- SILVIA IRANZO
El orden basado en reglas creado tras la Segunda Guerra Mundial está en una crisis profunda
Empezando por lo mejor que nos ha deparado 2025 en el escenario geopolítico, cabe mencionar en primer lugar el que la guerra comercial de Trump no haya llevado a una grave recesión económica mundial y un aumento de la inflación. Las razones principales para ello son la anticipación de importaciones en Estados Unidos con aranceles todavía bajos; la no adopción de represalias comerciales por parte de sus socios comerciales en respuesta a la agresión arancelaria; y la absorción en los balances de las empresas importadoras de buena parte del incremento de los aranceles, a costa de los beneficios. El boom de la inteligencia artificial también ha contribuido a la contención de la inflación y ha más que compensado el menor crecimiento del PIB mundial por los aranceles (según el FMI, +0,8 puntos porcentuales de crecimiento del PIB por la IA y -0,5 puntos por los aranceles y la incertidumbre comercial).
El segundo elemento favorable del año es que el deseo de Trump de obtener el premio Nobel de la Paz le ha llevado a esforzarse por lograr el final de los actuales conflictos bélicos del planeta. El pasado 10 de octubre se firmó un plan de paz para el conflicto de Gaza gracias a sus presiones a Netanyahu, con la mediación de Egipto y Qatar y la colaboración de Turquía. Está por ver que pueda acordarse la segunda fase del plan de paz por el rechazo de Hamás a un desarme completo. En cuanto a la guerra entre Rusia y Ucrania, Trump está mediando entre ambos para lograr un acuerdo de paz. La principal resistencia está en la parte rusa, que tiene poco que perder y mucho que ganar prolongando la guerra en estos momentos. En el conflicto entre Camboya y Tailandia, Trump habría ayudado a lograr tanto el primer alto el fuego como el segundo. Está por ver si este será definitivo. En el conflicto de Sudán, intenta negociar un alto el fuego con la ayuda de Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos.
Por último, cabe mencionar determinados avances tecnológicos que permiten augurar mejoras futuras en la producción de energía y la transición energética. El avance probablemente más importante es el registrado en la energía de fusión, sector en el que se han invertido 10.000 millones de dólares en Estados Unidos. Los avances en el ITER europeo, el experimento de fusión más grande del mundo, han conducido por primera vez a una visión optimista sobre esta fuente energética, que podría ser la energía del futuro, por su abundancia, su precio bajo y su carácter sostenible. También hay que mencionar los avances en la tecnología de reactores nucleares modulares, los Small Modular Reactors, que permitirán, por ejemplo, el suministro de energía barata a los data center.
La victoria de China
En cuanto a los elementos negativos del escenario geopolítico mundial en 2025, habría que destacar, en primer lugar, el incremento de la dependencia mundial de China, en paralelo a su ascenso imparable en el escenario económico, tecnológico y militar. Pekín ha sido la vencedora de la guerra comercial iniciada por Trump en abril, y se ha revelado como un contendiente formidable, sobre todo en semiconductores e IA, en la guerra tecnológica librada por Estados Unidos contra China desde hace algunos años. Pekín ha ganado la guerra comercial de Trump al obligarle a dar marcha atrás en sus elevadísimos aranceles "recíprocos" al país estableciendo restricciones a la venta a Estados Unidos de tierras raras y minerales críticos chinos, de los que China produce y/o refina entre el 60% y el 90% mundial, y que son imprescindibles para el desarrollo de la transición energética, las tecnologías digitales, y los bienes de la defensa. La dependencia mundial de China en estos productos constituye un riesgo geopolítico significativo, al poder ser utilizada como arma para el avance de los intereses chinos que, como sabemos, no pasan por la defensa de los valores democráticos, las libertades individuales o los derechos humanos.
