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Putin ha perdido

Putin ha perdido
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En cuatro años, los tiempos han cambiado. El poder real del Kremlin ha menguado notablemente y Putin persigue una quimera. Leer
Ensayos liberalesPutin ha perdido
  • TOM BURNS MARAÑÓN
23 FEB. 2026 - 00:00El presidente ruso, Vladímir Putin.EFE

En cuatro años, los tiempos han cambiado. El poder real del Kremlin ha menguado notablemente y Putin persigue una quimera.

Al cumplirse mañana el cuarto aniversario de la invasión de Ucrania por la Federación Rusa, Vladímir Putin debería reconocer que ha perdido la guerra que inició. A comienzos de este año, lo que llama la Operación Militar Especial ya duraba más que la Gran Guerra Patriótica, que es como Josef Stalin denominó la épica movilización de la Unión Soviética entre 1941 y 1944 contra la Operación Barbarossa que, por tierra y aire, la Alemania Nazi lanzó contra Moscú.

El Tercer Reich incurrió en la misma calamitosa equivocación que cometió el imperio napoleónico cuando invadió el del zar. La grande armée de Bonaparte llegó a las puertas de Moscú, pero los rusos incendiaron la ciudad, se replegaron y resistieron. Con la Operación Barbarossa sucedió lo mismo porque triunfaron "el tiempo y la paciencia", esos dos "guerreros más poderosos" que decía León Tolstoi en Guerra y Paz. La Wehrmacht pudo con Ucrania y los Estados bálticos, pero la Rusia del zar comunista, habiéndose defendido heroicamente, contratacó.

Nostálgico y absolutista

Putin, nostálgico hasta los huesos por el imperio soviético que implosionó y tan absolutista como lo fueron los miembros de la dinastía de los Romanov,creyó que ante la intrusión de la OTAN en la zona de influencia rusa, esa que el Kremlin llama su blizhneye zarubezhye, su "exterior cercano", él podía repetir la hazaña que impulsó Stalin. Quiso anticiparse a la occidentalización de Ucrania y se agarró a la máxima que a lo largo de los tiempos ha sostenido que el ataque es la mejor defensa. Por eso puso en marcha hace ahora cuatro años lo que eufemísticamente llama su Operación Militar Especial.

Pero los tiempos son otros, la relación de fuerzas entre los bloques lo es también y las sensibilidades en la Unión Europea y la OTAN son distintas. El poder real del Kremlin ha menguado notablemente y Putin persigue una quimera. El Ejército Rojo tardó 1.418 días en llegar al Berlín de Adolf Hitler y hoy los tanques de la Federación Rusa están, a todos los efectos, tan lejos del Kiev de Volodímir Zelenski como lo estuvieron el 24 de febrero de 2022.

El iluso Putin pensó hace cuatro años que sus fuerzas de élite eliminarían a Zelenski con una rápida eficacia parecida a la que demostraría Donald Trump cuando trasladó a Nicolás Maduro a una cárcel de Nueva York. Fue un imperdonable ejercicio del embaucador wishful thinking que es tan común entre quienes se rodean de aduladores. El seguro e implacable progreso en el campo de batalla de la tropa rusa que afirman los comunicados del Kremlin no tiene nada que ver con la realidad.

Según un informe que CSIS, el respetado Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales por sus siglas en inglés, ha hecho público en Washington estos días, las fuerzas armadas rusas han sufrido 1,2 millones de bajas en la guerra a lo largo de los últimos cuatro años, cifra que dobla la de los caídos y heridos ucranianas.Los avances rusos en lo que se ha convertido en una guerra de desgaste son mínimos y solamente han conseguido ocupar y controlar en torno a un 12% del territorio vecino.

Sin embargo, es no menos de ilusos pensar que el zar contemporáneo se muestre dispuesto a salvar sus cochambrosos muebles. Putin es un despreciable matón como corresponde a todos los perversos que hicieron carrera en la KGB y la terquedad le acompaña en su vejez. Es el líder supremo de un Estado totalitario desde principios de siglo, no admitirá nunca que haya podido equivocarse y nadie de su entorno le lleva la contraria so pena de caer por la ventana de un quinto piso.

La doctrina de Putin

La doctrina de Putin se conoce bien: Ucrania y Rusia han bebido de las mismas fuentes fundacionales y forman una sola patria espiritual.Tardará más, tardará menos, en ganar la guerra, costará más o menos vidas humanas, pero vencerá. Esa es su verdad y, como se sabe, la verdad es la primera víctima en los conflictos bélicos.

Ahora bien, todo lo que ha hecho Putin, toda la crueldad contra civiles que ha desatado con drones y misiles, le ha alejado de ese fin que persigue. En los últimos cuatro años, Volodímir Zelenski se ha convertido en la estrella invitada en los saraos que organizan los líderes del mundo libre; Suecia y Finlandia se han unido a la OTAN y la alianza se rearma a marchas forzadas; Kaja Kallas, la Alta Representante de la Unión Europea para política exterior y seguridad, y exjefa del Gobierno de Estonia, es una intransigente antagonista de Moscú; y Bruselas, por mucho que le pese al húngaro Viktor Orbán y a su banda de "patriotas" euroescépticos y prorrusos, está volcada con Kiev.

No hay mal que por bien no venga. El "tiempo y la paciencia" asisten a Zelenski. Putin ha perdido.

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Fuente original: Leer en Expansión
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