- JAVIER AYUSO
- El déficit democrático
- Pedro Sánchez, acorralado tras la condena a Ábalos, su mano derecha en el PSOE
Todo apunta a que las elecciones se celebrarán en torno a marzo del próximo año.
Las palabras chulescas de Pedro Sánchez el sábado durante el Comité Federal del PSOE ("abandonad toda esperanza" de elecciones en 2026), ha puesto en marcha la maquinaria electoral de socialistas, populares y del resto de las fuerzas políticas para los comicios de 2027. Todo apunta a que se celebrarán en torno a marzo de ese año, dos meses antes de las municipales y autonómicas, para intentar frenar la oleada de fracasos sumada en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Pero con el presidente del Gobierno puede pasar cualquier cosa.
La realidad es que ni el PSOE ni el PP tienen una mayoría suficiente para gobernar y en cualquier país serio ya se habría disuelto el Parlamento para dejar hablar a los ciudadanos. Pero esa es una prerrogativa del inquilino de La Moncloa que ha pasado de gobernar sin el Congreso a hacerlo contra él. La semana pasada las Cortes aprobaron una moción para pedir al presidente unas elecciones anticipadas, con el voto favorable de uno de sus aliados, Junts, y la respuesta de Sánchez fue una carcajada forzadísima y aplaudirse a sí mismo, mientras sus palmeros hacían lo mismo.
Luego vino la reunión del Comité Federal, el máximo órgano entre congresos, en donde el líder socialista ni hizo autocrítica por la corrupción rampante en su entorno ni por los repetidos fracasos electorales. Y, lo que es peor, tampoco ofreció nada a sus obedientes camaradas, que quisieron dar la imagen de unidad pero que realmente tan solo defendían el enorme pesebre que los alimenta y del que quieren seguir comiendo cuanto más tiempo posible. Las pocas voces críticas, encabezadas por Emiliano García Page, fueron silenciadas por los hombres del presidente, en una muestra más de que el pensamiento crítico ha dejado de existir en el partido.
Mientras tanto, en La Moncloa ya han puesto en marcha la maquinaria electoral para intentar salvar los muebles en una situación en la que el PSOE sigue en caída libre según las encuestas. La principal baza será la presentación del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2027, después de cuatro años en blanco, con un carácter claramente expansivo y de políticas sociales, que será la base del programa.
Una Ley que no tiene posibilidad alguna de salir adelante, pero que buscará que todas las fuerzas políticas de la Cámara se retraten y puedan ser culpadas por no contar con Cuentas Públicas para el próximo año. Una nueva trampa para intentar recuperar la agenda política, perdida por los escándalos de corrupción, y para volver a utilizar el miedo a la ultraderecha; algo que ya dejó de funcionar en las cuatro últimas elecciones autonómicas.
En el bando contrario, el PP está trabajando ya en un programa electoral que pretende recuperar el espíritu reformista que llevó a La Moncloa a José María Aznar y a Mariano Rajoy. Alberto Núñez Feijóo parece que se ha dado cuenta de que para obtener una mayoría suficiente para gobernar no basta con eslóganes de "acabar con el sanchismo" y ha puesto a su equipo a elaborar propuestas concretas, tanto políticas, como económicas, de recuperación institucional o de calidad democrática.
Para mostrar sus intenciones de cambio, los populares presentaron este fin de semana una Proposición no de Ley (PNL) para "devolver parte del esfuerzo fiscal realizado por las familias en los últimos años", mediante la actualización de los parámetros de Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas conforme a la inflación.
La deflactación de la tarifa del IRPF ha sido una petición del PP durante los últimos años que ha sido ninguneada por el Gobierno, porque supondría una reducción notable de ingresos y, por lo tanto, dificultaría la reducción del déficit público. Por eso, los populares plantean ahora una deflactación parcial durante unos meses, unida a la supresión del impuesto sobre el consumo eléctrico. Piensan que podrían contar con el apoyo de los aliados del Ejecutivo con ideología de derechas, como el PNV y Junts.
Esta propuesta, realizada cuando el Gobierno va a aprobar un nuevo decreto de medidas anticrisis, pretende demostrar que son un partido que afronta los problemas que sufren los españoles. Pese a los buenos resultados macroeconómicos de los que presume el Gobierno, cifras reales y positivas, existe una realidad paralela que afecta a la calidad de vida de los ciudadanos, castigados por unas subidas de precios superiores a las de los salarios, un aumento de la presión fiscal, la precariedad laboral y el gravísimo problema de acceso a la vivienda, tanto en propiedad como en alquiler.
Además de las propuestas reformistas que están preparando en Génova, Feijóo ha tomado recientemente dos decisiones muy vinculadas a las próximas elecciones de 2027. En primer lugar, deshacerse de la presión y de la ansiedad que le provocaba la posibilidad de presentar una moción de censura condenada al fracaso, y en segundo, abandonar los ataques a Vox, un partido con el que están obligados a entenderse.
En el PP son conscientes de que la formación que preside Santiago Abascal es tóxica para sus intereses por su espíritu antisistema y sus planteamientos radicales y ultraderechistas, pero también se han dado cuenta de que los socialistas llegaron al poder en 2018 y siguen ahí gracias al apoyo de otras fuerzas políticas igualmente antisistema y enemigas de la Constitución. La política siempre se ha definido como el arte de lo posible y es más inteligente intentar recuperar a sus votantes históricos que se pasaron a Vox mediante propuestas ilusionantes, que demonizando a los radicales.
'Salimos fortalecidos': cómo el Brexit cohesionó a la UEEl Congreso apoya que Sánchez se someta a una cuestión de confianzaTrump ofrece ayuda por los terremotos en Venezuela y dice que "hay un número devastador de fallecidos" Comentar ÚLTIMA HORA