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¿Qué determina nuestra ideología? Un estudio pionero te da la respuesta

¿Qué determina nuestra ideología? Un estudio pionero te da la respuesta
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Según la investigadora de Cambridge Leor Zmigrod, precursora en el campo de la neuropolítica, la respuesta está en el cerebro. "El algoritmo está diseñado para radicalizarnos", sostiene
¿Qué determina nuestra ideología? Un estudio pionero te da la respuesta

Según la investigadora de Cambridge Leor Zmigrod, precursora en el campo de la neuropolítica, la respuesta está en el cerebro. "El algoritmo está diseñado para radicalizarnos", sostiene

Regala esta noticia Añádenos en Google Leor Zmigrod es experta en neuropolítica en la Universidad de Cambridge. (Stuart Simpson.)

Ixone Díaz Landaluce

31/05/2026 a las 07:23h.

La polarización política no es solo uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, también es un puzzle que podemos resolver. Esa es la poderosa ... tesis que defiende Leor Zmigrod (Nueva Jersey, 1995), investigadora en la Universidad de Cambridge, formada también en Harvard y Stanford, y que con apenas 31 años ha escrito uno de los ensayos más influyentes del año, según intelectuales de altos vuelos como Steven Pinker y neurocientíficos como Antonio Damasio. Es lo que tiene ser una pionera en un campo tan fascinante como de rabiosa actualidad: la neuropolítica. Su libro, 'El cerebro ideológico (Editorial Paidós) pretende desentrañar una cuestión clave: qué nos hace vulnerables al extremismo ideológico. Pero también qué podemos hacer para evitarlo.

- Cuando hace diez años estaba estudiando Neurociencia en Cambridge, el debate discurría en torno al Brexit. Al mismo tiempo, mucha gente joven que había crecido en países como Alemania, España, Bélgica u Holanda estaba dejando sus países para unirse al ISIS y abrazar una ideología realmente violenta en Siria. Me interesaba entender por qué esa gente se estaba radicalizando. Las explicaciones en la prensa se centraban en los factores externos: su identidad, su edad, su entorno socioeconómico… Sin embargo, eso no respondía a la pregunta de por qué unos se sentían fácilmente atraídos por esa ideología y otros no. Sentí que el cerebro jugaba un papel importante en eso. Era algo inexplorado y yo quería entender por qué algunos cerebros son más susceptibles que otros a las ideologías extremas. No pensé lo aplicables que serían los resultados diez años más tarde.

- Desde un punto de vista neurológico, ¿en qué consiste la ideología y cómo funciona el llamado pensamiento ideológico?

- La manera en la que pensamos en la ideología desde una perspectiva neuropsicológica es muy diferente de la que utilizamos cuando nos referimos a movimientos ideológicos históricos como el fascismo o el comunismo. Hay dos cosas que hacen que una persona sea muy ideológica. La primera tiene que ver con una fuerte adherencia a un sistema de reglas y convicciones, incluso cuando las pruebas sugieren lo contrario. Esas personas muestran una gran rigidez acerca de cómo funciona el mundo y tienen una definición muy estrecha sobre lo que significa ser una buena persona. Para ellos, cualquiera que vaya en contra de esos valores debería ser castigada.

- ¿Y la segunda?

- Tiene que ver con tener una identidad muy estricta. Una persona ideológica es alguien muy concentrada en sus creencias y en su manera de ver el mundo y además, es muy testaruda respecto a las categorías identitarias. Eso lleva a personalidades muy dogmáticas que fácilmente deshumanizan a otras personas. Me da igual si son de izquierdas o de derechas, si son nacionalistas, religiosos o activistas medioambientales. No importa lo que creen sino cómo lo creen.

- Dice que el pensamiento rígido puede ser muy tentador. ¿A qué se refiere?

- ¿Por qué a los cerebros les gustan las ideologías? Es más: ¿por qué existen las ideologías? Es porque nos dan respuestas sólidas. Son como un atajo. Cuando tienes un sistema de reglas, rituales o creencias, no tienes que estar constantemente pensando en cada situación de la misma manera que si eres menos ideológico, lo que te obliga a valorar los factores que afectan a cada situación. Ser rígido te ayuda a no tener que pensar una y otra vez en cómo funciona el mundo.