En segundo lugar, cabe mencionar el riesgo de agresión militar a Europa por parte de Rusia, aflorado con toda su crudeza por la violación del espacio aéreo europeo por aeronaves rusas. La pérdida de peso político, económico y militar de la Unión Europea ha seguido avanzando a lo largo de 2025. Pero es la decadencia europea en el campo militar la que plantea actualmente mayores riesgos, sobre todo porque ya no puede contar con el apoyo incondicional de Estados Unidos en el marco del artículo V del Tratado de la OTAN. Las capacidades defensivas de Europa son escasas y obsoletas, están fragmentadas, y no son interoperables. La práctica imposibilidad de que los países de la UE alcancen la unanimidad necesaria para lograr acuerdos en materia de defensa, junto a las restricciones presupuestarias de la mayoría de los Veintisiete, dificultan extraordinariamente el rearme europeo. Además, estos países invertirán preferentemente en sus industrias nacionales, profundizando la fragmentación y la insuficiencia de escala de los proyectos europeos de defensa. Es, por lo tanto, crítico que los países de la Unión Europea, junto a Reino Unido y otros países del continente, dejen de lado sus intereses nacionales para conformar una defensa común eficaz.
Tercero, los riesgos de ciberataques se han multiplicado en 2025, debido a la aparición de la IA y al hecho de que estos ataques ya formen parte del catálogo de agresiones que emplean determinados países para desestabilizar política y económicamente a Occidente (guerra híbrida). Los ciberataques han aumentado un 47% a nivel mundial en el primer trimestre de 2025 respecto al mismo periodo del año anterior. En 2025 se produjeron unos 2.200 ciberataques diarios en el mundo. Hoy son más dañinos, de mayor alcance y más sofisticados que en el pasado, y pueden paralizar a un país cuando apuntan a infraestructuras críticas. Es necesario que gobiernos y empresas realicen mayores inversiones en ciberseguridad.
En cuarto y último lugar, el sistema de gobernanza global se ha visto sometido a diversos ataques en 2025, hasta el punto de que cabe afirmar que el orden global basado en reglas creado tras la Segunda Guerra Mundial está sumido en una crisis profunda. El exponente más claro de esa crisis es la Organización Mundial del Comercio (OMC), que ya se resentía de la inoperancia práctica de su Mecanismo de Solución de Disputas por la negativa de Estados Unidos a votar el nombramiento de jueces del órgano de apelación, que sustituyeran a aquellos cuyo mandato había expirado. La guerra comercial iniciada por Trump el pasado 2 de abril (Liberation Day) supuso en la práctica la muerte de la OMC y su principal pilar de funcionamiento, la cláusula de la nación más favorecida, que ni siquiera ha sido respetada por la Unión Europea a la hora de firmar el acuerdo comercial marco de Turnberry con Estados Unidos.
La crisis de la gobernanza mundial no se limita a la OMC. Al igual que hizo durante su primer mandato presidencial, Trump a comienzos de este año sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, la Organización Mundial de la Salud, la Unesco y el Consejo de la ONU de Derechos Humanos. Además, acumula retrasos en los pagos de sus contribuciones a la ONU por unos 1.500 millones de dólares. La ausencia en las organizaciones internacionales de un país como Estados Unidos, primera economía mundial, reduce la legitimidad de las decisiones de estos organismos y merma sus recursos monetarios, lo que puede dificultar la fidelización de sus restantes miembros.
De los aspectos negativos citados, el más inquietante a futuro es la crisis de la gobernanza mundial, pues solo ésta permite afrontar los problemas globales con soluciones colectivas, única manera eficaz de hacerlo. Los países miembros de las organizaciones internacionales deben seguir participando activamente en las mismas. El peor error sería pensar que el mandato de Trump es pasajero, dejando de defender el multilateralismo mientras no sea elegido un presidente estadounidense más favorable a la gobernanza global. Sobre todo, porque entretanto alguna potencia de corte absolutista podría intentar ocupar el vacío dejado por Estados Unidos. En todo caso, una gobernanza mundial defectuosa dificulta sobremanera abordar la solución a problemas globales como las guerras mundiales, las pandemias, el terrorismo, o los ciberataques, entre muchos otros.
Doctora en Economía y Empresa
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