiales consultados por SUR coinciden en que hay más armas en las calles y apuntan a los conflictos bélicos como principal fuente de abastecimiento. Tradicionalmente, al tráfico de armas se le conocía como 'ant trade' o tráfico hormiga porque solían entrar camufladas entre los alijos de sustancias estupefacientes. Podían meter tres, cuatro o diez unidades, pero nunca grandes partidas. Sin embargo, las guerras -ya ocurrió con la de los Balcanes- ponen un arsenal en circulación y ese armamento, tras ser utilizado o recuperado en el campo de batalla, acaba en el mercado negro y se distribuye por Europa -amparado por la libertad de movimientos sin control fronterizo dentro del espacio Schengen- oculto en caletas (dobles fondos) de coches y camiones.

        El resultado es la irrupción de armas de guerra en escenarios donde antaño era impensable que las hubiera. El pasado mayo, un rifirrafe entre familias en Cuevas Bajas (1.300 habitantes, en la comarca malagueña de Nororma) se resolvió con decenas de disparos con un subfusil a la fachada de una vivienda. En Huelva, un conflicto entre clanes acumula ya cinco muertos a tiros desde 2024 -uno de ellos ajeno al desencuentro- y hasta han llegado a emplear granadas de mano como señal de advertencia. En Sevilla, un proyectil disparado en una ráfaga de Kalashnikov en mitad de una algarada en Las Tres Mil acabó a tres kilómetros de distancia en pleno Centro de Sevilla, con el evidente riesgo para la población civil.

        Y ahí reside la principal preocupación que, desde el anonimato, reconocen los propios mandos policiales. «Los inocentes», como Nacho. O como Mateo Vallecillos, un jubilado de 74 años que descansaba con su mujer en el salón, en su piso de La Palmilla, cuando una bala perdida de un Kalashnikov acabó con su vida, en febrero de 2020. O como el peluquero Cóssimo Pizzi y el pequeño José Manuel, un niño sevillano de 7 años que había viajado con su familia a Marbella a pasar el puente de la Constitución de 2004, quienes murieron tras ser alcanzados por una lluvia de disparos en un ajuste de cuentas al que eran completamente ajenos, y que dos décadas después sigue sin ser esclarecido.

        La policía también viene detectando en los últimos años la utilización por parte de las mafias de delincuentes cada vez más jóvenes, en ocasiones menores de edad (aprovechándose de la laxitud de la ley); a menor edad, por lo general, menos códigos y más bravuconería. «Son prescindibles para las organizaciones y más fácilmente reemplazables», sostiene uno de los agentes consultados. Los grupos criminales no dudan en entrenarlos en sus países de origen y poner en sus manos armas largas, como fusiles de asalto, para ejecutar el encargo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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