Pensamiento rígido

«Los cerebros muy ideológicos tienen una definición muy estrecha sobre lo que significa ser una buena persona»

- ¿Y eso tiene peajes cognitivos?

- Es una tentación que tiene grandes costes. Por ejemplo, en tu capacidad de ser flexible en tu vida diaria, pero también de ser imaginativo, sensible o empático. Cuando piensas de una manera rígida, te conviertes en una persona menos libre mentalmente y puede que políticamente también.

La raíz psicológica

- ¿El dogmatismo puede ser un rasgo genético? ¿Hay personas más vulnerables que otras?

- No es que exista un gen dogmático que nos diga quién es la persona más extremista de tu familia, pero sí que hay una raíz biológica. Y no tiene nada que ver con la política. Para medir la rigidez cognitiva, utilizamos juegos psicológicos que se parecen al tetris o al solitario, pero que miden si eres un pensador flexible, adaptativo, creativo y original. Si eres capaz de pensar de manera abierta o si, en cambio, prefieres evitar la incertidumbre y sueles verlo todo en blanco y negro. Así medimos quién es más rígido y quién es más flexible. Quienes se sienten cómodos en su pensamiento rígido para resolver problemas cotidianos suelen ser también ideológicamente rígidos y están más abiertos a justificar el empleo de la violencia en nombre de su ideología. Son más dogmáticos, resisten más las evidencias, no quieren escuchar otras perspectivas y serán más extremistas, tanto en la derecha como en la izquierda. Y todo esto está relacionado con la dopamina.

- El perejil de todas las salsas…

- Sí, vivimos en la era de la dopamina. Hay características genéticas que afectan a cómo la dopamina se produce en nuestro cerebro y, en este caso, opera de manera diferente en los pensadores más rígidos. Así que es verdad que hay un componente genético sobre quién va a ser más rígido y quién más flexible. Pero, en realidad, es un cóctel. Tus genes interactúan con tu ambiente. Algunas personas nacen con el riesgo de ser pensadores más rígidos, pero crecen en un ambiente tolerante, abierto, sensible a las evidencias y eso les hace más flexibles que si hubieran crecido en un ambiente más dogmático. Pero cada persona puede cambiar para ser más flexible o más rígida. No es una ciencia que marque nuestro destino.

- Entonces, ¿podemos cultivar una mente más flexible?

- No hay un manual para ser un pensador flexible ni una serie de rituales tipo: 'Siete reglas para ser más flexible'. Pero hay un par de cosas que sí se pueden hacer. La primera es observar tus hábitos y rutinas, que son nuestra forma de evitar el cambio. Vivimos en una sociedad que celebra los hábitos. Las redes están plagadas de rutinas para ser saludables, felices o ricos, pero yo creo que debemos cuestionarlas.

Liderazgo flexible

«La mayoría de los líderes políticos no son pensadores rígidos, sino adaptables y oportunistas»

- ¿Por qué?

- Los hábitos nos hacen menos tolerantes al cambio y no nos permiten abrirnos a la creatividad o pensar fuera de los esquemas habituales. La psicología que empleamos en la vida diaria está muy conectada a nuestra ideología política. Por eso, los hábitos nos hacen más vulnerables a los regímenes autoritarios que quieren ciudadanos perfectamente conformistas y obedientes. Hay una razón por la que el fascismo siempre ha querido erradicar a los rebeldes y los artistas.

- A nivel estructural, ¿hay diferencias entre un cerebro conservador y uno progresista?

- En el cerebro tenemos dos amígdalas: una en el hemisferio derecho y otra en el izquierdo. Ahí es donde se procesan las emociones negativas como el miedo, la sensación de riesgo o el asco. Hay estudios que han demostrado que las personas con creencias fuertes de ultraderecha tienen una amígdala más grande que el resto.

- En su libro habla del dilema del huevo y la gallina. ¿Nuestros cerebros determinan nuestra ideología o es al revés?

