Fuente de la imagen, BBC / Daniel Arce
Información del artículo- Autor, Dalia Ventura
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 17 minutos
La Tarea de selección de Wason ha sido descrita como "el paradigma experimental más investigado en la psicología del razonamiento".
Aunque el nombre y la descripción pueden hacer que parezca complicado, es un experimento sorprendentemente simple y asombrosamente revelador.
El "Wason" detrás de todo esto es el británico Peter Wason, uno de los psicólogos más influyentes y creativos del siglo XX.
Tenía un estilo de trabajo poco convencional, contó su alumno y colaborador Philip Johnson-Laird: "Sostenía que los psicólogos nunca debían saber con certeza por qué realizaban un experimento".
En lugar de partir de una hipótesis que debía ser confirmada o refutada, inventaba experimentos y, a partir de las observaciones que generaban, formulaba hipótesis.
Su interés era el pensamiento humano, así que creaba tareas que desvelaran sus secretos. Los experimentos cuyos resultados se desviaban de lo esperado, en cierto sentido, hacían que la mente "se delatara".
Esa actitud entusiasmaba a sus estudiantes, quienes participaban en sus pruebas.
"Después, pipa en mano, explicaba dónde se habían equivocado; su porte aquilino encajaba con la imagen que uno tenía de Sherlock Holmes", recordó Johnson-Laird al escribir el obituario de Wason en 2003.
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Y la más famosa, pues mostró que el razonamiento humano no era como se creía, fue su Tarea de selección, de la cual escribió por primera vez hace 60 años y, desde entonces, ha sido uno de los enigmas cognitivos más estudiados.
¡Ponte a prueba!
Te muestran 4 tarjetas, cada una con una letra en un lado y un número en el otro.
En las caras que puedes ver, aparecen las letras E y K, y los números 4 y 7.
Te dicen que, si una tarjeta tiene una vocal en una cara, entonces tendrá un número par en la otra.
La pregunta es: ¿qué tarjeta o tarjetas tendrías que voltear para comprobar si esa regla es cierta?
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En el experimento original, muy pocos, apenas un 10%, resolvió el acertijo correctamente, al ignorar la tarjeta crítica y seleccionar combinaciones incorrectas.
La clave es mantener siempre presente lo que dice la regla: si hay una vocal, entonces debe haber un par.
Y también, lo que no dice:
- que todos los números pares deban tener vocal,
- ni que todas las consonantes deban tener números impares.
Entonces...
E: puede confirmar o desmontar la regla
K: es irrelevante en este caso: la regla no dice nada sobre las consonantes, así que no importa qué número aparezca en la otra cara.
4: aquí es donde muchos se confunden. Intuitivamente parece importante porque la regla habla de "número par" ... pero no dice "si hay número par, entonces hay vocal".
Así que, si le das vuelta y hay una vocal, lo único que logras es confirmar la regla, pero si hay una consonante, no la refutas.
7: Esta es la tarjeta crítica, pues es la única que puede falsear la regla. Como es impar, si la otra cara tiene una vocal, la destruye inmediatamente.
La combinación correcta es E y 7.
Desde que Wason escribió sobre ese experimento en 1966, muchos estudios lo han replicado, a menudo variando las letras y números, o hasta reemplazando algunos por colores o formas.
Lo que no ha cambiado mucho son los resultados. El patrón típico es aproximadamente este:
alrededor de 45% elige E + 4
alrededor de 35% elige sólo E
alrededor de 4% elige correctamente E + 7
El problema, como bien dijo Wason, es "engañosamente simple", pero también claramente iluminador.
Eliminar el error
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Pie de foto,Lo revolucionario del trabajo de Wason fue convertir antiguas intuiciones filosóficas sobre las limitaciones de la razón humana en fenómenos que podían estudiarse experimentalmente.
Aristóteles ya había estudiado las falacias del razonamiento, es decir, los errores que pueden aparecer en los argumentos lógicos.
Siglos más tarde, Francis Bacon advirtió en Novum Organum que la mente humana tiende a favorecer las ideas que ya cree verdaderas. Como escribió en 1620:
"El entendimiento humano, una vez que ha adoptado una opinión, atrae todo lo demás para apoyarla y estar de acuerdo con ella".
Bacon pensaba que las personas tendemos naturalmente a buscar confirmaciones e ignorar aquello que contradice nuestras creencias: una intuición que hoy resulta sorprendentemente cercana a lo que hoy llamamos sesgo de confirmación.
Muchos otros notaron lo mismo, pero quizá la influencia filosófica más importante sobre Wason fue Karl Popper. Este sostenía que "la ciencia no consiste en encontrar confirmaciones, sino en eliminar el error".
En su visión, la investigación científica debía centrarse en buscar pruebas decisivas que pudieran refutar una teoría, más que en acumular ejemplos que la apoyaran.
Justamente eso fue lo que fascinó a Wason: que cuando se enfrentaba a problemas simples de razonamiento, la mayoría de las personas parecía hacer espontáneamente lo contrario.
Ese contraste no era una intuición vaga: unos años antes ya había empezado a explorar esa misma idea con otro experimento igualmente sencillo y algo juguetón.
2-4-6
En el problema 2-4-6, se les decía a los participantes que había una regla oculta que generaba secuencias de tres números. Su tarea era descubrirla.
Para empezar, el experimentador daba un ejemplo:
2 – 4 – 6
Los participantes debían proponer otras secuencias de tres números para intentar deducir la regla, y el experimentador les decía si encajaba o no con la regla.
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Pie de foto,La mayoría de las personas, casi de inmediato, formaba una hipótesis, como "la regla es sumar 2", o algo parecido: "contar múltiplos", "sumar los dos primeros números para obtener el tercero".
