Después de años de reinado de Marie Kondo, se abre el debate sobre si cierto caos es saludable
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Regala esta noticia (Adobe Stock) 30/04/2026 Actualizado a las 00:43h.Hace un tiempo, tener una casa impecablemente ordenada se convirtió en tendencia, en un objetivo a alcanzar porque era un modo de lograr cierta felicidad ... y una estabilidad emocional basada en tenerlo todo en su sitio. ¿Recuerdas a Marie Kondo y sus acólitos? La 'consultora de organización' japonesa vendió cerca de 14 millones de ejemplares de su libro 'La magia del orden', que se tradujo a 40 idiomas, gracias, en buena parte, a su correspondiente serie de Netflix. Las bases eran claras, diáfanas, casi tanto como los espacios ideales en los que se convertían los hogares ajustados a sus principios. Era una adaptación doméstica del célebre principio «menos es más», del arquitecto Mies van der Rohe, materializado en armarios diezmados, descartes radicales de prendas en desuso, todo bien colocado y en un número reducido de cajas. Pero las tendencias van y vienen, son pendulares. Ahora, donde había gurús del orden hay profetas del desorden, y dicen cosas como que «menos es más aburrido» o «una casa desordenada es una casa viva».
Para el psicólogo Daniel J. Levitin, «el orden físico en el hogar reduce la sobrecarga de elecciones y permite ahorrar energía mental para cosas que realmente importan». La neurocientífica Sherrie Bourg Carter aseguraba, en la misma línea, que un entorno desordenado «fuerza al cerebro a estar siempre filtrando información, lo que termina por fatigar la atención y empeorar la concentración». En el plano emocional, algunos psicólogos hablaban de seguridad y previsibilidad: un hogar en el que sabes dónde está cada cosa, donde hay un lugar para todo, se siente más seguro y previsible, y eso disminuye la sensación de estrés crónico.
Pero había realidades cotidianas que se estrellaban contra todos estos argumentos. Por ejemplo, la idea de Kondo de que no era necesario tener más de 30 libros en casa provocaba vahídos en los bibliófilos. Y el descarte de objetos superfluos y supuestamente inútiles desestabilizaba a cualquier coleccionista. ¿Y qué pasa con los recuerdos de viajes? ¿O las fotos familiares repartidas por la casa? ¿Y el despliegue de juguetes en los hogares con niños? ¿Cómo pueden estar de sobra cosas así? De ahí llegó la reacción: la moda 'cluttercore', que consiste básicamente en tener tu casa un poco manga por hombro. Es la defensa de un cierto caos que también parece traer la paz mental, según la correspondiente línea de expertos, porque transmite que vivimos en un espacio orgánico, vivo, que es nuestro reflejo. Ese desorden es 'nuestro' desorden particular.
El escritorio de Einstein
En la sección de Opinión de 'The New York Times', la conocida terapeuta KC Davis escribió un artículo cuyo título lo resumía todo: «Mi casa está desordenada y no me siento mal por ello». Davis explicaba que lleva «años predicando el 'evangelio' de que ser desordenado no es un fallo moral». No todos estamos destinados a ser ordenados, ni a todos nos genera alegría ver cada objeto en su sitio. «Por más que nos esforcemos, nunca convertiremos nuestro armario en el de Marie Kondo, porque nuestro escritorio es el de Albert Einstein», afirmaba.
Así que vuelta a la casilla de salida. ¿En qué quedamos? Desde la neurociencia, y aunque no abunden las investigaciones sobre la cuestión, «algunos estudios muestran que el desorden doméstico induce mayores niveles de estrés», explica la neurocientífica Amanda Sierra. La explicación podría ser que «el cerebro funciona como un predictor de patrones, tanto en el tiempo como en el espacio. Así es como aprendemos a hablar, a comportarnos en sociedad y a detectar alteraciones de estos patrones que para nuestros ancestros podrían suponer un peligro», añade Sierra, profesora de investigación Ikerbasque en el centro vasco de Neurociencias Achucarro. «Se han hecho algunos estudios en macacos y en personas sobre cómo el cerebro procesa el desorden. En un ambiente caótico, el cerebro tiene que hacer un mayor esfuerzo por establecer prioridades y descartar la información visual que es irrelevante, lo que hace que el cerebro funcione de manera menos eficiente en el procesamiento de la información visual». Esto podría afectar al procesamiento cognitivo o la toma de decisiones, pero lo cierto es que no hay una evidencia científica sólida sobre ello.
Por su parte, el psicólogo clínico Vicente Prieto considera que ni orden ni desorden son inherentemente buenos o malos: «Son hábitos o estilos de vida que dependen del carácter, personalidad y educación de cada persona. La idea es que no tienen por qué limitar el día a día ni generan malestar». Todo depende del carácter de cada persona. Depende de cómo seamos, «un orden rígido puede ser ansiógeno, y un desorden caótico puede fatigar, pero ambos son tolerables si no interfieren en nuestra rutina». Hay personas que tienen «una cabeza con orientación a colocar las cosas en su sitio y hay otras personas que son mucho más flexibles en eso. Pero lo más importante desde el punto de vista psicológico –subraya Prieto– es que mientras que la persona esté a gusto y no le genere ninguna limitación, no hay ningún problema».
Hay líneas rojas, pero no están trazadas entre el orden y el desorden, sino que se dibujan en los extremos de ambos: «El exceso de orden puede llevar a la obsesión, a una psicopatología, y el desorden extremo genera ineficiencia o limitaciones diarias». Y además, «si vivimos en pareja o en familia, hay que tener en cuenta siempre que debe haber flexibilidad y acuerdo en la convivencia sobre la forma en la que todos en un hogar entienden esta cuestión», concluye Prieto.
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