- ¿Nacer con una amígdala más grande significa que vas a gravitar hacia ideologías con un sistema de creencias que apela a emociones como la amenaza, el miedo o el asco? ¿O es que convivir con esa ideología puede cambiar la estructura de tu cerebro? Sabemos que los cerebros pueden ser muy plásticos y pueden cambiar dependiendo del ambiente y las experiencias. Lo cierto es que las dos cosas son posibles.

- ¿Estamos tan polarizados como creemos o simplemente somos más conscientes de ello?

- Es interesante porque hay algunos estudios que sostienen que estamos menos polarizados de lo que creemos y que los otros nos odian menos de lo que pensamos. No sé si es una señal para la esperanza porque estamos en un momento muy peligroso. Si volvemos a hablar dentro de diez años, me temo que diremos: «¡Qué naifs éramos!».

Adiós al consumidor pasivo

- ¿El algoritmo amplifica nuestras peores tendencias cognitivas?

- No es que la IA vaya a empeorar las cosas, es que nos enfrentamos a un paradigma completamente nuevo. La información se mueve a través de algoritmos para hacernos todavía más rígidos, para darnos información más binaria, más negativa y más amenazante emocionalmente. El algoritmo no está diseñado solo para hacernos más adictos a las redes sociales, sino para radicalizar nuestra visión del mundo. Hasta ahora hemos sido consumidores pasivos, pero eso ha cambiado.

- ¿Por qué?

- Los chatbots de IA ya no nos presentan información para que la consumamos de manera pasiva, nos invitan a la conversación, una conversación hecha a medida que confirma tus prejuicios y despeja tus dudas. Además, hay algunos chatbots explícitamente ideológicos que tratan de alimentar tus creencias más extremas. Cada persona va a tener un agente radicalizador personal, a no ser que haya una regulación y una mayor conciencia. Ahora mismo tratamos a la IA con un dios que todo lo sabe.

Culto a las rutinas

«Vivimos en una sociedad que celebra los hábitos, pero hay que cuestionarlos. Nos hacen más vulnerables a los regímenes autoritarios»

- Vivimos un momento de líderes extremadamente polarizantes. ¿Podemos asumir que son, también, pensadores rígidos?

- No necesariamente. Muchas veces, los líderes y sus seguidores son muy diferentes, psicológicamente hablando. La mayoría de los líderes son, en realidad, oportunistas, flexibles y adaptables. No siguen necesariamente una ideología muy estrecha y mezclan diferentes cosas porque les funciona. Son pragmáticos y lo que necesitan son ciudadanos rígidos, obedientes y conformistas. Ahora mismo, valoramos que los líderes políticos no cambien de idea. La rigidez se percibe como algo bueno, una señal de fortaleza. Pero no tener líderes que sean flexibles y adaptables, que quieran escuchar perspectivas diferentes o cambiar de forma de pensar puede ser un problema.

- A Pedro Sánchez se le acusa de eso: de cambiar de opinión más que de camisa.

- Tiene que haber un equilibrio. No significa que cambies de opinión todo el rato. Eso no es la flexibilidad. Pero tienes que estar dispuesto a escuchar a otros cuando las evidencias son creíbles. La forma en la que describimos a nuestros líderes es muy binaria: o son fuertes y pensamos que eso es auténtico y digno de confianza, o son tan persuadibles y oportunistas que no hay sustancia, no hay carácter y desconfiamos de ellos. Necesitamos líderes que estén en medio.

- ¿Teme que una investigación como la suya pueda utilizarse de forma perniciosa?

- No, porque creo que las compañías tecnológicas o los agentes maliciosos ya conocen los principios de la propaganda. Y creo que la investigación nos puede ayudar a combatirlo. Es mucho más fácil ser un propagandista que un ciudadano que lucha contra ello. Además, todavía hay gobiernos a los que les preocupa la polarización. También se puede utilizar para luchar contra los estigmas: tu ideología no tiene por qué ver con tu edad o tu etnicidad. Es un rasgo psicológico al que todos somos vulnerables. A veces, pensamos que los autoritarismos son algo que ocurrió en la primera parte del siglo XX, pero que ya hemos madurado. Sin embargo, somos los mismos seres humanos, con las mismas debilidades, fortalezas y prejuicios. Nadie es inmune, todos somos vulnerables y debemos ser conscientes de ello.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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