Y a partir de ahí, empezaban a probar secuencias como:
8 – 10 – 12
3 – 6 – 9
50 – 100 – 150
Todas eran razonables. Todas encajaban. Todas "confirmaban" la idea inicial.
Pero ninguna realmente ponía a prueba la regla. Todas se movían dentro del mismo tipo de ejemplo que ya parecía válido.
Lo que casi nadie hacía era intentar algo que pudiera romper la hipótesis, como:
1 – 2 – 3
3 – 5 – 7
10 – 5 – 0
Es decir, casos que obligaran al experimentador a decir "no".
Y aquí es donde el experimento empieza a volverse revelador, pues la regla real era mucho más simple de lo que casi todos imaginaban: cualquier secuencia de números en orden ascendente.
La mayoría de los participantes tardaba mucho en descubrirla o nunca lo lograba, no porque la regla fuera difícil, sino porque el modo de buscarla estaba sesgado desde el principio: en lugar de intentar refutar sus propias hipótesis, intentaban confirmarlas.
Y eso es lo que la Tarea de selección de Wason más tarde reafirmaría.
El resultado era desconcertante. Indicaba que la mayoría de las personas fallaba de forma sistemática en este tipo de problemas abstractos.
En palabras de Wason (1968), "la tarea de selección refleja una tendencia hacia la irracionalidad en la argumentación en la medida en que los sujetos se equivocan".
Llegó incluso a sugerir que, en este tipo de situaciones, "la irracionalidad, más que la racionalidad, es la norma".
Pero luego, los psicólogos empezaron a notar algo rarísimo, y la historia se volvió aún más interesante.
Cervezas y refrescos
Durante los años 70 y 80, investigadores como Richard Griggs y James Cox estudiaron sistemáticamente algo extraño: cuando el problema se formulaba en términos cotidianos, el rendimiento mejoraba drásticamente.
El escenario era este: estás en un bar, y tu trabajo es hacer cumplir una norma.
Te muestran 4 tarjetas. Cada una representa a un cliente: en una cara aparece lo que está bebiendo, y en la otra, su edad.
Lo que puedes ver es: Cerveza, Refresco, 20, 17
La regla es: si una persona bebe alcohol, debe tener más de 18 años.
¿Qué tarjetas tendrías que voltear para comprobar si alguien está violando la norma?
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Pie de foto,La respuesta correcta es Cerveza y 17 años.
La lógica es exactamente la misma que con las letras y los números: hay que voltear la tarjeta que puede confirmar la regla (el que bebe cerveza, ¿tiene más de 18?) y la que puede falsearla (el de 17 años, ¿está bebiendo alcohol?).
El refresco no importa -la regla no dice nada sobre quién puede tomar refrescos- y los 20 años tampoco: aunque resulte que ese cliente bebe cerveza, no viola ninguna norma.
Pero aquí ocurre algo llamativo: en este escenario, la mayoría de la gente acierta sin dificultad.
El problema lógico es idéntico al de las tarjetas abstractas, pero algo en el contenido -una situación social reconocible, una norma que tiene sentido- cambia completamente la forma de razonar.
A partir de ahí, el experimento de Wason dejó de ser sólo un test lógico y se convirtió en un campo de batalla teórico.
Leda Cosmides, desde la psicología evolucionista, propuso una explicación provocadora: quizás el razonamiento humano no está diseñado para la lógica abstracta, sino para detectar tramposos en intercambios sociales.
Desde esa perspectiva, no es que fallemos en la tarea de Wason: es que somos extraordinariamente buenos en una versión distinta de ella, la que tiene consecuencias reales en un mundo social.
Otros investigadores insistieron en que la mente humana no es un sistema de lógica perfecta, sino un sistema con límites: una racionalidad suficiente, no óptima, idea que Herbert A. Simon, premio Nobel de Economía, desarrolló bajo el nombre de racionalidad acotada.
Y los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky ampliaron esta línea mostrando que nuestros juicios están guiados por atajos mentales sistemáticos, no por deducción lógica estricta.
Más allá del laboratorio
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Pie de foto,Sería difícil exagerar la influencia de la Tarea de selección de Wason.
En psicología cognitiva se convirtió en un punto de referencia: pocas tareas experimentales han generado tantos estudios, tantas réplicas y tantos debates.
Pero su impacto se extendió mucho más allá.
En filosofía de la ciencia, la tarea se volvió un ejemplo vivido de la asimetría entre confirmación y falsación que Popper había descrito en abstracto: no es que la gente no entienda la lógica, es que algo en nuestra arquitectura mental nos inclina a buscar confirmaciones.
En economía del comportamiento, el trabajo de Kahneman, Tversky y otros bebió directamente de esa misma fuente. Y en educación, el experimento se usa para enseñar pensamiento crítico.
Más recientemente, el experimento ha entrado en el campo de la inteligencia artificial.
Cuando los investigadores quieren medir si un modelo de lenguaje razona de verdad o simplemente reconoce patrones, una de las pruebas clásicas es una versión de la tarea de Wason.
Los modelos más avanzados la resuelven con facilidad en su forma abstracta -tienen acceso a toda la lógica formal que se haya escrito- pero cometen errores llamativamente similares a los humanos cuando el contenido cambia de formas sutiles o inesperadas.
La tarea sigue siendo, en cierto sentido, una radiografía del razonamiento.
Y eso quizás sea lo más duradero del trabajo de Wason: no la tarea en sí, sino la pregunta que dejó abierta.
No se trata de si los humanos somos irracionales, sino de por qué fallamos exactamente donde fallamos, y en qué condiciones dejamos de hacerlo.
La mente no es un motor lógico averiado. Es algo más extraño e interesante.
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